Columna
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Sí y no

Reconocer la dignidad humana es aceptar la libertad del otro y su disponibilidad para encaminar su vida como prefiera, siempre que no perjudique a terceros. No hay dignidad en ser obligado a obedecer a los sabios o a los santos, sólo humillante necesidad social

DVD 1077 (03/12/2020) 
En la foto, Asunta espera en su puesto habitual en una calle del polígono industrial de Villaverde. Villaverde Altoa, Madrid. 2020
David Expósito
DVD 1077 (03/12/2020) En la foto, Asunta espera en su puesto habitual en una calle del polígono industrial de Villaverde. Villaverde Altoa, Madrid. 2020 David ExpósitoDAVID EXPOSITO

¿La prostitución? Empecemos por la condena de quienes por medio de engaños y coacciones obligan a mujeres a prostituirse, les roban sus ganancias y las mantienen en servidumbre con amenazas y chantajes. Deben ser perseguidos por la ley, sus redes mafiosas desarticuladas y sus víctimas auxiliadas todo lo posible para iniciar una vida libre. Pero voy a referirme ahora a los partidarios de prohibir la prostitución en cualquier caso, aunque sea voluntaria (es decir, aunque constituya un “delito sin víctima”). Los prohibicionistas aseguran que la venta de favores sexuales es contraria a la dignidad humana, aunque no lo crean así quienes los venden. Atropella a la mujer (hay también prostitución masculina) y ejerce violencia contra ella... aunque sea con su aprobación. Discrepo: reconocer la dignidad humana es aceptar la libertad del otro y su disponibilidad para encaminar su vida como prefiera, siempre que no perjudique a terceros. No hay dignidad en ser obligado a obedecer a los sabios o a los santos, sólo humillante necesidad social. Un delito sin víctima es lo que se llama con mejor criterio un pecado o, con menos imaginación sobrenatural, un desorden público.

¿Cómo justifican la prohibición los del “sí es si”? Hubo eclesiásticos que negaron la libertad para el vicio, sólo la virtud es libre. Hoy neocuras dicen que el “sí” de la prostituta nunca es libre, lo sepa ella o no. Aunque diga mil veces sí, cuenta como un no. El sí sólo es verdadero cuando su motivación es limpia: lujuria(¡uy!), procreación (¡psch!), amor(¡aagg!!). Pero nunca por beneficio económico. El dinero siempre peca o hace pecar. ¿Es malo buscar el lucro? Pues yo no escribiría si no me pagasen. Y de los motivos del no, ¿nada que decir? ¿El no siempre es digno... aunque sea por fastidiar?

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