Columna
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El desastre de la gestión

La ausencia de vacunas no hace más que profundizar la crisis y demorar la recuperación económica

Personal médico hace pruebas de la covid-19, en Bogotá.
Personal médico hace pruebas de la covid-19, en Bogotá.Mauricio Duenas Castañeda (EFE)

Un verdadero desastre: Más de 51.000 muertos por la covid-19, dos millones de contagiados, un sistema sanitario a punto de colapsar en varias ciudades y no hay, hasta el momento, fecha exacta de la llegada de las vacunas. Lo que sí hay es mucha información parcial y contradictoria. En esto se resume la gestión de la pandemia que ha realizado el Gobierno de Iván Duque. Una gestión mala, apenas comparable con la de Bolsonaro o Trump.

Durante mis años de investigación sobre temas de corrupción he logrado entender que, tal vez, algo peor que un funcionario público corrupto es uno incompetente o inepto, o bueno, lo peor es una mezcla entre las dos. Durante los casi tres años de Gobierno Duque lo que ha reinado es la incompetencia e improvisación. Es tan evidente lo mal del Gobierno que muchos medios o opinadores cercanos al Ejecutivo titulaban: “el año de aprendizaje”, “El timonazo”, entre otras. Lo cierto es que el mundo político colombiano está impresionado con los niveles de ineficacia de la Administración Duque.

El último de los ejemplos son las vacunas. A mediados de diciembre de 2020, tanto el presidente como el ministro de Salud anunciaron la llegada inminente de las vacunas. En una entrevista el ministro alcanzó a decir que para enero estarían aplicando las vacunas de prueba y que en febrero arrancaría la vacunación masiva. Al pasar los días, dejaron de hablar de las vacunas y se enfocaron en criticar a la alcaldesa de Bogotá por unas vacaciones, su objetivo era distraer la atención.

Pero pasadas dos semanas del nuevo año, los periodistas y algunos opinadores independientes comenzaron a cuestionar al Gobierno por el tema de las vacunas. De ahí en adelante comenzó a salir información a cuentagotas y contradictoria. Por un lado, no volvieron a hablar de las vacunas de prueba y manifestaron que las vacunas llegarían en febrero. Por otro lado, dijeron que habían firmado contratos con las farmacéuticas pero que no podían mostrarse por acuerdos de confidencialidad. La prensa preguntaba por cuántas vacunas, por la fecha de llegada, por el precio y el Gobierno no decía nada. Luego, en un movimiento extraño, los entes de control, la Contraloría y Procuraduría, ambos a cargo de miembros de la coalición de Gobierno, dijeron que sí había contratos, pero que no se podían mostrar. Con esta afirmación el debate se detuvo algunos días.

Sin embargo, pasada una semana se volvió a preguntar por el asunto, esta vez no se sabía si lo que había eran contratos o preacuerdos de compra. Luego, se anunció que llegarían las vacunas por el acuerdo COVAX. El Gobierno se apresuró y dijo que en los primeros días de febrero llegarían. Pero al día siguiente fue desmentido por la OMS, y ahora la fecha es marzo.

Todo esto se sabe en medio del segundo pico, con casi 400 muertos por día y en medio de una crisis sanitaria que no solo incluye el desbordamiento de las Unidades de Cuidado Intensivo, sino, también, problemas estructurales de fondo como la ausencia de pagos a los funcionarios de hospitales por un periodo prolongado.

Lo complejo del asunto es que es imposible encerrar a la población en una nueva cuarentena, muchos viven del día a día y las ayudas económicas fueron tan pocas y tardías que hay una crisis económica andando en el país. La ausencia de vacunas no hace más que profundizar la crisis y demorar la recuperación económica. La conclusión de todo es que la gestión de la pandemia ha sido un completo fracaso. La ineptitud e incompetencia son increíbles.

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