columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Carnicería ETA

La derecha española solo está obsesionada con defender a las élites económicas y dinamitar la aspiración patriótica de un trabajo decente. En esa obsesión, pierden respeto a las víctimas

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, interviene en un encuentro con empresarios, este viernes en Gijón.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, interviene en un encuentro con empresarios, este viernes en Gijón.Jorge Peteiro (Europa Press)

Afirma Isabel Díaz Ayuso que es mejor no estar con ETA cuando hay que posicionarse en la vida. Tiene toda, toda, toda la razón. Lo sé por experiencia propia. A mi padre, militar, lo posicionaron en San Sebastián cuando ascendió a coronel. A un militar de infantería el valor se le supone, pero su mujer y sus hijos pasaron años difíciles en los cuarteles de Loyola. Resulta duro pensar que alguien se considera con derecho a ser aplaudido por asesinarte. Caminar por la ciudad suponía un trago de txikitos de alta graduación. Por eso admiro tanto a personas como Juan Mari Jaúregui, un socialcomunista que dio su vida para poner fin a la barbarie. Y por eso no comprendí nunca a los que procuraron por todos los medios retrasar el fin de ETA. Querían mantener negocios familiares relacionados con los guardaespaldas o ganar votos en las campañas electorales.

ETA fue una carnicería en la que se despachó un surtido variado de crueldades. Se sirvió en la vajilla de la muerte una diversidad de cortes y cegueras que tenían que ver con la religión, el nacionalismo, los rencores y las lecturas fanáticas de la historia. Por desgracia, la barbarie se alió con la sal de los que quisieron aprovechar los cadáveres, despiezándolos en sus campañas electorales en favor de las bajadas de impuestos y la precariedad laboral. Los asesinos nacionalistas tenían como única obsesión la independencia de su tierra. La derecha española solo está obsesionada con defender a las élites económicas y dinamitar la aspiración patriótica de un trabajo decente. En esa obsesión, pierden respeto a las víctimas y siguen haciendo uso demagógico de sus muertes. ¿Dejarán un día de manipular el dolor que ETA supuso para todos? Confieso que hoy San Sebastián es una de mis ciudades española preferidas. En sus calles vi cómo lo que parecía imposible se hizo realidad.

Cuando un tema da mucho que hablar, lee todo lo que haya que decir.
Suscríbete aquí

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites
Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS