Una mañana, al alisar las sábanas, advirtió que el espacio de su mujer permanecía impoluto.
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Expiró

El viudo se acostó en el lado de ella, pero cuando abrió los ojos, al amanecer, se hallaba de nuevo en el territorio habitual, como si alguien lo hubiera empujado suavemente al sitio que le correspondía

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