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El posuribismo

Desde hace casi 20 años que la agenda electoral de Colombia pasa por el expresidente Álvaro Uribe. Las presidenciales de 2022 pueden cambiarlo

El expresidente Álvaro Uribe tras una audiencia en la Corte Suprema de Justicia, en octubre de 2019.
El expresidente Álvaro Uribe tras una audiencia en la Corte Suprema de Justicia, en octubre de 2019.RAUL ARBOLEDA (AFP)

Colombia se encuentra en lo que se podría denominar el posuribismo. La crisis del uribismo viene al compás de tres grandes dificultades. Por un lado, los problemas judiciales del expresidente Álvaro Uribe y el relato social que se ha creado en torno a él. Si bien un sector de la población sigue creyendo que es un salvador, lo cierto es que la narrativa en la población más joven es de cuestionamientos por temas de corrupción e ilegalidad. Su imagen positiva apenas llega al 30% y su imagen desfavorable está en más del 60%. La segunda crisis es la negativa calificación que hace la ciudadanía de la gestión del presidente Iván Duque, el cual se encuentra en sus peores números. Por último, el cansancio de los partidos de derecha de elegir “al que diga Uribe”. Por ejemplo, el partido Conservador lleva más de 20 años sin candidato presidencial, siempre votan al que diga Uribe y eso se acabó. Igual pasa con otras colectividades de la derecha.

Estas tres crisis, sumadas a la edad del expresidente, hacen prever que el 2022 será la última vez en que Uribe haga política de forma directa. De hecho, debido a sus múltiples problemas judiciales parece imposible que juegue en la política electoral de nuevo. Lo que intentará es poner sus fichas, quienes deberán proyectar su influencia política y, con ello, la garantía de impunidad. Toda esta situación está pateando el tablero político.

Cuando Álvaro Uribe llegó a la política nacional en el año 2002 causó un verdadero cataclismo político, incluso fue posteriormente creado un partido en su nombre: el Partido de la U o Partido Social de Unidad Nacional. Sectores de los partidos Liberal y Conservador se pasaron a sus filas. Años más tarde, el expresidente creó el Centro Democrático y desde allí siguió con su influencia política. Lo cierto es que, desde su primera elección en 2002 hasta el 2018, la agenda electoral pasaba por Uribe. Sin embargo, para el 2022, veinte años después de su llegada, el mundo político da por hecho su salida. Por ende, en la actualidad se vive otro cataclismo.

Hay por lo menos una decena de ejemplos que dejan ver este terremoto, pero mencionaré tres de ellos. Por un lado, la casi segura desaparición del Partido de la U y la migración de sus senadores a otras colectividades. Igual sucede con Cambio Radical. En segundo lugar, la derecha no uribista está haciendo reuniones e intentos de coaliciones por fuera de la línea del Centro Democrático. Dilian Francisca Toro reunida con el expresidente César Gaviria son un buen ejemplo. Pero el ejemplo por excelencia es la reunión que se presentó en las últimas horas entre los exalcaldes de Bogotá, Enrique Peñalosa; de Barranquilla, Alex Char; y de Medellín, Federico Gutiérrez. Todos salieron de sus administraciones con detractores fuertes y algunos con delicados cuestionamientos. A pesar de ello, los tres exalcaldes parecen tener aire político.

El mapa del posuribismo será totalmente diferente al que ha predominado en los últimos 20 años, todo el juego político se encuentra abierto y no hay claridad en absolutamente nada. Como nunca, el tablero tiene altos grados de incertidumbre. Hasta hace unas semanas se pronosticaban tres consultas presidenciables, ahora, se podrían dar hasta cinco consultas en el mes de marzo de 2022. Lo único claro es que el próximo presidente no será del uribismo. Podría ser de derecha, pero no de la derecha uribista, aunque las que tienen más opciones son las fuerzas alternativas que, por primera vez en la historia del país, tienen una opción real de poder. La era del posuribuismo esta llena de incertidumbres y tal vez la situación comience a clarificarse en el mes de noviembre, no antes.

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