DEFENSOR DEL LECTOR
Tribuna
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Toros en Cultura (2)

El periódico debería haber advertido a los lectores de que las crónicas taurinas solo se publican en la web

El torero Ginés Marín, junto al sexto toro de la corrida del pasado martes en Sevilla.
El torero Ginés Marín, junto al sexto toro de la corrida del pasado martes en Sevilla.Julio Muñoz (EFE)

Pocas zonas de EL PAÍS concitan reacciones tan controvertidas como la de Toros (en la web) y La Lidia (en papel). Los mensajes de los lectores al respecto son o bien para exigir más crónicas sobre tauromaquia o bien para reclamar que se elimine ese epígrafe, incluido en la sección de Cultura pese a las viejas protestas de algunos. El periódico, que tiene pendiente un debate sobre el asunto, no da la razón a unos ni a otros. Por la vía de los hechos, sin embargo, parece inclinarse por los contrarios a la información taurina porque esta ha desaparecido sin previo aviso de la edición impresa.

Este domingo se solapan las dos ferias taurinas más importantes del mundo. Acaba la de Sevilla y comienza la de Madrid. Quienes leen el diario solo en papel no podrán seguir esos acontecimientos. Unas elocuentes cifras sobre la deriva en la edición impresa: en 1995, EL PAÍS publicó más de 1.000 textos sobre toros; en 2019, año sin pandemia, fueron 150; desde el pasado 1 de enero, solo seis.

En la edición digital sí se encuentra esa información, pero también a la baja. Se ha pasado de 800 textos en 2015, a 440 en 2019, y a 87 en lo que llevamos de 2022.

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Los lectores aficionados echan pestes. Juan Montoro exige ver esa subsección en ambas ediciones. Miguel Cid Cebrián nos acusa de “silenciar” la información taurina. J. M. del Barrio se pregunta por qué “se esconde” el blog El toro, por los cuernos, del crítico taurino Antonio Lorca. Juan Ramírez-Cendrero lamenta no poder seguir recortando y coleccionando crónicas como las de Lorca. Y Ana Gómez se pregunta: “¿Connivencia con los modernos antitaurinos? ¿Se asocia (esa fiesta) a retrógrados o derechistas y no conviene a un periódico progresista?”.

En el otro lado, Víctor Zuazua pide medios técnicos para invisibilizar las noticias sobre “esa fiesta cruel e indigna”: “Ahórrennos el bochorno de dicho evento cultural en su diario”. Izaskun Ríos: “No dejo de enfadarme. ¿Por qué sigue apareciendo en la sección de Cultura, en la que más ofende?”. Ismael Gómez: “Borraría la suscripción cuando veo que EL PAÍS informa de esa barbarie de maltrato animal”.

Guillemo Altares, redactor jefe de Cultura, asume que el periódico tendrá que abrir ese debate porque ya está planteado en la sociedad y porque nadie puede obviar “ese factor de maltrato y crueldad”. Pero por ahora, dice, Toros y Lidia seguirán en Cultura porque “forman parte de la tradición del periódico”, porque la tauromaquia “no se entiende sin Francisco de Goya o Federico García Lorca” y porque la actividad taurina se administra desde el Ministerio de Cultura.

Aunque el periódico cubrirá las grandes ferias, Altares advierte de que se publicarán solo en la web, salvo escasas excepciones. “No vamos a tener espacio en papel”. No lo ha habido para Sevilla ni lo habrá para Madrid.

Es lo que solivianta a tantos aficionados con quienes se muestra comprensivo Antonio Lorca. “Desde que desapareció Joaquín Vidal, los toros bajan un peldaño con cada cambio en el equipo responsable del periódico”, lamenta el crítico. “Hay aficionados mayores, suscriptores de papel que no usan la web, que están indignados”. En lo que va de año, Lorca ha publicado en papel un solo texto y fue una necrológica sobre Juan Manuel Albendea, gran aficionado taurino.

Lorca explica su versión: “Hay poco cariño a los toros en el periódico, porque no es políticamente correcto, no es progresista. Y conste que me siento bien tratado: la información taurina está bien nutrida en la web, mantengo el blog El toro, por los cuernos y el periódico jamás me ha puesto impedimento alguno”.

En definitiva, una mala noticia para los taurinos: el periódico no aumentará el raquítico espacio en papel para los toros. Y otra también mala para los antitaurinos: aún no está abierto el debate sobre si el periódico debe sacar esos textos de Cultura o incluso eliminarlos.

Algún avisado lector se ha percatado de esa situación y parece inclinarse por la tercera vía. A Javier Muñoz, por ejemplo, le gustaría que no hubiera corridas de toros, pero ya que existen, echa de menos en el papel “el juicio prescriptor y sabio de algunos críticos de cabecera”, como Lorca. A Muñoz le parecería “razonable” que el periódico anunciara abiertamente que ya no va a publicar información taurina en papel. Al no hacerlo, sospecha que EL PAÍS asume una contraproducente “cultura de la cancelación”.

Conclusión: el periódico debiera haber contado a los lectores que la información taurina se publica solo en la web. Se lo merecen los unos, los otros y los de la tercera vía. Cuanto más transparentes somos con ellos, más acertamos.

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Sobre la firma

Carlos Yárnoz

Es Defensor del Lector, llegó a EL PAÍS en 1983 y ha sido jefe de Política, subdirector o corresponsal en Bruselas y París. El periodismo y Europa son sus prioridades. Como es periodista, siempre ha defendido a los lectores. Ahora, oficialmente.

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