DEFENSOR DEL LECTOR
Tribuna
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Otro repliegue del papel en busca del nuevo negocio

EL PAÍS ya no está en los quioscos de París, Lisboa o Bruselas. Cae otro símbolo de un modelo superado

Cola para comprar periódicos y revistas en un quiosco en París en 2015.
Cola para comprar periódicos y revistas en un quiosco en París en 2015.Stephane Mahe

Por primera vez en cuatro décadas, desde el día 16 ya no se vende EL PAÍS en los quioscos de París, Bruselas o Lisboa. Cae otro símbolo en esta etapa de transición de un sector que ha visto quebrado su modelo tradicional de negocio mientras busca una alternativa digital rentable que garantice su futuro. Las quejas de los lectores por este nuevo repliegue del papel han sido escasas. Nada sorprendente, pero no menos doloroso para quienes se denominan “huérfanos de papel” en un mundo en el que la digitalización llegó para no dar un paso atrás.

Los de la edición impresa son fieles lectores en cuyas casas el periódico es parte del paisaje. Por tanto, merecen todas las explicaciones. Es el caso del portugués Vitor Almeida, quien me escribió el pasado 17: “Tengo 60 años y compro EL PAÍS desde hace 30. Con inmensa tristeza, he sabido que deja de venderse en Portugal. Distribuyan al menos la edición del domingo. Es una forma de promover la lengua y la cultura españolas y de responder a los anhelos de lectores ávidos del buen periodismo”.

Desde Londres, Juan Carlos Machuca envió este mensaje: “En estos 21 años como emigrante, leer vuestro periódico me hacía sentir cerca de España. He sido para mis amigos the Spanish man always with EL PAÍS (el español siempre con EL PAÍS). Nos condenáis a una pantalla digital. Nos robáis el placer de la lectura pausada. Nos dejáis huérfanos de papel”.

Otros lectores dicen verse empujados a dejar el papel. Eso cree Anastasio Gozalo Cardiel cuando lamenta no recibir desde este mes impresas las revistas Retina y Buena Vida: “Las inercias de los tiempos acabarán confinando a los lectores de prensa en el rincón digital, pero hasta entonces, por favor, un poco de consideración para los lectores analógicos”. O Javier Asensio, tras saber que en la edición digital hay crónicas deportivas que no entran en la impresa: “La deriva hacia un medio digital es un hecho consumado, con lo que ello implica respecto al trato desigual recibido por los lectores de la edición impresa. No sabe la tristeza que me supone escribir esto”. O Jorge Busturia: “No maltraten a quienes pagábamos por leeros cuando inexplicablemente regalabais todo en la web”.

Son lectores desconcertados ante lo inevitable. Antes que en Europa, hubo repliegue en América, donde EL PAIS es 100% digital desde hace 14 meses. Desaparecieron también los cuadernillos regionales —salvo en Madrid y Cataluña— y ahora las dos revistas citadas.

Los hechos que explican esa tendencia son contundentes. Al margen de España, las ventas en quiosco de EL PAÍS en Europa han descendido un 90% en 10 años (11.000 unidades en 2011) y los costes de distribución desde imprentas en el Reino Unido, Bélgica e Italia eran inasumibles. Mientras, la venta global de ejemplares de todo el sector en España se ha reducido a la mitad que en seis años: 1.050.158 ejemplares de media en 2020 (-23% con respecto a 2019), según la Asociación de Medios de Información (AMI).

Pese a tal sangría, los ingresos de los periódicos impresos españoles —venta y publicidad— representan aún casi el 50%: 321 millones el año pasado frente a los 334 procedentes de las ediciones digitales. Aunque la primera partida desciende año tras año (-26,4% en 2020), la segunda no despega al ritmo esperado. Por eso, la prensa mantiene hoy la doble producción: papel y digital. ¿Hasta cuándo?

En busca de ese nuevo modelo perdurable, EL PAÍS implantó en mayo pasado un plan de suscripciones para la web. De los más de 136.000 abonados, casi el 70% son suscriptores de contenidos digitales.

Mónica Ceberio, directora adjunta, argumenta que eliminar la venta en quiosco en el resto de Europa ha sido una decisión “dolorosa, pero necesaria” por el excesivo coste que suponía para unas ventas tan escasas. “Para poder mantener su independencia y su supervivencia un periódico tiene que ser sostenible”, explica Ceberio. “Nuestro foco está ahora puesto en el modelo de suscripción de la edición digital y en dirigir nuestros recursos a hacer un periodismo cada vez más relevante”.

¿Está llegando el fin del papel? Si hubieran acertado algunos, ya habría desaparecido hace una década. Por el contrario, otros con amplia y acertada experiencia le vaticinan aún un buen trecho. Eso cree Mark Thompson, máximo ejecutivo del New York Times entre 2012 y 2020, periodo en el que quintuplicó sus suscriptores digitales hasta rebasar los cinco millones: “Creo”, dijo a CNBC hace medio año, “que el Times subsistirá como diario impreso 10 años más; quizás incluso 15; me sorprendería si llega a 20”.

Hay repliegues necesarios para tomar impulso. Es lo que promete el periódico.

Puede enviar sus cuestiones a defensor@elpais.es

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Sobre la firma

Carlos Yárnoz

Es Defensor del Lector, llegó a EL PAÍS en 1983 y ha sido jefe de Política, subdirector o corresponsal en Bruselas y París. El periodismo y Europa son sus prioridades. Como es periodista, siempre ha defendido a los lectores. Ahora, oficialmente.

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