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Salvados del comunismo, ¿quién nos salva del capitalismo?

La imagen del pantano reseco de Ricobayo resulta aún más difícil de entender que las razones por las que no se puede frenar la subida de la luz

Embalse de Ricobayo, el mayor de los pantanos de producción hidroeléctrica de la provincia de Zamora, tras su vaciado.
Embalse de Ricobayo, el mayor de los pantanos de producción hidroeléctrica de la provincia de Zamora, tras su vaciado.Mariam A. Montesinos (EFE)

En ocasiones resulta tentador dejarse llevar por la fantasía autoritaria, por el simplismo con que se resuelven las cosas en países sin cuestionamientos. ¿Que Putin ha bajado en las encuestas? Pues unta a militares y jubilados con una paga extra antes de las elecciones, un sistema mucho más directo que la contienda con otros partidos (que además ha prohibido), y asunto arreglado. ¿Que China considera que los videojuegos son el nuevo opio del pueblo? Los prohíbe o restringe para menores y santas pascuas. Teníamos un problema y lo hemos solucionado. En este caso, dos.

Aquí las cosas son bastante más complicadas, pero lo son tanto que en ocasiones dejamos de entenderlas. Comprendemos la libertad de mercado en que se basa nuestra economía y que impediría una expropiación eléctrica, por ejemplo. Comprendemos y defendemos la libertad del individuo, de las familias y la intimidad que haría imposible regular las actividades de los menores en sus casas. Como comprendemos que comprar votos como hace Putin choca contra toda regla de la competencia democrática. Nuestros valores están claros y, en el plano teórico, no hay otros que puedan superarlos. Si hubiera que construir el mundo de nuevo, avanzaríamos directos hacia estos.

Y sin embargo, ocurren cosas que no encuentran su sitio en el tablero racional en el que jugamos. La imagen del pantano reseco de Ricobayo, que Iberdrola desaguó en seis semanas, resulta aún más difícil de entender que las razones por las que no se puede frenar la subida de la luz. Si ese vaciado es legal, si no implica una impresionante multa inmediata y si la única sanción es la acusación de no tener “empatía”, esto no funciona.

Y entonces surge la pregunta inevitable: de los excesos del comunismo y otros autoritarismos estamos a salvo gracias a valores y principios consagrados en la legislación europea y la española. Pero ¿quién nos defiende de los excesos del capitalismo? ¿Quién nos defiende de la pérdida de agua embalsada por arbitrio de la empresa concesionaria? ¿Quién nos defiende de una subida irrefrenable de la luz? Harán bien los gobiernos en preparar respuesta a estas preguntas, porque este boquete en la credibilidad del sistema genera un hueco aún más grande que el que ha dejado el agua en ese pantano. En el Cándido de Voltaire, Pangloss solía repetir que estaba en el mejor de los mundos posibles. Si el nuestro es ya mejor que el de Pangloss, estamos seguros de que hay otro aún mejor que este. Exijámoslo.

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Sobre la firma

Berna González Harbour

Periodista de EL PAÍS, ha sido enviada especial en zonas en conflicto, corresponsal en Moscú y subdirectora a cargo de Internacional, Domingo, Sociedad, Web o Babelia. Escribe entrevistas y crítica cultural, es columnista en la sección de Opinión y analista de Hoy por Hoy, en la Cadena Ser. Premio Dashiell Hammett por 'El sueño de la razón'.

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