EDITORIAL
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Crisis en Perú

El cambio de Gobierno del presidente Castillo lo hace más plural e inclusivo pero no garantiza su estabilidad

Pedro Castillo y Guido Bellido, el pasado 29 de julio en Ayacucho (Perú).
Pedro Castillo y Guido Bellido, el pasado 29 de julio en Ayacucho (Perú).ERNESTO BENAVIDES (AFP)

La decisión del presidente de Perú, Pedro Castillo, de forzar la renuncia del primer ministro Guido Bellido responde a la necesidad de mantener a flote un Gobierno que ya se había enquistado en apenas dos meses de mandato. La reacción de Castillo busca, de una vez por todas, enderezar una Administración paralizada prácticamente desde hace más de un año entre continuos cambios en el Ejecutivo e interinatos. Además, en un golpe de efecto, Castillo ha alejado al ala más radical del partido que le aupó al poder del Ejecutivo, sin que esté claro el coste que pueda recaer sobre él en los meses venideros.

La presencia de Bellido al frente del Gabinete se había vuelto insostenible. Las semanas previas a su renuncia, el Consejo de Ministros ni siquiera se había reunido. A Bellido, un político que en el pasado había simpatizado públicamente con el grupo terrorista maoísta Sendero Luminoso y que, al mismo tiempo y al igual que Castillo, había mostrado pocas dudas sobre sus postulados conservadores en asuntos sociales, no se le recuerda otro gesto al frente del Gabinete que alardear de su poder. Un poder que le fue otorgado por Castillo, pero que nadie duda que fue una exigencia de Vladimir Cerrón, el líder de Perú Libre, el partido marxista-leninista que aupó al maestro rural a la presidencia, toda vez que Cerrón fue inhabilitado para ello.

La renuncia de Bellido trajo consigo siete nuevos miembros al Gabinete, que ahora lidera una mujer, Mirtha Vásquez. Se podría considerar que la izquierda progresista ha ganado espacio en el Gobierno salido de la primera crisis en detrimento del radicalismo que ejemplificaba Bellido como ningún otro miembro del Gobierno. También se ha paliado un marcado déficit del primer Gabinete, en el que apenas cabía registrar presencia de mujeres ministras.

Sobre la gobernabilidad de Perú, sin embargo, no hay señales que apunten al optimismo a corto plazo. Cerrón, un político condenado por corrupción, ha asegurado que la bancada de Perú Libre no dará el voto de confianza al nuevo Ejecutivo de Vásquez, al considerar que su nombramiento representa un giro del Gobierno hacia el centro derecha. El líder de izquierda radical, que también ha amenazado con expulsar a algunos diputados de la formación, no hace si no tensar aún más el pulso con el presidente Castillo y volver a evidenciar que lo considera un títere a su servicio antes que un aliado. Del mandatario depende ahora más que nunca romper de forma rotunda con Cerrón y sus exigencias de sometimiento y comenzar a tender puentes con otros sectores que también le han dado su voto de confianza y han valorado de forma positiva el cambio en el Gabinete. El riesgo de no asumir esa nueva situación podría acercar a Perú a una inestabilidad que lo haga ingobernable, o mandarlo directamente a pique.

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