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Móviles

Conozco gente que no tiene estos artefactos porque forman parte de un mundo al que ha decidido no pertenecer. Pronto esa decisión ya no será posible

Gente mirando el móvil en un vagón del metro de Madrid.
Gente mirando el móvil en un vagón del metro de Madrid.DAVID EXPOSITO

Mantengo con la tecnología una relación serena. Tuve mi primer teléfono móvil en 2009, porque mi madre agonizaba en un hospital demasiado grande en el que nos costaba encontrarnos con mi familia. Desde entonces, lo he cambiado sólo dos veces. No lo uso para trabajar, casi nunca lo llevo cuando salgo. Tener un móvil no era una condición para ser ciudadanos. Ahora, quienes no lo tengan serán personas con pocos derechos. Se ve en varios ámbitos. No tardará en expandirse. Para viajar hay que firmar declaraciones juradas, mostrar certificados. Pero, aunque no figure entre los requisitos para subir a un avión, el móvil es más imprescindible que todo eso. Antes de entrar a ciertos aeropuertos hay que llenar documentos que deben descargarse in situ. Antes de entrar a ciertos países hay que completar formularios online al pasar por migraciones. He visto a personas con móviles viejos sin lectores de códigos QR, o que no conseguían conectarse al wifi, o que se habían quedado sin batería. He visto a personas rogar por un formulario de papel, pedir un móvil prestado, ser maltratadas por funcionarios de toda índole. Y, sin embargo, no escuché a nadie protestar, decir: “El móvil no es un requisito, tengo derecho a no tener”. Nos dirigimos mansamente hacia un mundo en el que estaremos dispuestos a aceptar cualquier cosa. Conozco gente que no tiene móvil porque el artefacto forma parte de un mundo al que ha decidido no pertenecer. Pronto esa decisión ya no será posible. En una entrevista con este diario, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han dijo: “Solo un régimen represivo provoca la resistencia (…) El régimen neoliberal, que no oprime la libertad, sino que la explota, no se enfrenta a ninguna resistencia. No es represor, sino seductor. La dominación se hace completa en el momento en que se presenta como la libertad”. Casi nada me resulta más escalofriante que ese apacible sometimiento.

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Sobre la firma

Leila Guerriero

Periodista argentina, su trabajo se publica en diversos medios de América Latina y Europa. Es autora de los libros: 'Los suicidas del fin del mundo', 'Frutos extraños', 'Una historia sencilla', 'Opus Gelber', 'Teoría de la gravedad' y 'La otra guerra', entre otros. Colabora en la Cadena SER. En EL PAÍS escribe columnas, crónicas y perfiles.

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