Columna
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Vencer la propaganda

El obradorismo ha diseñado una estrategia que emula tres técnicas probadas de resistencia para debilitar a la prensa. Saber cómo responder a ellas es crítico para todos los ciudadanos.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, durante su conferencia de prensa de este 30 de junio de 2021.
El presidente Andrés Manuel López Obrador, durante su conferencia de prensa de este 30 de junio de 2021.GOBIERNO DE MÉXICO

El presidente López Obrador inauguró una nueva sección en su conferencia mañanera: el “quién es quién en las mentiras de la semana”. Cada miércoles dará a conocer un listado de “mentiras que se difunden en los medios de información” con el fin de que la ciudadanía no sea manipulada y haya “periodismo y ética”. Las noticias son seleccionadas por su viralidad y “contenido falso o engañoso”.

Identificar noticias falsas y combatirlas con información es una tarea loable de no ser porque, a juzgar por lo visto en esta primera iteración del “quién es quién”, el objetivo de la nueva sección es completamente distinto.

Si el objetivo fuera contrarrestar las noticias falsas la conferencia proveería de datos, evidencias o información para mostrar la falsedad. No es así. Por el contrario, la sección presenta las notas bajo la presunción de que son falsas y sin pruebas para desmentirlas. Por ejemplo, sobre un artículo que argumentaba que los periodistas estaban siendo espiados por el gobierno de Lopez Obrador, un hecho previamente documentado por Amnistía Internacional, que actualmente permanece sin regular y que se realizó con softwares que siguen exportándose. Su única defensa fue argumentar que “para qué los vamos a espiar si son predecibles”.

Sobre otro artículo donde se documentaban excesos de basura radioactiva en Laguna Verde, con base en información de los inventarios de la Comisión Federal de Electricidad, la única razón esgrimida para clasificarla como mentira fue que la titular de la Secretaría de Energía, Rocío Nahle, ya había declarado en Twitter que Laguna Verde era segura.

Propaganda 101

El objetivo del “quién es quién de las mentiras” no es desmentir falsedades, es borrar la línea entre lo falso y lo verdadero mediante propaganda estratégica. Para lograrlo, el ejercicio sigue al pie de la letra el trabajo de Gene Sharp, autor del manual De la dictadura a la democracia, con estrategias para utilizar a la opinión pública a fin de debilitar instituciones. El trabajo de Sharp es típicamente utilizado por grupos en resistencia contra regímenes autoritarios. En este caso, el Gobierno de López Obrador busca emular estas técnicas probadas de resistencia para debilitar al periodismo, a quien considera autoritario e impune.

Son tres los aspectos claves de su estrategia.

Primero, ocupar espacios. La mañanera busca que la prensa se avoque a desmentir los desmentidos en vez de a cubrir temas de mayor sensibilidad para el obradorismo. Es por ello que el “quién es quién” viene de la mano de un vigoroso llamado a la réplica, enfatizando que todos los periodistas serán recibidos en la misma conferencia del presidente para defenderse.

Se busca ocupar los espacios para que la batalla informativa se dé en los términos y en los espacios dictados por el gobierno. Esto es evidente en la selección de notas. El listado incluye de manera estratégica noticias que no son falsas o cuya falsedad puede ser desmentida a fin de que se preste un amplio debate público.

“Segundo, la estrategia busca enviar señales a la coalición obradorista a fin de que, tanto en instituciones como en espacios partidistas, los adversarios políticos del Gobierno estén bien identificados. De esa forma, orgánicamente se podrá operar en contra de ellos. Es decir, no será necesario dar instrucciones para que intelectuales orgánicos, instituciones cooptadas y funcionarios afines a López Obrador operen por cuenta en contra de estas personas. Ello irá desde esgrimir insultos en contra de ellos hasta el uso faccioso de las instituciones.

El ejercicio será un martilleo constante, no solo para identificar a los adversarios con nombre y apellido, sino sus “pedigrís”. Es decir, más que centrarse en el desmentido, el ejercicio buscará resaltar aspectos curriculares que, para el obradorismo, son equiparables a ser mentiroso. Es por ello que al presentar las notas supuestamente falsas la vocera enfatiza elementos como “colaborador de medios como Nexos”, “fue asesor de noticias de Carlos Salinas”, “periódico estadounidense” u otros aspectos que para las huestes obradoristas son claros elementos de descrédito.

Tercero, el “quién es quién de las mentiras” busca consolidar un lenguaje compartido psicológica y subrepticiamente por los simpatizantes del obradorismo. Es por ello que, la presentación de las noticias falsas ha sido un festín de términos relacionados con López Obrador. La vocera, por ejemplo, se describe a sí misma como “chaira” y “Amlover” en sus redes sociales. En cada intervención se aseguró de usar términos como “nado sincronizado”, “el régimen anterior neoliberalista” (sic) y “salinistas” para referirse a la prensa.

Consolidar el lenguaje es necesario para que este se convierta en una señal de credibilidad para quien lo usa y de desprestigio para quien lo rechaza. Es una estrategia simple de creación de afinidad política con el fin de juzgar una nota por su uso del lenguaje y no por su contenido.

Qué hacer

El reto más importante de la prensa mexicana será continuar haciendo periodismo y no transitar a hacer reacción. Ello se dice fácil, pero no lo es. La estrategia que López Obrador está abanderando conjunta elementos muy poderosos que, en otros casos, ha probado exitosamente debilitar instituciones fuertes.

La prensa deberá ser aún más estratégica. Dos aspectos son clave: no caer en la trampa de dedicar amplios recursos a cubrir el “quién es quién de las mentiras” y no permitirse justificar lo injustificable.

La prensa no puede convertirse en un defensor a priori de todo lo que López Obrador critica. Hacerlo los debilitará irremediablemente. No hay duda de que algunos medios mexicanos están siendo financiados por intereses económicos con incentivos para promover información exagerada o incluso falsa sobre el gobierno federal. La prensa debe distanciarse de dichos medios. Si no lo hace quedará mimetizada con ellos.

Más aún, si algunas de las noticias presentadas en la conferencia del presidente tienen errores factuales (como fue el caso de algunas notas presentadas en la conferencia del día de hoy) la prensa tendrá que aceptar que así fue. Solo así mantendrán su credibilidad. Mantenerla es la moneda de cambio más importante de esta batalla.

No tengo duda de que la prensa se sentirá atraída a jugar el juego de López Obrador. Los temas que el Gobierno traerá a la mesa serán jugosos y atractivos. Habrá menciones personales. Aún así, la prensa no debe sucumbir a la tentación. La agenda debe ser fijada por el periodismo, no por lo que diga Palacio Nacional.

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