EDITORIAL
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Aislar el odio

El incremento de denuncias por este tipo de delitos reclama reforzar la atención sobre el problema

Protestas contra la LGTBfobia en Barcelona el pasado 22 de julio.
Protestas contra la LGTBfobia en Barcelona el pasado 22 de julio.DPA vía Europa Press / Europa Press

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El Ministerio del Interior ha difundido datos acerca de los delitos de odio en España que contribuyen a afinar la reflexión sobre el inquietante fenómeno. En el primer semestre del año, el número de denuncias fue casi un 10% superior al mismo periodo de 2019, que de por sí era el más alto de la serie —y que es la mejor referencia comparable, ya que en 2020 los datos quedan alterados por el confinamiento—. El total pasó de 558 a 610. Se trata de denuncias y no de hechos comprobados, y el aumento puede deberse en parte a una mayor disposición a acudir a las autoridades. En cualquier caso, no puede pasarse por alto que se supere con creces el anterior récord.

El segundo dato relevante que apunta una encuesta de Interior se refiere, precisamente, a la disposición a denunciar, que sigue siendo baja. Se produce, según el estudio, en uno de cada 10 casos. Esto debe inducir a una reflexión múltiple, sobre eficacia de y confianza en los cuerpos de seguridad en esta materia, miedo que sufren las víctimas y en general sobre el nivel de concienciación social en esta cuestión.

Los números absolutos no son la única vara de medir: obviamente importa la gravedad. Y, a falta de conocer el desarrollo de las investigaciones y posteriores pronunciamientos judiciales, dos recientes asesinatos de corte islamófobo y homófobo en Murcia y Galicia elevan las alarmas. Este miércoles fueron detenidos en Cataluña los tres presuntos autores de una muy violenta agresión homófoba perpetrada a finales de mayo.

Afinar la atención de las autoridades competentes sobre esta materia, elevar la concienciación social y un perentorio aislamiento político de quienes alienten ideas discriminatorias que —sin incitar a la violencia— constituyen el abono de ideas aún peores son elementos ineludibles para contener el riesgo de auge de estos delitos. Aunque no es fácil establecer la vinculación entre determinados discursos políticos y delitos específicos, es evidente la nocividad de ciertas retóricas. En algunos casos de delitos políticos la correa de transmisión entre discurso y acción es evidente, como el asalto al Capitolio ocurrido a principios de año y que se examina estos días en el Congreso de Estados Unidos. En el plano global, las fuerzas de seguridad de varios países occidentales han incrementado en los últimos años su nivel de atención a grupos extremistas de derecha.

En términos generales, el estrés socioeconómico provocado por la pandemia es un escenario de fondo que contribuye a elevar la inquietud, porque una situación de malestar favorece el florecer de algunos odios, especialmente el xenófobo. Abundan motivos, pues, para redoblar la atención en todos los niveles.

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