Cartas a la Directora
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

Nuestro trabajo sostiene el mundo

Los lectores escriben sobre el trabajo femenino no remunerado, la guerra en Ucrania, el espionaje y el uso de los verbos oír y escuchar

Una mujer teletrabaja desde el salón de su casa en París mientras su hija juega a su lado.
Una mujer teletrabaja desde el salón de su casa en París mientras su hija juega a su lado.Getty Images

El Día de la Madre, a mí solo me salió hablar de este sistema infernal que se sustenta en torno a todo el trabajo gratuito que hacemos las mujeres. Os regalamos nuestro tiempo. Un tiempo que no podremos invertir en crecer profesionalmente, en nuestra propia salud física y mental o en nuestro ocio y autocuidado. Y todo porque aquí nosotras nos hemos incorporado masivamente al mercado laboral, pero vosotros no habéis hecho lo mismo de puertas para dentro. Algunas pensaréis que ese no es vuestro caso; joder cuanto me alegro, de verdad. Pero también os diré que, según Save the Children, España es el tercer país de la UE con mayor pobreza infantil y, aunque mis hijos ni de lejos rocen esa realidad, no puedo negarla. Que no te pase a ti no significa que no pase. Y por eso cada vez me gustan más los datos. La brecha salarial existe, las pensiones miserables de las mujeres existen, las excedencias y las renuncias son siempre mayoritariamente femeninas y la mayoría de las veces que un menor o persona vulnerable o dependiente acude a un centro de salud lo hace en compañía de una mujer. El sistema es tan perverso que, cuando las mujeres no podemos estar ahí y se externalizan los cuidados, también lo hace otra mujer, normalmente en condiciones precarias y dejando de cuidar a los suyos. Es una pesadilla. A mí, ser madre me ha servido principalmente para ser consciente de todo esto. Y por eso no entiendo cuando se habla de la sensibilidad femenina en nuestro sector. Sirve para todo, desde ocultar el talento real de una enóloga hasta describir un vino menos tánico. Mirad, somos más sensibles y empáticas porque es lo que ocurre cuando estás en contacto con el lado más vulnerable de la vida. Así que, hijas mías, os abrazo fuerte hoy, a las madres y a todas las mujeres que cuidáis. Nuestro trabajo sostiene el mundo y sois las putas amas.

Irene Guede. Pamplona

Guerra sin piedad en Ucrania

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Llevamos más de dos meses de guerra. Miles de muertos y millones de desplazados. Ruina y desolación. Familias rotas y separadas. Ciudades arrasadas. Hospitales, teatros y colegios hechos escombros. La gente sobrevive escondida en los sótanos, sin agua, sin luz, sin medicamentos y sin comida. No se respetan los corredores humanitarios. Solo se habla de guerra, de armar a Kiev y muy poco de paz. El fracaso de la diplomacia es más que evidente. Parece que nadie quiere que regrese la paz a este rincón de Europa. Nadie niega el derecho de Ucrania a defenderse de una agresión. Rusia no parará hasta acabar con Ucrania, como hizo en Chechenia. Vladímir Putin tiene armamento suficiente como para hacer saltar por los aires a Ucrania. Fracasada la acción militar de Rusia, a Putin solo le queda desplegar todo su poderío militar para aplastar a Ucrania y forzar una rendición.

Patricio Simo Gisbert. Valencia

Desconfianza

Tengo un amigo que es un profesional informático. Comenzó cracker, siguió como hacker y, finalmente, recaló en una multinacional de las gordas. Hace cosas que sorprenden: tiene la cámara del portátil tapada con esparadrapo y le ha eliminado el micrófono; utiliza un teléfono móvil muy antiguo; no hace gestiones bancarias ni con el teléfono ni con el ordenador; si le buscas en internet, no aparece ni existe. ¡Qué será de nosotros!

Víctor Cassi. Renedo (Cantabria)

Desaparición del verbo oír

Hace meses que observo, incrédula, la inexplicable y paulatina desaparición del verbo oír. Entre amigos, en la calle o en los medios, parece que nadie recuerde que ese verbo existe. Durante la erupción del volcán de La Palma, se “escuchaba el rugido” o en Ucrania, se “escuchan las sirenas o los bombardeos”. No. No se escuchan, se oyen. El verbo oír existe y es la manifestación de la actividad de uno de nuestros cinco sentidos, el oído. Soy intérprete de profesión y, sin oír, nada puedo hacer, se lo aseguro. ¿Alguien podría ayudarme en mi campaña por la recuperación del verbo oír?

Maite Bouyat Salamanca. Barcelona



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