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La Navidad macabra de los siameses

Además de utilizar la mentira como activo político, la principal afinidad entre Donald Trump y Jair Bolsonaro es algo que debe estudiarse mejor: el deseo de matar

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, en el Palacio de Panalto.
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, en el Palacio de Panalto.ADRIANO MACHADO (Reuters)

Además de utilizar la mentira como activo político, la principal afinidad entre Donald Trump y Jair Bolsonaro es algo que debe estudiarse mejor: el deseo de matar. Trump ofrece a sus votantes un festival de ejecuciones. Bolsonaro ha decidido regalar a sus seguidores la exención de impuestos en la importación de revólveres y pistolas. Ambos reparten sus fechorías navideñas después de que su negligencia deliberada convirtiera a Estados Unidos y a Brasil en los dos países con el mayor número absoluto de muertes por la covid-19.

Desde julio hasta su salida de la Casa Blanca, el 20 de enero, Trump pretende ejecutar a 13 personas. Desde 1896, el número de ejecuciones federales en un año no alcanzaba los dos dígitos. Al realizar el macabro ritual durante la pandemia, también arriesga la vida de otros. En una de las ejecuciones, ocho de los 40 involucrados se contagiaron de la covid-19. La incapacidad de detener a un presidente sospechoso de ser un sociópata demuestra lo frágil que es la democracia de EE UU. Trump lo hace porque puede. ¿Y cómo es posible que pueda?

En Brasil, la pena de muerte no está permitida. Pero el presidente ha encontrado otras formas de matar. Desde que asumió el cargo, ha firmado más de 20 actos que amplían enormemente el acceso a las armas. Llegó a eliminar medidas para que el Ejército mejorara la identificación y el rastreo de munición y productos controlados, como explosivos. Este mes, cuando Brasil ya ha superado las 180.000 muertes por la covid-19 sin siquiera planificar la vacunación, Bolsonaro ha decidido, una vez más, estimular que la población se arme.

La exención de impuestos en la importación de armas ha sido suspendida temporalmente por un magistrado del Supremo Tribunal Federal. Sin embargo, la maltrecha democracia brasileña ha demostrado que en la mayoría de los casos es incapaz de detener a un presidente sospechoso de ser un sociópata. Bolsonaro lo hace porque puede. ¿Y cómo es posible que pueda?

Los seres humanos ejecutados por las máquinas de matar de Trump y Bolsonaro no son genéricos. Tienen color. Según un informe del Centro de Información sobre la Pena de Muerte, 296 negros han sido ejecutados en EE UU desde 1976 acusados de matar a blancos y solo 21 blancos han sido ejecutados por matar a negros. En Brasil, siete de cada 10 jóvenes asesinados son negros. La letalidad policial está aumentando de forma asombrosa. Según el Foro Brasileño de Seguridad Pública, solo en el Estado de Río de Janeiro la policía asesinó a 99 niños y adolescentes entre enero y junio. No se puede salvar la democracia en EE UU y Brasil sin tratar a Trump y a Bolsonaro como lo que son: racistas que deben responder de cientos de miles de muertes.

Traducción de Meritxell Almarza.





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