Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Menos desempleo

Los datos favorables del paro necesitan la acción del Gobierno con o sin el PP

Un camarero atiende una terraza en Bilbao.
Un camarero atiende una terraza en Bilbao.Luis Tejido (EFE)

La intensidad de la recuperación del crecimiento de la economía española había dejado ya evidencias en la primera mitad del año. También de sus efectos sobre el ámbito más sensible, el empleo. Los datos conocidos ayer abundan en esa favorable transmisión, con la mayor reducción del desempleo en cualquier agosto de la historia, 82.583 personas con respecto a julio, encadenando seis meses consecutivos de caída. Es un indicador tanto más favorable cuando menos habituales son esos descensos del paro registrado en un mes que tradicionalmente acusa el final de la temporada estival en los servicios y el turismo de forma destacada. También lo es cuando se observa el descenso significativo del paro en los menores de 25 años o la más pronunciada caída en el de las mujeres; y, no menos importante, en el de los trabajadores afectados por los ERTE: a final del mes pasado eran 272.190 los protegidos con ese mecanismo, frente a los más de 3,5 millones en el máximo de 2020.

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Que todavía sean 3.333.915 ciudadanos los desempleados es argumento suficiente para no echar las campanas al vuelo. Algunos rasgos estructurales del mercado de trabajo español siguen sin ser satisfactorios, como la amplia precariedad y las bajas remuneraciones. Menos intenso ha sido el aumento de los afiliados a la Seguridad Social, que con respecto al mes anterior registra 118.000 cotizantes menos en términos medios, aunque cuando se ajusta estacionalmente el aumento es de 76.541, hasta ese total de 19.477.505 afiliados actual que iguala prácticamente el existente al inicio de la pandemia.

Pero esa tendencia inequívocamente favorable descansará ya en otros factores. El efecto base derivado de comparar registros actuales con los muy deprimidos del año pasado irá diluyéndose, como ocurrirá con el arrastre de las economías que han actuado de locomotoras, China y EE UU de forma destacada, o con algunas políticas estimuladoras de la demanda. La tendencia favorable dependerá en mayor medida de actuaciones propias.

La más importante para la completa normalización económica será mantener los avances en la vacunación de la población y en la atención a los colectivos más vulnerables. En segundo lugar, el horizonte de recuperación de la economía española seguirá beneficiándose de la participación muy destacada en la asignación de fondos europeos a inversiones modernizadoras, como las concretadas en transición energética e intensificación digital, susceptibles de aumentar también la calidad del empleo. Pero para sacar el máximo rendimiento de esas aportaciones es necesario, en primer término, garantizar no solo la existencia de proyectos suficientes, sino su eficiente tramitación y coordinación entre administraciones. No menos importante es la necesidad de mantener el pulso reformista comprometido con Bruselas y lograr una concreción suficiente de esa colaboración público-privada susceptible de multiplicar los efectos favorables de las inversiones españolas y extranjeras. Para que eso suceda, es necesario transmitir señales de estabilidad en ese horizonte plurianual en el que se concretarán esas inversiones. Y eso no es compatible con la crispación como única señal de interlocución que el PP pretende instalar: también el empleo necesita imperiosamente zonas de encuentro.

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