Columna
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En picada

El mapa político está agitado en Colombia: para las elecciones presidenciales de 2022 nada está dicho aún, cualquier cosa puede pasar

El presidente de Colombia, Iván Duque, durante una entrevista en junio pasado.
El presidente de Colombia, Iván Duque, durante una entrevista en junio pasado.LUISA GONZALEZ (Reuters)

Debido a que la agenda electoral se metió en la opinión pública, aunque falten más de 18 meses para las elecciones, y, también, producto de la detención domiciliaria al expresidente Álvaro Uribe, las encuestadoras han comenzado a realizar un seguimiento constante a la percepción de los ciudadanos y sus preferencias electorales. La encuestadora Invamer, dio a conocer, hace pocos días, la última medición. En ella, cinco datos llaman la atención.

Por un lado, a la pregunta de sí cree que las cosas en Colombia están mejorando o empeorando, para agosto de 2020, el 69% dijo que las cosas estaban empeorando y el 20% que estaban mejorando. En junio, el resultado había sido del 79% empeorando y un 11% mejorando. Es decir, los números mejoraron en un 10%. Todo parece indicar que el fin del confinamiento y la estrategia para abrir la economía han impulsado el optimismo. Sin embargo, mientras esto sucede, como segundo dato, se puede decir que la imagen positiva del presidente sigue en descenso: el 55% desaprueba su gestión y el 38% la aprueba. En abril, la aprobación fue del 52%, en junio cayó al 41% y ahora al 38%. Su desaprobación fue 39% en abril, del 52% en junio y ahora subió al 55%. El efecto pandemia y relevancia del poder ejecutivo que en Colombia y en el mundo tiró hacia arriba a los presidentes, se acabó. Desde hace algunos meses Iván Duque no ha hecho más que caer. A este ritmo, a finales de año, estará en los niveles de febrero, cuando alcanzó sus peores números.

Como tercer dato se encuentra la imagen del expresidente Álvaro Uribe, quien para agosto logró una imagen de desfavorabilidad del 53% y de favorabilidad del 35%. En junio, la desfavorabilidad había sido de 59% y la favorabilidad del 30%, es decir, hay una mejoría importante. Todo parece indicar que, esta mejoría, se debe a la orden de detención domiciliaria que dieron las autoridades judiciales hace algunas semanas. Situación que llevó a que algunos uribistas desencantados volvieran al redil del uribismo. Sin embargo, muy lejos del 80% de favorabilidad que tenía hace varios años, es una figura desgastada y que para los votantes más jóvenes no representa mucho. Su ocaso es incuestionable.

El cuarto dato se refiere a la aprobación de los diferentes alcaldes de las principales ciudades del país. Por un lado, la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, tiene un 70% de aprobación y un 25% de desaprobación en su gestión. Viene cayendo desde el mes de junio, pero es todo un logro pasar el primer pico de la pandemia con dicha favorabilidad. Por su parte, Daniel Quintero, alcalde de Medellín, también cayó, pero mantiene un 71% de aprobación contra un 25% de desaprobación. Cali, por el contrario, mejoró y quedó con un 66% de aprobación y una desaprobación del 28%.

Un quinto dato tiene que ver con las principales figuras políticas de cara a las elecciones de 2022. Uno de los mejores ranqueados es Sergio Fajardo, con una imagen favorable del 43% y desfavorable del 23%, es decir números en verdes. Gustavo Petro, por su lado tiene el 49% de desfavorabilidad y una favorabilidad del 34%, es decir números en rojos. Por su parte, Federico Gutiérrez, uno de los alfiles de la extrema derecha y quien se disputa la favorabilidad del uribismo tuvo un retroceso: quedó con una favorabilidad del 29% y una desfavorabilidad del 12%. Alex Char, el otro candidato de la derecha, sigue retrocediendo, quedó con 20% de favorabilidad y un 33% de desfavorabilidad. Todo parece indicar que para el heredero de la casa Char el costo de que su hermano fuera presidente del senado en medio de varios escándalos les salió caro.

El mapa político está agitado: para las elecciones de 2022 nada está dicho aún, cualquier cosa puede pasar. También, todo indica que al presidente Duque le esperan dos años tortuosos, y que los alcaldes y gobernadores si bien salen bien librados la crisis económica les puede sepultar sus carreras políticas.

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