ESTAR SIN ESTAR
Columna
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Filas y filias

Perfectas filitas de personajes que son personas, muchos de ellos murmuran en silencio los nombres de todos los desaparecidos y enfermos, las muertas y los perdidos que también se fueron formando en fila

Ilustración de Jorge F. Hernández.
Ilustración de Jorge F. Hernández.

Se forman en filas que a veces conducen al párrafo o a una misteriosa puerta a la Nada con mayúscula. Son personajes pendientes que se alinean en cuadernos y libretas, diminutos o al menos, parecen microscópicos aunque detallados: está la Gordi entrañable de camisión, el Encuerado de siempre, un militar retirado y el vendedor de licuadoras; está el ranchero que va detrás de un deportista y la modelo celebrada en revistas de relojes, el niño insolente y la dama de guantes, el médico en vías de consulta y el arquitecto desempleado. Los he pintado en papel y tela desde hace años y a menudo recurro al intento de nombrarlos, asignarles un zodiaco y por lo menos filiación para que las filas reflejen filias y nutran futuros cuentos cortos o cuentínimos o relatos que pueden insertarse en posibles novelas.

En los pasados meses han empezado a tomar distancias (en centímetros o cuadrículas de libretas al azar) y se escucha cuando se queja algún paracaidista del panadero que no puede evitar tocarle la espalda o la secretaria distraída que va limándose las uñas y llega a rozar el brazo del banquero que va leyendo su diario. Se percibe un generalizado afán por respetar el uso de cubrebocas, mascarilla, barbijo en clara vena de evitar contagios o recibir estornudos o diminutas partículas del virus que también ha ido tosiendo entre dibujitos aleatorios que son vehículos para relatos y así, narrar la gran historia que los envuelve.

Bien visto, son metáfora de lo que se ve en la nueva normalidad que no es otra cosa que la realidad aumentada donde el video y su soundtrack conforman una lenta sucesión de incertidumbres e incógnitas, representadas en la larga fila donde nos formamos todos para llegar a la puerta invisible de quién sabe que umbral o bien al párrafo donde nos hemos de editar a nosotros mismos de todas las erratas que estorben el paso y aligerar la página de cada día con lo que cada quien tiene que decir al prójimo o próximo en esta levitación colectiva que se forma en perfectas filitas de personajes que son personas, muchos de ellos murmurando en silencio los nombres de todos los desaparecidos y enfermos, las muertas y los perdidos que también se fueron formando en fila, uno tras otro hasta sumar más de 50.000 con nombres y apellidos, allende el posible contagio para confirmar o recordarnos a todos la nómina infinita de todas las vidas.

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