Tribuna
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El lenguaje virtual de la universidad post-covid

El discurso y la terminología recientemente adoptados en el sector absorben más de la filosofía, literatura y religión que de la física, la química y la ingeniería

Alumnos dentro del campus de la Universidad Rey Juan Carlos en Madrid.
Alumnos dentro del campus de la Universidad Rey Juan Carlos en Madrid.ANDREA COMAS
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Dentro de la universidad y a escala global, la actual pandemia ha propagado, no sólo un listado de preocupaciones y desafíos, sino un lenguaje parejo de corte psicosocial. Cualquiera de las sensibilidades y temas en boga, como son la diversidad, la equidad, la inclusión, la movilidad, la empleabilidad y la digitalización, conducen a similares aproximaciones y argumentos, independientemente de las voces que uno escuche o publicaciones que uno lea.

Posiblemente, el desgarro individual y colectivo producido por la covid-19 ha condicionado la mirada y ambiciones de aquellos que gestionan, estudian y trabajan en la universidad. Desde Estados Unidos o Canadá hasta Australia, pasando por Reino Unido o Alemania y parando en la India, Emiratos Árabes o Qatar, no sólo se aborda una única agenda de temas a la hora de mirar el presente y futuro de la educación superior, sino que se repite un mismo discurso. A tal efecto, parece lógico pensar que el confinamiento obligatorio, las cuarentenas prescriptivas, el aislamiento y la soledad de muchos profesores y alumnos (sin olvidarnos de la improvisación generalizada en cuanto al trabajo en remoto y la adaptación virtual, tanto de la docencia y aprendizaje) han provocado en el subconsciente colectivo de la universidad una misma interpretación de la realidad con su correspondiente jerga.

El discurso y la terminología recientemente adoptados en el sector universitario absorben más de la filosofía, literatura y religión que de la física, la química y la ingeniería. Surgen vocablos y expresiones más poéticas que experimentales, más esotéricos que pragmáticos, más divulgativos que científicos. Como ejemplo de ello, en inauguraciones de programas académicos, ceremonias de graduación, comunicados, webinars o reuniones departamentales rutinarias se entona siempre una misma melodía; “la covid-19 aceleró, pero no anticipó una transformación que ya estaba en marcha”. Y se culmina a menudo con un mismo estribillo: “Vivimos tiempos sin precedentes. La nueva normalidad ya no será igual que la anterior”. Esto último se asemeja a aquella desfasada y explotada hasta los límites alusión a “los tiempos de incertidumbre”, una variante del clásico acrónimo de estrategia empresarial denominado VUCA (traducido al español como: Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad).

Al intentar elevarse el papel de la gestión de la pandemia por parte de algún equipo universitario en particular suele recurrirse a cualidades humanas de carácter militar y misionero. El “coraje”, la “perseverancia”, la “heroicidad”, la “determinación”, la “compasión” y el liderar con “propósito” han pasado a enterrar aquel concepto manido de “resiliencia”. Este último sería elevado a la última potencia por la revista The Economist en su portada hace unos años, para a continuación reutilizarlo varios políticos en sus autobiografías, mítines y ruedas de prensa. Muchas universidades optan hoy por presentarse en las redes virtuales ante el gran público como “ágiles”, “flexibles” e “intencionales” (sigo sin ser capaz hasta ahora de desenmarañar el sentido real del último de estos atributos) tras haber cumplimentado su correspondiente proceso de “infusión tecnológica” y “redensificación” de las aulas.

En cuanto a los planes de estudio, ya no se parte únicamente de una “gestión transversal” y de impulsar “competencias transferibles” al mercado laboral, sino de abordar el currículum académico desde una vertiente “interdisciplinar” o “multidisciplinar” (aunque pocos se detienen a diferenciar y optar, bien por lo uno o lo otro). Últimamente, hay quienes también recurren a la historia como fuente de inspiración, para así reivindicar la necesidad de “descolonizar el currículum”, es decir, disminuir sus bases de civilización occidental. En el camino, la universidad no ha transitado o pasado de un formato presencial a uno virtual, sino que ha “pivotado”, como en baloncesto, tras haber acudido al beisbol para “tocar base” al comienzo de cualquier reunión departamental.

A pesar de todo lo anterior, con el final de este último curso académico ha surgido en los perfiles en redes y sitios oficiales de algunas universidades un triunfalismo inusitado. En un periodo muy corto de tiempo se ha pasado de unos valiosos aportes de corte informativo, pedagógico y técnico a una apuesta decidida por una campaña de imagen y marca. Resulta desconcertante el tráfico virtual incesante de felicitaciones, enhorabuenas y alabanzas por el mérito de tantos. Pocos parecen haber tenido duda de lo bien que ha funcionado todo el sistema universitario durante la covid-19. Confiemos en que al menos en la esfera presencial, personal e institucional de cada cual, la universidad vaya rebajando su autocomplacencia a la vez que recuperando sus cotas de autocrítica, transparencia y modestia, reafirmando así su condición de lugar abierto, confiable y cercano para las conversaciones, encuentros y soluciones que precisa la sociedad post-covid.

Samuel Martín-Barbero es presidential distinguished y academic innovation fellow en la Universidad de Miami (Florida, EE UU).

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