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Fractura de la luz

Si el precio de la electricidad en España es superior al de otros países no puede deberse al diseño de un mercado que es similar en toda la UE. Las reglas son las mismas. Lo que cambian son los árbitros

Imagen de una factura de la luz.
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El precio de la electricidad batirá este lunes otro récord en España: alcanza los 124,45 euros por megavatio hora

Cuando a nuestro equipo de fútbol le “roban” un partido por un gol en fuera de juego o un penalti injusto, ¿culpamos al árbitro o al reglamento? Sin duda, al colegiado. No pedimos que se acorte el área un metro o que se alineen 14 jugadores en lugar de 11. Pero, cuando pasamos de las competiciones deportivas a las económicas, nos olvidamos del papel del árbitro y nos obsesionamos con cambiar las reglas, como eliminar el método marginalista de precios en el mercado eléctrico, entre otras reformas que están lanzando los políticos de todo color estas semanas. Con la factura de la luz, la izquierda y la derecha muestran de nuevo sus sombras.

Pero, si el precio de la electricidad en España es sensiblemente superior al de otros países, no puede deberse al diseño de un mercado que es similar en toda la UE. Las reglas son las mismas. Lo que cambian son los árbitros. En algunos terrenos de juego, como el español, no parece que tengamos cuatro colegiados de primera división, asistidos por el VAR y capaces de señalar todas las faltas que cometen las empresas participantes en el mercado energético. Estas se saltan las normas precisamente porque saben que quienes deben velar por ellas carecen de los recursos adecuados.

Es el problema esencial no sólo del mercado eléctrico, sino también del de los buscadores de internet, redes sociales, reparto a domicilio, supermercados, moda primavera-verano y demás bienes y servicios del capitalismo moderno: unas pocas empresas cada vez tienen más poder de mercado. A diferencia de hace unas décadas, hoy existen menos competidores y estos ganan más dinero. Donde más se ha estudiado este fenómeno, la economía americana, los márgenes de beneficio (sobre el coste marginal) han pasado del 21% en 1980 al 61% actual.

Como apunta el economista Jan Eeckhout, esta concentración de poder de mercado nos perjudica a todos. A los consumidores, que pagamos precios inflamados, pero también a los trabajadores, que cobran salarios deshinchados, y a las empresas jóvenes, aplastadas por las prácticas oligopólicas de corporaciones mastodónticas. Nos hace más pobres —concretamente, el 9% del PIB— y más desiguales. Y, sin embargo, apenas invertimos en dotarnos de reguladores contundentes contra los abusos de mercado. Absortos en el juego, ignoramos que la persona más importante en el campo es la que va de negro. @VictorLapuente


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