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EL PAÍS
Un hombre sostenía el 19 de agosto un libro del autor Salman Rushdie, durante una concentración en defensa de la libertad de expresión en la Biblioteca Pública de Nueva York.
Columna

Sin ofender

Los creyentes tienen todo el derecho del mundo a serlo, pero el único modo de que puedan integrarse en un orden democrático es que toleren el derecho de los demás a burlarnos de los mundos de fantasía en los que viven

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