EDITORIAL
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Inundaciones en Europa: aviso para todos

Las manifestaciones extremas del clima causan daños dramáticos también en los países más desarrollados

Vista aérea de los daños causados en un puente de la localidad alemana de Bad Neuenahr-Ahrweiler.
Vista aérea de los daños causados en un puente de la localidad alemana de Bad Neuenahr-Ahrweiler.FRIEDEMANN VOGEL / EFE

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Las catastróficas inundaciones que han asolado el oeste de Alemania, Bélgica y los Países Bajos, en las que se han registrado ya más de cien muertos y todavía hay cientos de desaparecidos, son una nueva demostración del tipo de retos al que nos confronta el cambio climático. Aunque es difícil establecer un vínculo directo entre un episodio concreto y la alteración general del clima porque siempre hay un margen de variabilidad natural, sí hay evidencias de que en términos generales el calentamiento global favorece manifestaciones extremas del clima. Los científicos esperan un aumento de los episodios excepcionalmente adversos, pero la intensidad y la frecuencia de los últimos parece indicar un agravamiento de los efectos del cambio climático en relación con las previsiones hasta ahora contempladas.

Lo que ha sorprendido de las inundaciones de la cuenca del Rin es tanto la intensidad como la extensión del fenómeno, con un patrón de lluvia de carácter torrencial más propio de otras latitudes, con precipitaciones de 148 litros por metro cuadrado en 48 horas y, en algunos puntos, hasta 154 litros en 24 horas, cuando lo normal en la región es alcanzar 80 litros en todo el mes de julio. Se han superado récord de precipitaciones en una zona muy extensa, sobre una tierra ya colmada por las lluvias anteriores, y eso ha provocado acumulaciones capaces de arrastrar casas y destrozar carreteras, lo que ha cogido a la población totalmente desprevenida.

El servicio meteorológico alemán lanzó a principios de semana una advertencia sobre la posibilidad de “inundaciones extremas” y ahora, a la vista de los daños provocados, se discute si las autoridades locales cometieron una negligencia al no evacuar a la población. En cualquier caso, lo que ha ocurrido pone de manifiesto que ni siquiera sociedades desarrolladas con excelentes infraestructuras y servicios de protección civil se libran de los efectos devastadores de estas manifestaciones extremas. Habíamos visto la vulnerabilidad de los países pobres ante las alteraciones del clima, pero la ola de calor en Canadá, la ola de incendios en California a causa de la sequía o estas gravísimas inundaciones en la Unión Europea revelan que nadie está a salvo de sus consecuencias. Sus efectos han golpeado al corazón mismo de la Europa más desarrollada, con un balance trágico.

Los efectos del cambio climático no se limitan a hacer más áridos los lugares secos o provocar más huracanes allí donde suelen producirse. El clima es un sistema complejo de interacciones en todo el planeta y la alteración de los patrones climáticos puede afectar a cualquier lugar. Lo alarmante ahora es la aceleración que parece experimentar este proceso. De lo ocurrido se desprende que hay que avanzar más rápido hacia la descarbonización total de la economía para reducir las emisiones de forma significativa y frenar así un proceso que va a más. Europa ha dado pasos muy importantes y significativos para cambiar el modelo basado en el uso intensivo de los combustibles fósiles, que está en el origen del problema. Pero no es suficiente. La descarbonización debe ser global. Mientras tanto, es preciso prepararse para los efectos inmediatos con planes de contingencia más exigentes, flexibles y ágiles, capaces de actuar con eficacia frente a manifestaciones más extremas de lo esperable. Las inundaciones de Alemania y Bélgica constituyen una alerta para todos.

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