Columna
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Historia de la tercera persona

Hubo un tiempo para escribir esto sin ser un hombre blanco de apellido con muchas consonantes

Una mujer escribe en un espacio de trabajo.
Una mujer escribe en un espacio de trabajo.MATJAZ SLANIC (Getty Images)

Hubo un tiempo en el que a las cosas que están adentro de los libros se les empezó a llamar literatura. Hubo un tiempo en el que a la palabra Literatura se le puso una L mayúscula. Hubo un tiempo en el que los géneros literarios eran estanterías y si esto no cabía aquí ni acá entonces no era Literatura. Hubo un tiempo en el que los escritores escribían aislados. Hubo tiempo para construir las torres para que los escritores escribieran aislados las cosas que están adentro de los libros. Hubo un tiempo en el que gente correteaba gansos para que los escritores escribieran con plumas de ganso. Hubo un tiempo en el que las historias tenían un inicio, un clímax y un final. Hubo un tiempo en el que los finales eran felices o tristes. Hubo un tiempo para inventar los pañuelos de tela para los finales tristes. Hubo un tiempo en el que se inventó la tercera persona, como la que está adentro de la Biblia. Hubo un tiempo para bautizar a la tercera persona omnisciente. Hubo tiempo para celebrar, para echar el bolo en el bautizo, para tomar las fotos con los invitados todos ellos hombres blancos. Hubo un tiempo en el que la tercera persona omnisciente bebé se dio cuenta de que lo controlaba todo, lo que decían los personajes y a qué horas lo decían. Hubo un día en el que la tercera persona omnisciente creció y se dio cuenta de que también podía decidir qué soñaban los personajes y les dio miedos y luego les dio peores miedos y peores pesadillas y así se reía, pero también hubo un día en el que la tercera persona omnisciente adulta se dio cuenta de que había alguien que la controlaba porque tenía todo en un mapa y en post-its de colores en la pared y eso no le dio risa. Hubo un tiempo triste en el que la tercera persona omnisciente se dio cuenta de que lo sabía todo pero no tenía cuerpo para llorar y eso fue muy triste. Hubo un tiempo oscuro en el que la tercera persona omnisciente se dio cuenta de que no podía ver más allá del libro empastado con pieles de animales porque los escritores blancos dominaban las historias como a los animales. Hubo un tiempo para poner letras doradas en los títulos de los libros porque ese es el color del oro y del poder. Hubo un tiempo para ponerles letras doradas a los libros escritos por hombres blancos con apellidos con muchas consonantes. Hubo un tiempo para que la gente ordenara los apellidos de los hombres blancos con muchas consonantes en las bibliotecas. Hubo un tiempo para sacarles fotos a los bibliotecarios para hacer sus credenciales y hubo un tiempo para plastificarlas y ponerles cordones. Hubo un tiempo feliz en el que la tercera persona omnisciente se dio cuenta de que también podía estar en otras partes, como en los periódicos y pronto se dio cuenta de que también podía salir en la televisión y ahí de cómo se veía muy bien. Pero también hubo un tiempo en el que una mujer hizo un poema, y luego otro y luego otro, y hubo un tiempo en el que esa poeta bailó el meneíto después de escribir un poema en Lesbos. También hubo un tiempo para darse cuenta de que la primera novela con una flamante tercera persona no la escribió un hombre de cuyo nombre no quiero acordarme sino una mujer. Hubo un tiempo en el que a esa escritora japonesa niña se le cayó su primer diente y hubo un tiempo en el que a esa escritora japonesa joven se le ocurrió escribir la primera novela. También hubo un tiempo en el que la silueta de una monja fue el primer mapa de América Latina y hubo un tiempo en el que las niñas que compraban mapas de América Latina no sabían que esa era la silueta de una monja. Y hubo un tiempo para nacer. Hubo un tiempo para aprender a hablar español, hubo un tiempo para decir gromas en vez de bromas y pantunflas en vez de pantuflas y hubo un tiempo para aprender a hablar en efe en tercero de primaria. Hubo un tiempo adolescente para escuchar varias veces la misma canción de Enrique Iglesias y hubo un día para descubrir que al lado del estéreo había libros que tenían adentro cosas y al lado había un periódico del día anterior que tenía un suplemento cultural. Y hubo un tiempo para descubrir las cosas que están adentro de los libros escritas por hombres blancos con apellidos con muchas consonantes y descubrir los periódicos con columnas escritas por hombres también. Hubo un tiempo para imitar un poema malo como si fuera bueno y hubo un tiempo para pensar que todos los libros eran muy buenos porque eran libros. Hubo un tiempo de no creer que se podía hacer las cosas que están adentro de los libros ni tampoco se podían hacer las cosas que están en los periódicos. Hubo un tiempo para desvelarse hablando con alguien al otro lado del teléfono sobre eso. Hubo un tiempo de inseguridad. Hubo un tiempo de ir en la carretera y que sonara una canción Enrique Iglesias y hubo tiempo para decir esa canción es buenísima: súbele. Hubo un tiempo de no creer que se podía escribir las cosas que están adentro de los libros o de los periódicos porque no se es un hombre blanco. Hubo un tiempo para guardar en secreto los cuadernos porque no se escribe historias con inicios, clímax y finales tristes o felices, historias contadas por una voz en tercera persona omnisciente. Hubo un tiempo para guardarse las historias en primera persona. Hubo un tiempo para publicar algo en una revista de fotocopias engrapadas. Hubo un tiempo para emborracharse con Caribe Cooler y caguamas en un estacionamiento. Hubo un tiempo para escribir cosas impublicables y tener la tranquilidad de que todo eso nunca iba a salir. Hubo tiempo para salir por más caguamas. Hubo un tiempo para más inseguridades. Hubo un tiempo para comer un brownie de marihuana y pensar que ese era un final triste y hubo un tiempo para tomar una Coca Cola feliz y regresar al mundo. Hubo un tiempo para estudiar las cosas que están adentro de los libros y hubo un tiempo para leer los suplementos culturales de pe a pa los sábados por la mañana. Hubo un tiempo para llegar tarde a una clase con el pelo mojado y el corazón roto. Hubo un tiempo de escribir sobre eso sin decirle a nadie. Hubo un tiempo para escribir otras cosas y decirle a una amiga estoy escribiendo algo. Hubo un tiempo para escribir más cosas impublicables. Hubo un tiempo para escribir algo que está adentro de un libro sin pensar que eso era posible porque no está en tercera persona, no tiene inicio, clímax ni final triste o feliz. Hubo un tiempo de no creer que siendo mujer se podía escribir algo que está adentro de un libro y que no sea una voz en tercera persona omnisciente que lo sabe todo ni sea una historia con inicio, clímax y un final triste o feliz. Y también hubo un tiempo para escribir esto sin ser un hombre blanco de apellido con muchas consonantes y que ahora está ahora adentro del mismo periódico que estaba al lado del estéreo adolescente.

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