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El terrible año preelectoral en Colombia

Según organizaciones sociales, cada cuatro días asesinan a un líder en el país. En épocas electorales la situación es dramática

Familiares y amigos cargan el ataúd de Juan David Muñoz, un manifestante que murió durante las protestas contra el Gobierno de Iván Duque, en Cali, el pasado 20 de junio.
Familiares y amigos cargan el ataúd de Juan David Muñoz, un manifestante que murió durante las protestas contra el Gobierno de Iván Duque, en Cali, el pasado 20 de junio.PAOLA MAFLA (AFP)

En Colombia parece una tradición y el año 2021 no fue la excepción: la violencia procesa la política o, lo que es lo mismo, la violencia es una forma más de competencia política. Casi todos los analistas lo habían vaticinado, el 2021 por ser un año preelectoral sería bastante violento. También, muchos coincidían en que desde el segundo semestre la situación sería aun más complicada. Y todo parece indicar que no estaban equivocados.

El mes de junio arrancó con niveles de violencia dramáticos en todo el país: un carro bomba en una guarnición militar en Cúcuta, asesinatos de líderes sociales, un atentado al presidente Iván Duque cuando le dispararon al helicóptero en el que viajaba. Cada día que pasa la situación parece empeorar. Por ejemplo, en las últimas horas se presentaron varias masacres en el país. Una, al sur, en el departamento del Caquetá. Otra, al norte, en el departamento del César. Y en medio de esto asesinaron una excombatiente de la extinta guerrilla de las FARC. Esto ocurre cuando se vive en pánico generado por los descuartizamientos y decapitaciones presentados la semana pasada en el departamento del Valle del Cauca.

La pregunta que ronda a la ciudadanía y a expertos es si existe una conexión entre todos estos hechos de violencia, o qué tanto tienen que ver con las manifestaciones que estallaron en el país hace dos meses. La respuesta no es sencilla, eso lo determinarán las investigaciones. Sin embargo, el impacto es demoledor y hay zonas del país que están llenas de pánico. Aunque la última palabra la tendrán las investigaciones, muchos creen que esto sí tiene que ver con las manifestaciones y el paro nacional, por lo tanto hay miedo en muchos sectores de la sociedad de continuar con las movilizaciones.

Todo parece indicar que este segundo semestre de 2021, y al menos el primer semestre de 2022, estarán pasados por sangre. Como se sabe, Colombia está a poco más de ocho meses de las elecciones al Congreso de la República y de las primarias o consultas interpartidistas, y a menos de un año de la primera y segunda vuelta presidencial que se darán en mayo y junio de 2022. Los mayores temores sobre los niveles de violencia recaen sobre tres aspectos.

Por un lado, la victimización a líderes y lideresas sociales. Una tragedia de muchos años en Colombia y que no se ha logrado detener. Básicamente, según organizaciones sociales, cada cuatro días asesinan a un líder social en Colombia. En épocas electorales la situación es dramática. El segundo aspecto son los ataques terroristas con la finalidad de sembrar el caos y hacer del miedo un instrumento político. El tema en este punto es que, en Colombia, durante la Administración de Iván Duque, hay un cuadro generalizado de deterioro de la seguridad que incluye el fortalecimiento de las disidencias de la antigua guerrilla de las FARC, de la guerrilla del ELN y de los grupos paramilitares como el Clan del Golfo. Hay zonas del país donde el crecimiento es, literalmente, exponencial. Todo esto, en medio de un boom de las economías ilegales.

El tercer punto es el miedo a que comience una violencia selectiva contra los manifestantes y las personas que participaron en el paro nacional. Todavía esto no está claro, pero hay fenómenos de paramilitarismo sicarial en ciudades como Cali y Pereira que hacen pensar que este escenario no está lejos. Esto se podría detener, pero depende de la judicialización de estas personas. Sin embargo, y a pesar de los videos de civiles al lado de policías disparándole a manifestantes, la impunidad es total. En fin, es un cuadro de deterioro de la seguridad, en medio de niveles de impunidad increíbles y, sobre todo, en un año preelectoral.

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