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Vuelve el bipartidismo... o no

Más allá del ‘marketing’ de la operación, el pacto PSOE-PP es un brindis a la nostalgia de los grandes consensos de Estado, pero enojoso para los actores secundarios del multipartidismo

Pedro Sánchez saluda a Pablo Casado a su llegada al Real Monasterio de Yuste para asistir a la entrega de la XIV edición del Premio Europeo Carlos V, este jueves.
Pedro Sánchez saluda a Pablo Casado a su llegada al Real Monasterio de Yuste para asistir a la entrega de la XIV edición del Premio Europeo Carlos V, este jueves.Manuel Ángel Laya (Europa Press)

Tras desatascar algunas instituciones bloqueadas durante años, es lógico que algunos titulares incurran, sin llegar a los clarines, en un cierto tachintachán. El voceado pacto Gobierno-PP es un pacto PSOE-PP, excitante para la melancolía del bipartidismo. El PSOE, eso sí, se ha parapetado en la marca Gobierno para no irritar a su socio —toda una paradoja, tratándose de un pacto de naturaleza parlamentaria— y la propia Ione Belarra ha corrido a reclamar la maternidad compartida antes de quedar en un offside incómodo. Más allá del marketing de la operación, este pacto es un brindis a la nostalgia de los grandes consensos de Estado pero enojoso para los actores secundarios del multipartidismo. ¡Se reparten el Estado!, clama Edmundo Bal poniendo el grito en el cielo con el argumento del intercambio de cromos. También Vox reaccionaba al acuerdo Casado-Sánchez: “Revela lo que llevamos tiempo diciendo: el PP comparte la agenda progre y está más cerca del PSOE que de sus propios votantes”. Este es, parafraseando aquella historia de la Guerra Civil, un pacto que no va a gustar a nadie... salvo a algunos millones de españoles no tanto hastiados de que no se renovaran esas instituciones como de la ausencia de consensos.

El bibloquismo ha derivado en una versión degradada del bipartidismo. No ha generado un pactismo líquido, sino una tensión polarizada. La asimetría constructiva solo duró lo que la hipótesis de Ciudadanos como bisagra liberal. Al cabo, el bibloquismo se impuso hacia los extremos populistas iliberales, con escasa iniciativa regeneradora. El pacto de PSOE-UP es solo el anticipo de PP-Vox bajo la mecánica de la alternancia. Y aunque a algunos les resultan reconfortantes las comparaciones sobre qué es peor, eso solo pretende blanquear una de las opciones a las que absurdamente se denomina CEDA y Frente Popular por la inclinación casi enfermiza a la hermenéutica años treinta. Tal vez en la izquierda haya una vía diluyendo Podemos en el proyecto de Yolanda Díaz —con el entusiasmo inquietante de Iván Redondo, aunque quizá solo sea una solicitud de trabajo—, pero a sus portavoces les cuesta desistir, y tanto más a Pablo Iglesias, que parece haber intuido un nicho de mercado en Cataluña y ya ensaya relecturas y boutades en torno a 1713 hasta el nombre del actual Rey.

Claro que confiar en que este pacto de PSOE y PP anticipe el fin del ciclo noesnoísta, formulado por Sánchez en 2016 pero cuajado a fuego lento desde el aznarismo, requiere un candor imposible. A Casado, con viento demoscópico de cola, le convenía un gesto conciliador porque, como advertía el politólogo turinés Gianfranco Pasquino en La oposición, esta no puede limitarse a la intransigencia y la barricada crítica. Y además a Casado le interesaba renovar a magistrados del TC poco casadistas como Rivas y Ollero. Para el PSOE, en víspera de su congreso, también era un modo de salir del escenario de bloqueo desde la foto fija con ERC y Bildu. El acuerdo, en fin, no da para creer ni remotamente en una grossen koalition a la alemana, pero quizá tenga algún efecto balsámico en quienes añoran el bipartidismo desde el hartazgo del bibloquismo polarizado.

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Sobre la firma

Teodoro León Gross

Málaga, 1966. Columnista en El País desde 2017, también Joly, antes El Mundo y Vocento; comentarista en Cadena SER; director de Mesa de Análisis en Canal Sur. Profesor Titular de Comunicación (UMA), licenciado en Filología, doctor en Periodismo. Libros como El artículo de opinión o El periodismo débil... Investigador en el sistema de medios.

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