tribuna
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España no va a abandonar a Afganistán

El fin de la presencia internacional en aquel país es el comienzo de una nueva etapa de acogida y apoyo para favorecer la futura protección y cobertura de los refugiados

Manifestación de mujeres en Kabul, el pasado 7 de septiembre.
Manifestación de mujeres en Kabul, el pasado 7 de septiembre.WANA NEWS AGENCY (Reuters)

Escribo estas palabras, estas breves notas, todavía sobrecogida por las noticias y las imágenes que nos llegan desde Afganistán. Mi responsabilidad como Fiscal General del Estado me ha permitido conocer de cerca alguna de las terribles circunstancias en las que se ha desarrollado el operativo de evacuación de los colaboradores de España, de las instituciones comunitarias y de aquellas ciudadanas y ciudadanos cuyas vidas corrían peligro.

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También he podido percibir el contexto en el que se sitúan las coordenadas del nuevo régimen a través de los testimonios de las personas evacuadas. Sus relatos son terribles. Portando únicamente la maleta de sus miedos dejan atrás sus vidas, lo dejan todo. Solo han podido salvar su integridad, pero han abandonado seguramente a familiares, seres queridos, lo tangible y lo intangible, parte de su futuro y muchas de sus esperanzas.

Por otro lado, los poderes públicos españoles, la sociedad civil, las organizaciones no gubernamentales, profesionales, periodistas, activistas, ciudadanas y ciudadanos anónimos, todas y todos han dado ejemplo de entrega y preocupación. Han aportado, además de la demostración de su militancia en los derechos humanos, dentro sus posibilidades, su ayuda para poder acoger, salvar la vida o auxiliar a quienes finalmente han podido ser evacuados y abandonar el país.

Sin embargo, somos profundamente conscientes —y es la motivación de este artículo— del concreto peligro, el riesgo para sus vidas, la quiebra de su futuro, la angustia vital que miles y miles de ciudadanos afganos padecen en este momento. Principalmente mujeres y niños, principalmente mujeres y niñas.

En el siglo de las mujeres, quienes invocamos desde nuestras privilegiadas tribunas la igualdad como un estándar básico de convivencia no podemos sino mostrar nuestra indignación y rechazo ante el escenario que contempla la nueva realidad, el riesgo cierto de una vuelta al pasado, el asombro por el desprecio a los avances de la humanidad, el peligro de retroceso para la justicia y la paz.

Los derechos humanos son uno de los más importantes logros de la civilización. Tienen su fundamento en el reconocimiento de la dignidad intrínseca que posee todo ser humano, por razón de raza, sexo o religión, o cualquier otra diversa condición. Son presupuesto y pilar de los valores de la libertad, la justicia y la paz en el mundo. Todos y cada uno de nosotros, como ciudadanos y ciudadanas, hemos de ser militantes en su defensa. Todas las naciones, todos los poderes públicos e instituciones, debemos ejercer una permanente labor de vigilancia. Porque los derechos humanos tienen naturaleza universal y omnicomprensiva, no pueden conocer fronteras. Su protección debe constituir un esfuerzo conjunto, como testimonio de la solidaridad humana internacional.

La vida humana, el primer valor que debe ser defendido, está siendo seriamente cuestionado para una parte importante de la ciudadanía, no solo por su condición de mujer o niña, no solamente por su identidad sexual, sino también por sus actividades pasadas o por su actividad profesional. No es momento de hacer distingos, pero sí significar que determinadas profesionales del Derecho (juezas, fiscalas, abogadas), por el simple hecho de ejercer su labor tienen comprometida su vida y pueden ser objeto de represalias.

La Fiscalía española, en defensa de los valores constitucionales, de los derechos humanos y las libertades, trabajará como lo ha hecho siempre —ahora, si cabe, con más intensidad—, para favorecer la futura protección y cobertura de los refugiados, especialmente de las mujeres y niñas afganas. Mi predisposición personal, el compromiso constructivo y la colaboración interinstitucional estarán a su servicio.

El día 31 de agosto, fin de la presencia internacional en el país, es la fecha de comienzo de una nueva etapa, es tiempo de acogida y apoyo, y también de reflexión. Para que lo que está ocurriendo en Afganistán no repercuta en nuestra sociedad y provoque una regresión hacia discursos de odio y populistas en contra de determinados colectivos. Para que sobre la situación real de las mujeres en todo el mundo seamos capaces de articular, no solo desde las sociedades occidentales, un proyecto global, integrador, progresista e igualitario.

El pasado 2 de septiembre, recibí al exfiscal general de Afganistán, Zabihullah Karim, evacuado con éxito por las autoridades españolas y ahora en nuestro país. Los detalles de su salida son tan impactantes como lo es la dureza de su relato al describir los dramáticos momentos padecidos por él y por su familia antes de hacerse efectivo el rescate. La llegada al aeropuerto de Afganistán, el cerco de los talibanes, el miedo, la violencia, el caos, el temor, la situación de las personas que no han podido ser evacuadas, forman parte de un relato estremecedor que golpea nuestra conciencia y revela nuestra impotencia. A esa historia personal, tan real, tan dura, tan palpable, la acompañan sus reflexiones sobre el futuro, su futuro personal, el inmediato y el de su país. El futuro, en definitiva, de todos nosotros en un mundo incierto y en alerta al que añadir la amenaza del terrorismo. Somos lo que damos, ofrezcamos nuestro apoyo y solidaridad.

Dolores Delgado es la Fiscal General del Estado de España.

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