Revocación de mandato
Columna
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¿Quién pagará la victoria de mi presidente?

Que siga mi presidente, dijeron las urnas. Que sigan los ataques al INE, a la prensa, a la oposición, a los ministros de la Corte que no se pandean, a los del Tribunal Electoral que ya se puso las pilas

El presidente López Obrador acude a votar este domingo junto a su esposa, Beatriz Gutiérrez.
El presidente López Obrador acude a votar este domingo junto a su esposa, Beatriz Gutiérrez.MEXICO PRESIDENCY (via REUTERS)

Qué emoción, este domingo hubo consulta para revocación de mandato, ¿quién habrá ganado? Este poco original homenaje a Ibargüengoitia es obligado casi 50 años después. Escribo este texto sin conocer el resultado de la votación, pero al redactarlo ya sé, como todo México también, quién ganará en las papeletas. E incluso puedo aventurarme a prefigurar quién perderá.

Así que la mañana de este lunes muy atentas todas y todos. Porque quien ya sabemos que ganó incluso cuando están cerrando las casillas podría decirnos muy temprano en el arranque de la semana ―¿o se aventará un videíto nocturno?― quién perdió. O quiénes, porque el presidente es generoso al repartir derrotas de sus oponentes.

¿A quién le va a cobrar López Obrador esta nueva victoria? En el mundo enrevesado en que vivimos, donde ―como dicen en Tabasco― lo bonito es lo feo que todo se puede poner, de qué humor andará mi presidente. ¿Feliz porque votaron los adultos mayores, o enojado porque el INE no es como Jesús, el de Judea no el de la propaganda, y fue incapaz de multiplicar los dineros para poner todas las casillas con apenas el presupuesto de la tercera parte de ellas?

Quien crea que mi presidente andará feliz-feliz-feliz por la goliza que sus votantes le van a poner a la oposición que prefirió perder por default pues en una de esas se lleva una nueva sorpresa. Mi presidente se pinta solo para hacer de cada victoria un ejercicio de expiación en las mulas de los otros compadres. Sí, seguro dirá que amor con amor se paga y que gracias mil los quiero, nunca cambien a quienes se subieron a la pesera del acarreo, pero, pero, que diga eso no quita que vaya a dejar de buscar quién le pague la fiesta de la democracia de este Domingo de Ramos.

Porque su nueva elección ― porque eso fue lo que fue: a mi presidente le encanta ver su nombre en la boleta— querrá celebrarla con más de lo mismo, con más decretos sacados de la manga y leyes sin que les muevan una coma sustantiva, y con más todos los actores políticos pierden menos yo. Y es que este lunes comienza el segundo periodo de mi presidente López Obrador en el Gobierno. Hasta el 2018 los sexenios solían tener una mitad definida, ese ecuador más que cronológico era político: la elección intermedia de diputados federales, que encima tomaban posesión a las pocas semanas, partía el tiempo sexenal. Pero ese es el pasado. Porque AMLO se inventó una consulta para darse un booster shot, un refuerzo que también es relanzamiento de su presidencia. Así que agárrense, porque ya llegó, ya está aquí, mi presidente recargado con millones de votos fresquecitos.

Que siga mi presidente, dijeron las urnas. Que siga, o sea luz verde, o sea cambio nanai, o sea para atrás ni para tomar impulso, que sigan los ataques al INE, a la prensa, a la oposición, a los ministros de la Corte que no se pandean, a los del Tribunal Electoral que ya se puso las pilas, bueno, hasta a Monreal para que se entretenga. Y más que siga, que acelere mi presidente le dijeron los suyos. ¿Quién necesita inversionistas extranjeros y nacionales cuando tiene a su lado a Bartlett?

Siga derecho y no se aflija mi presidente si los gringos se llevan sus dólares nomás porque no saben interpretar que cuando usted se queda callado en una reunión formal, es porque por dentro está diciendo mangos qué, a poco les voy a hacer caso en lo ambiental a estos güeros. Que siga mi presidente tumbando selva y que siga metiendo a los uniformados en todas partes y tareas, al cabo que estaban ahí en los cuarteles de ociosos y ahora ya hasta empresas tienen. Así se reactiva la economía, sí señor.

Y a todas estas, ¿cómo quién iba a querer que perdiera en la revocación mi presidente? Los empresarios que hacen genuflexión cada que les habla, no. La oposición que ni suda ni se acongoja, tampoco. Los grandes carteles, menos. Nombre, si pensándolo bien igual y lo lógico sería que ganara por 99.999% contra .001% de votos de mi general Zapata.

Qué emoción. Una nueva elección y de nuevo mi presidente la va a ganar. Igual a la del 2006, que le robaron, la del 2012, que también le robaron, y la del 2018, que no le pudieron robar. Apunten en la historia que el héroe de Macuspana ganó 4 de 4, caray, con ese récord de victorias si hubiera sido pelotero hasta millonario sería, pero no, prefirió luchar por nosotros para fortuna de México.

A ver si ya le van preparando un sorteo de la Lotería con su apelativo a mi presidente, digo, para que cuando extrañe las elecciones pues al menos que se conforme viendo su nombre en los cachitos. Y en lo que ese momento llega, el mal tiempo de extrañarlo en la boleta, que nadie se despegue de su asiento, porque si alguien por un segundo llega a creer que el show de la ratificación ya acabó, pobre, no conoce a mi presidente. Al ratito, precisamente porque ganó, puede ponerse a la labor de cobrarle a muchos. Y eso no es nada emocionante.

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