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Políticas de familia en España

Es difícil diseñar un buen paquete de reformas pero los esfuerzos del Ministerio son aplaudibles

La ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra.
La ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra.Pablo González / Europa Press

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La ministra de Derechos Sociales apuntó el miércoles pasado las líneas generales de la futura ley de diversidad familiar y apoyo a las familias. El ministerio propone la creación de una nueva prestación universal por crianza de hijos, así como extensiones de las bajas de maternidad y paternidad, y el refuerzo de la red pública de educación infantil de 0 a 3 años. La ministra resaltó como objetivos de la ley mitigar la pobreza en los hogares con niños, pero también fomentar la conciliación de crianza con trabajo, el bienestar de la infancia, y la natalidad. Las tres reformas tocan los tres ejes principales de las políticas de familia en los países de la OCDE: las ayudas monetarias a las familias, las bajas y prestaciones de maternidad y paternidad, y las subvenciones al cuidado y la educación preescolar fuera del hogar. Cabe preguntarse qué sabemos sobre la efectividad de este tipo de políticas, basándonos en la evidencia internacional.

La primera dificultad es que estas medidas suelen plantearse varios objetivos paralelos. Además de promover la natalidad, favorecer el desarrollo y el bienestar de la infancia, mitigar la pobreza infantil, y mejorar la conciliación, muchas veces se busca también favorecer el empleo de mujeres con hijos y promover la igualdad de género en el mercado de trabajo y en el hogar. Tendríamos por tanto que analizar el impacto sobre cada una de estas dimensiones en paralelo. Es importante además pensar en posibles efectos colaterales (potencialmente indeseados), así como en posibles conflictos entre objetivos.

La segunda dificultad es cómo podemos medir los efectos de las distintas políticas. ¿Son efectivas? ¿Cómo podemos averiguarlo? Hace falta disponer de los datos adecuados, pero esto no basta. Para estudiar el impacto de una medida, necesitamos comparar la situación de las familias afectadas tras la implementación de la nueva política con lo que habría sido su situación en ausencia de la misma. Esto es difícil, y se suele solventar buscando datos para algún “grupo de control”, hogares de características similares no afectados por la medida.

En tercer lugar, hay que tener en cuenta el coste de cada política para la Hacienda pública (a fin de cuentas, los ciudadanos), y considerar los usos alternativos de esos ingresos públicos.

¿Qué sabemos? Existen prestaciones por crianza en muchos países (universales, condicionadas a nivel de renta, a número de hijos, a tipo de hogar, etc). Muchos estudios han analizado el impacto de este tipo de ayudas. Yo misma he estudiado extensivamente los efectos del cheque bebé vigente en España entre 2007 y 2010.

Una transferencia de renta tiene un impacto inmediato sobre renta disponible de las familias. Distintos estudios han confirmado que este tipo de prestaciones puede tener también efectos sobre la natalidad, aunque no muy grandes y quizá transitorios. Un efecto colateral es que pueden reducir el empleo de las madres, limitando en parte el efecto sobre la renta familiar. No todos los estudios encuentran efectos sobre el desarrollo de los niños. En mi propio análisis del cheque bebé sólo encontramos impactos sobre la salud de los hijos nacidos posteriormente a la percepción de la ayuda, y sólo entre mujeres con rentas muy bajas. Aquella política también tuvo un efecto indeseado que se habría podido evitar: se adelantaron cientos de partos en diciembre de 2010 para no dejar de percibir la prestación.

También se han estudiado los efectos de mejoras en la generosidad de las bajas de maternidad y paternidad. Bajas de maternidad generosas pueden fomentar la natalidad. Las bajas de maternidad de varios meses parecen tener además efectos beneficiosos para los niños a largo plazo. Bajas más largas no parecen tener efectos adicionales para los niños, pero sí pueden tener efectos negativos sobre la trayectoria laboral de las madres y sus ingresos futuros.

Las bajas de paternidad pueden tener un efecto persistente sobre la implicación de los padres en la crianza, que sin embargo no se traduce en una menor dedicación al mercado laboral (trabajan las mismas horas, no se detecta efecto sobre excedencias por cuidado, etc). Se han encontrado efectos pequeños sobre la igualdad de género en el mercado de trabajo, al menos en el corto plazo, mientras que el impacto sobre los niños está por estudiar. Como efectos indeseados, bajas de paternidad más generosas no necesariamente fomentan la natalidad. Mejorar el acceso a la educación infantil puede tener efectos positivos para el empleo de las madres. El impacto para los niños no está claro, aunque hay estudios que documentan efectos positivos para los niños de entornos más desfavorecidos, con opciones alternativas de cuidado de menor calidad.

Es difícil diseñar un buen paquete de reformas de las políticas de familia, debido al collage de evidencia disponible (procedente de reformas anteriores en distintos países), a que hay múltiples objetivos que pueden entrar en conflicto, y a potenciales efectos indeseados, a veces imprevistos. Además, todas estas políticas son caras.

Dicho esto, aplaudo los esfuerzos del ministerio. Quedamos pendientes de que se concreten los detalles, y será importante poner los medios para evaluar el impacto de las reformas que finalmente se implementen.

Libertad González es doctora en economía y profesora en la Universidad Pompeu Fabra

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