Columna
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Los militares gringos y la lucha contra el narcotráfico

Iván Duque está empeñado en profundizar la vieja y fracasada estrategia contra las drogas

El presidente de Colombia, Iván Duque, en una visita a Washington a comienzos de marzo.
El presidente de Colombia, Iván Duque, en una visita a Washington a comienzos de marzo.MICHAEL REYNOLDS (EFE)

La embajada de los Estados Unidos en Colombia informó, hace unos días, de la llegada de una brigada de las fuerzas SFAB o Brigada de Asistencia a Fuerzas de Seguridad del Comando Sur de Estados Unidos. Como era de esperarse el debate se armó de inmediato. Por un lado, varios congresistas colombianos manifestaron que la presencia o tránsito de militares extranjeros debía ser aprobada por el Congreso según la constitución nacional y no era potestad del ministro de Defensa o el presidente autorizar dicho tránsito.

Además, muchos políticos y analistas se atrevieron a decir que el verdadero objetivo de la llegada de estos militares era derrocar a Nicolás Maduro y meter a Colombia en una aventura muy peligrosa. No era para menos, pues hace unos pocos días quedó revelado el plan de la operación Gedeón que fue organizada entre Miami y Bogotá, compuesta por mercenarios norteamericanos y exmilitares venezolanos con el fin de derrocar a Maduro. Al final, la operación cantinflesca fue un fiasco, pero las versiones que surgieron horas después preocuparon en Colombia. Bases de mercenarios, supuestos contactos con dirigentes del partido de Gobierno –el Centro Democrático– y toda una planeación desde Bogotá, llevan a pensar a muchos que hay un juego en materia de seguridad que no está sobre la mesa.

En todo caso, luego del anuncio de la llegada de la brigada salió el ministro de Defensa colombiano a decir que era una fuerza de apoyo, acompañamiento y asesoría en materia de lucha contra el narcotráfico. Suponiendo que esto fuera así, todo indicaría que esta fuerza no va a causar ningún desequilibrio en la lucha contra las drogas. Según el Departamento de Estado de los Estados Unidos, actualmente, Colombia registra el mayor número de hectáreas de hoja de coca cultivas en toda la historia del país: la cifra llegó a 212 mil hectáreas en 2019. Además, fue el primer año de la administración de Iván Duque. No debe olvidarse que este Gobierno ganó la presidencia, entre otras cosas, diciendo que en el periodo de Santos había “mano blanda” contra el narcotráfico y que en general todo era culpa del proceso de paz. Afirmaban que cuando ellos llegaran rápidamente iban a controlar el fenómeno. Sin embargo, los cultivos crecieron.

Las hectáreas sembradas crecieron por una dinámica propia del mercado, con un dólar cada vez más caro, por lo que los campesinos que siembran reciben más dinero por el gramo de pasta base. Crecieron porque la demanda internacional nunca se contrajo y, sobre todo, por la ampliación del mercado de la cocaína. Así las cosas, a pesar de los esfuerzos en erradicación la cifra no cayó. El mercado de la droga funciona como cualquier otro, bajo la ley de la oferta y la demanda.

De hecho, si lo que se quiere es combatir esta cadena ilegal, se deberían hacer esfuerzos grandes en identificar las redes de lavado de activos, las rutas de droga que salen por aeropuertos y puertos marítimos legales, es decir, atacar la parte de la cadena donde se forma mayor riqueza. Pero traer brigadas para combatir decenas de miles de familias cocaleras empobrecidas dispersas por gran parte del país no parece ser una buena estrategia. Se ha intentado por décadas y el resultado, hoy, es la cifra más alta de cultivos.

De tal forma que aún pensado que esta brigada tiene como único objetivo el combate del narcotráfico, la dinámica internacional, al menos por los próximos meses, indica que el mercado no se va a contraer. Parece una estrategia ridícula y poco efectiva. Por otro lado, lo que también parece claro es que el Gobierno de Iván Duque esta empeñado en profundizar la vieja y fracasada estrategia de lucha contra las drogas y guarda la esperanza de que esta vez funcione.

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