DEFENSOR DEL LECTOR
Tribuna
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Hazar no se publica por azar

Los errores han crecido en paralelo al aumento de noticias, los recortes y el mal uso del idioma

Un bombero en plena actuación contra un incendio en Greenville (California) a comienzos de este mes. /
Un bombero en plena actuación contra un incendio en Greenville (California) a comienzos de este mes. /Neal Waters (GETTY IMAGES)

Quien está obligado a utilizar bien el español no escribe que las personas sin hogar viven “en situación de calle”. Tampoco que un autobús “reprendió el servicio”. Y no por azar incluye o deja pasar el inexistente “hazar” (así con h) en un artículo del suplemento cultural —sí, cultural— Babelia y, para más inri, bajo el título Por el buen periodismo. Pues bien, esas agresiones lingüísticas se han publicado en EL PAÍS el pasado día 17 la primera y el 7 las dos siguientes. Los lectores Anselmo Oteiza, Pau Morata Socías y Javier Muñoz Álvarez nos lo han reprochado con estos respectivos comentarios: “¿Cómo se puede escribir tan mal siendo periodista?” “Reemprender, no reprender (corregir, amonestar)”. “Errata inimaginable, casi inconcebible (en Babelia)”.

El número de errores y faltas de ortografía ha crecido en paralelo al aumento de noticias (unas 300 diarias), los recortes en la Redacción y, por supuesto, el mal uso que algunos periodistas y columnistas hacen de su principal herramienta: el idioma. Para revertir la deriva, el periódico ha creado una nueva sección de Edición pilotada por Álex Grijelmo.

Aunque aún no se ha implantado en todas las áreas, su puesta en marcha la notan lectores como el citado Javier Muñoz, quien el 4 de junio escribió: “¡Cuánto han descansado nuestros ojos desde que no advertimos [tantas] faltas ortográficas!”. Hace un año, había una queja diaria. Ahora dos o tres a la semana.

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Sin embargo, queda mucha tarea. Los errores con las cifras son un clásico. El 1 de agosto, Ricardo Forcat González advirtió que, en un gráfico de la edición impresa, se indicaba que en tres incendios forestales en California las llamas habían afectado a 2,3 millones de kilómetros cuadrados, cuando la superficie total de ese Estado es de 423.970. El 1 de julio, y en un texto sobre deudas municipales, contamos que en Moraleja de Enmedio (Madrid), “su pasivo por habitante superaba los 6.900 millones a finales de 2020”. ¿Tanto? Diez días más tarde, dijimos que “cada euro invertido en esta institución (Universidad de Salamanca) genera un retorno de más de seis, además de 10.000 empleos”. Imposible.

Con las edades —otro clásico—, algunos se lían. El 7 de agosto publicamos que Rosalía Mera fichó a José Leyte, nacido en 1967, como gestor en el año 2000, después de que este se fajara “a lo largo de dos décadas en la galaxia financiera de Arthur Andersen, Barclays y Deutsche Bank”. ¿Empezó a fajarse en esa galaxia a los 13 años? Cuatro días más tarde, dijimos que un informe del siglo XVII adjudicaba a Fernando VII, nacido en el siglo siguiente (en 1784), una decisión sobre la mezquita de Córdoba. La decisión fue de Fernando III, como señaló el lector Vicente Martín. En junio, dijimos que el mafioso Giovanni Brusca, “de 64 años”, detenido cuando “acababa de cumplir 30 años”, salía en libertad “tras 25 años de prisión”. Sumen o resten; no encaja.

Errores ajenos a Edición denotan que el periódico también debe mejorar en otras áreas. En la zona de Servicios-Gasolineras, los precios no están actualizados. El lector Antonio María Álvarez Gras lo ha denunciado dos veces con razón: “Para dar mala información, mejor no darla”. Y en la del Tiempo, el periódico publicó durante 30 días seguidos de mayo y junio las mismas temperaturas máxima y mínima para Castellón (20 y 7 grados, respectivamente). “¿Nadie revisa el mapa?”, preguntó la lectora Juana María Sempere.

El insuficiente cuidado en algún texto da paso a situaciones entre hilarantes y enervantes. El 17 de agosto, el coronel José Cánovas pasó a llamarse Pepe Casanova en un pie de foto, una diferencia “incorrecta y chusca”, como la calificó Vicente Martín. Ese tipo de error se superó el 15 de mayo, cuando la autora del libro 15-M. El tiempo de las plazas, Julia Ramírez-Blanco, fue identificada en la misma página 4 de Babelia por dos veces como Julia Romero Blanco y, en una tercera, como Ana Ramírez Blanco.

Poco esmero demuestra asimismo el periódico cuando deja pasar burdas alteraciones de proverbios o refranes. En un análisis del 27 de junio se decía: “El lío tremendo que se formó en el Parlamento (…) creó aquellos barros de los que vienen estos lodos”. El desliz recuerda aquel otro de junio: Rusia “sabe que es difícil que la UE le cierre la puerta de par en par”.

Es obvio que el periódico necesita completar pronto esa reforzada unidad de Edición. Si no, los lectores nos seguirán poniendo “a la altura del atún”, chusca expresión que robo por segunda vez a un alcalde de Lanzarote.

P.D.: Varios traspiés citados en esta columna fueron corregidos en su versión digital. De ninguno se publicó una fe de errores.

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Sobre la firma

Carlos Yárnoz

Es Defensor del Lector, llegó a EL PAÍS en 1983 y ha sido jefe de Política, subdirector o corresponsal en Bruselas y París. El periodismo y Europa son sus prioridades. Como es periodista, siempre ha defendido a los lectores. Ahora, oficialmente.

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