Editorial
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Enroque en Cuba

Al margen de las sanciones a los represores, Biden debería impulsar medidas para aliviar la situación del pueblo cubano

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, durante una comparecencia en la Casa Blanca.
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, durante una comparecencia en la Casa Blanca.TOM BRENNER / POOL / EFE

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Las nuevas sanciones del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba vuelven a elevar la presión contra el régimen que gobierna la isla hundiendo a sus ciudadanos en la pobreza y la falta de libertad, pero en ningún caso contribuyen a solventar la situación que sufre el pueblo cubano. El Gobierno de Joe Biden sancionó al ministro de Defensa, Álvaro López Miera, y a la Brigada Especial Nacional, conocida como boinas negras, como consecuencia de la intolerable represión de las fuerzas de seguridad tras las manifestaciones de protesta del 11 de julio. Prácticamente al mismo tiempo, en Cuba, el régimen celebraba una serie de juicios sumarísimos a decenas de detenidos durante las protestas, con condenas de hasta un año de cárcel.

La posición de la Administración estadounidense confirma que la llegada de Biden a la Casa Blanca, al igual que ha ocurrido con su contraparte en el castrismo, Miguel Díaz-Canel, no ha traído ningún cambio respecto a las políticas predecesoras, lo cual augura un enroque de ambas partes que ahondará en la tragedia de la isla. La pandemia ha vuelto a poner de manifiesto las necesidades que afectan a la población, fruto del fracasado sistema construido por el régimen, y agudizadas por el embargo estadounidense.

Las protestas, por su parte, se antojan un punto de inflexión al que el régimen responde con más represión y cerrazón si cabe. El grito de libertad que lanzaron los cubanos el 11 de julio aún resuena en la isla y fuera de ella. El régimen no ha dado ninguna señal, desde hace décadas, de que ante cualquier reclamo de democracia su respuesta vaya a ser otra cosa que la represión.

La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, sin embargo, había traído un atisbo de esperanza de que Estados Unidos no seguiría la desafortunada política de Trump de endurecimiento de las medidas, replicando un viraje que persigue en otras áreas de política exterior. Sin embargo, ante la exasperación de los cubanos, la primera respuesta es más enroque. Es necesario que el presidente de Estados Unidos compagine las sanciones recién impuestas a responsables de la represión con medidas dirigidas a mejorar la situación del pueblo cubano. Incluso sin contar con el apoyo del Congreso, es posible poner en marcha acciones significativas. Washington menciona esquemas para facilitar envíos de remesas, que es una idea positiva. Biden fue vicepresidente cuando Barack Obama impulsó un deshielo que fue acompañado de varias iniciativas de esas características. Una política solamente anclada en el castigo no contribuirá a mejorar la situación de un pueblo que clama para que se acabe el hambre y tener democracia y libertad.

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