EDITORIAL
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Duque en la recta final

El presidente colombiano tiene un año para recomponer un mandato fallido

El presidente de Colombia, Iván Duque, junto a la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, recorre la primera sede CEmprende 24 horas del país.
El presidente de Colombia, Iván Duque, junto a la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, recorre la primera sede CEmprende 24 horas del país.Presidencia de Colombia (EFE / Presidencia de Colombia)
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Colombia encara el último año de mandato de Duque sin legado claro y con la mira puesta en las elecciones

Colombia encara el último año de gobierno de Iván Duque en un escenario repleto de incertidumbres, con una pandemia que apenas ahora da un respiro gracias a la campaña de vacunación y con la llama de las protestas que sacudieron al país hace unos meses lejos de apagarse. Todo ello mientras los actores políticos piensan ya en las elecciones del próximo año, lo que alimenta un ambiente de crispación y polarización mayor si cabe. El escenario coloca al actual mandatario en una posición en la que garantizar la estabilidad del país y la transición hacia el próximo Gobierno sin sobresaltos puede ser, paradójicamente, su mayor legado.

No ha tenido una fácil presidencia Duque. Llegó a la Casa de Nariño bajo la inexpugnable sombra de su mentor, el expresidente Álvaro Uribe, quien desde que llegó al poder en 2002 ha marcado el porvenir de sus dos sucesores. Si bien Juan Manuel Santos cortó de raíz con Uribe y dejó como legado el acuerdo de paz con las FARC —un pacto que no ha terminado de implementarse como es debido, y ha costado una sangría de muertes de líderes sociales—, a Duque se le puede achacar que nunca ha terminado de romper amarras con el expresidente, lo que le ha generado una ola de rechazo desde el principio, en momentos injustificada, e incluso reproches recientes del propio Uribe.

No obstante, el presidente Duque tiene ante sí la posibilidad de revertir cualquier traspié de estos tres años en el último que le queda de mandato. Durante este corto periodo todavía puede dar salida a su versión más pragmática y de hombre de Estado, que sepa garantizar la consecución del plan de vacunación ante la pandemia, que estabilice la economía con una reforma que contente a todo el país y que se aleje de las guerras sucesorias, especialmente de las de su propio partido, que solo pueden aumentar la herida en un país suficientemente dolido. Ese sería un buen legado para Colombia.

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