editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Italia vuelve a asomarse al caos

La dimisión del primer ministro, Mario Draghi, abre un escenario de crisis e incertidumbre

El primer ministro de Iralia, Mario Draghi, este viernes en Roma.
El primer ministro de Iralia, Mario Draghi, este viernes en Roma.ANGELO CARCONI (EFE)

La renuncia, provocada por la negativa del Movimiento 5 Estrellas a votar una moción de confianza al Ejecutivo en el Senado fue luego rechazada por el presidente de la República, Sergio Mattarella. Los grillini llevaban semanas enfrentándose al primer ministro, Mario Draghi, primero por el envío de armas de Ucrania y, después, a cuenta de un decreto de ayudas a los ciudadanos con el que discrepaban en algunos puntos. Motivos espurios, ya que lo pretendían era buscar perfil propio tras sus desavenencias internas y recuperar proyección mediática. El jefe del Estado intenta así ganar tiempo para evitar unas elecciones anticipadas que podrían perjudicar enormemente la frágil estabilidad del país. Pero tiene solo cinco días para lograrlo y unos meses por delante extremadamente delicados.

Italia es el mayor receptor de fondos de la Unión Europea del Plan de Recuperación pospandemia. Los casi 230.000 millones de euros asignados (entre préstamos e inyecciones directas) están condicionados a una serie de reformas y compromisos todavía no completados. Draghi, además, estaba llamado a diseñar una ley de presupuestos en octubre que armase a Italia ante un delicado de escenario de inflación y subidas de la prima de riesgo. Pero, sobre todo, el primer ministro italiano se había erigido en una de las figuras clave en la oposición europea a la guerra desencadenada por Vladímir Putin en Ucrania. Con Boris Johnson fuera de combate en el Reino Unido, Emmanuel Macron debilitado por la oposición de su Parlamento en Francia y Olaf Scholz demasiado ambiguo en Alemania, el primer ministro italiano se había convertido en un líder moral insustituible en esta cuestión. Los derroteros que pueda tomar la guerra, y las decisiones que adopte Moscú en otoño respecto a los flujos de gas y petróleo hacia Europa, abren un horizonte de incertidumbre frente al cual una crisis política e institucional es la peor noticia.

Los partidos italianos notan ya la cercanía de las elecciones, previstas originalmente para abril, cuando termina la legislatura. Por eso en los últimos meses sus líderes han intentado marcar unas señas de identidad que les devolvieran la identidad política que poco a poco se fue diluyendo en el Gobierno de unidad que Mario Draghi preside desde hace 17 meses.

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El accidente que provocó su dimisión el miércoles tiene que ver con la necesidad del Movimiento 5 Estrellas de frenar su hemorragia de votos y parlamentarios (la semana pasada perdió a unos 60). El desencadenante de esta crítica escapada ha sido un movimiento irresponsable de Giuseppe Conte, dos veces primer ministro italiano y convertido hoy en un líder débil a merced de los cambios de humor de lo que queda del partido antisistema. Por eso hay todavía un pequeño margen para que el expresidente del BCE, poco acostumbrado a cambiar de opinión, acepte reconsiderar su decisión y tenga tiempo para llevar el barco italiano a puerto.

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