ANATOMÍA DE TWITTER
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Vergonya

Las redes condenan el boicot al minuto de silencio en recuerdo de las víctimas del 17-A. La experiencia del 11-M reduce el impacto de las teorías conspirativas

Laura Borras se acerca a los manifestantes tras el el acto de homenaje a las víctimas del atentado del 17-A en las Ramblas.
Laura Borras se acerca a los manifestantes tras el el acto de homenaje a las víctimas del atentado del 17-A en las Ramblas.Gianluca Battista

Existe una categoría humana especialmente patética: los reventadores de minutos de silencio. Gente que sale de su casa y se dirige al escenario de una masacre, a la plaza o pleno de un Ayuntamiento o al interior del Congreso de los Diputados dispuesta a imponer su ideología, su soberbia y su ira hasta en los 60 segundos de recuerdo público a las víctimas del terrorismo o de la violencia machista. Ocurrió este miércoles en La Rambla de Barcelona, durante el acto en memoria de los fallecidos en el atentado de 2017. Un grupo de personas boicoteó el homenaje con pitidos y abucheos. Gritaban: “¡España es un Estado de asesinos!”. “¡CNI responsable!”; “¡Independencia!”. No sabemos qué se le pasó por la cabeza en ese momento a Jumarie, quien lloraba con una foto en el regazo de su pequeño Julian, de 7 años y nacionalidad británica y australiana, asesinado aquel día. Pero Twitter intentó imaginarlo y las condenas a ese grupo de energúmenos inundaron las redes, aplastando los tuits de los conspiranoicos, los egoístas, los que intentaron hacerse con un protagonismo que solo pertenecía a las víctimas.

Jumarie Querimit Catman sostiene, durante el homenaje a las víctimas del 17-A, una foto de su hijo Julian, asesinado en el atentado terrorista
Jumarie Querimit Catman sostiene, durante el homenaje a las víctimas del 17-A, una foto de su hijo Julian, asesinado en el atentado terroristaGianluca Battista

Escribió @Robert_ calvo: “Al resto de españoles y españolas: Lo que hoy habéis visto en La Rambla de Barcelona no es Catalunya. Ni siquiera es el independentismo catalán. Son solo unos fanáticos, enfermos de odio y sin respeto ni por nada, ni por nadie”. Criticó Gabriel Rufián, portavoz de ERC: “No respetar un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas de un atentado es miserable. Y sacar rédito político de ello, despreciable. No en mi nombre”.

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Porque no solo los conspiranoicos disputaron el protagonismo a las víctimas. Laura Borràs, de Junts, suspendida como diputada y presidenta del Parlament tras ser procesada en un caso de corrupción, se acercó al grupo de abucheadores para abrazarse a ellos. Sonreía ufana mientras las cámaras grababan cómo le gritaban “presidenta” y la aplaudían —a ella—, tras un homenaje a las personas que murieron arrolladas en La Rambla por un comando terrorista.

Tras el revuelo en las redes, en las que su propio partido, Junts, incluyó una crítica velada, Borràs concedió este jueves sendas entrevistas para decir que solo fue “una persona” la que gritó durante el minuto de silencio, que entre los manifestantes también había afectados por el atentado, que no hay que “criminalizar” y que su partido no la había desautorizado en ningún momento. “Los actos de recuerdo a las víctimas tienen que ser sagrados”, aseguró en Catalunya Radio. Pero la traicionó el subconsciente en las redes sociales, al replicar un mensaje advirtiéndole del “fuego amigo” y otro en el que se leía: “Laura Borràs está al lado de la gente que quiere que se investigue a fondo. Ella está junto a la verdad… no del paripé de minuto de silencio de unos políticos hipócritas”. Dime qué retuiteas y te diré quién eres.

El expresidente catalán Carles Puigdemont, huido de la justicia, aprovechó también su cuenta de Twitter para alimentar en control remoto la teoría de la conspiración: “El mejor homenaje que podemos hacer y el mejor respeto que podemos tener hacia las víctimas y sus familias es saber toda la verdad. No es justo ni humano negar a las víctimas el derecho a saber. Y es la mejor forma de despejar dudas y responsabilidades”.

Quizá es la experiencia del 11-M lo que ahora pone a muchos en guardia al oír ese “que se sepa toda la verdad”. Entonces (2004) no había Twitter, ni WhatsApp y no sabemos si las redes habrían ayudado a difundir los bulos o a destrozarlos, como hizo este periódico, explicando, por ejemplo, que el ácido bórico, utilizado para vincular a ETA con la masacre, era una sustancia usada para matar cucarachas y evitar el mal olor de pies, o que la tarjeta del Grupo Mondragón hallada en la furgoneta usada por los islamistas -otro supuesto nexo con los terroristas vascos- era, en realidad, una cinta de la Orquesta Mondragón – también las había del Dúo Dinámico, de boleros y de Pavarotti-. Quizá también ayudó a que la condena a las interferencias partidistas se impusiera en las redes a todo lo demás el hecho de que el mayor de los Mossos, la policía autonómica, Josep Lluìs Trapero, rechazase públicamente las teorías de la conspiración y alabase la labor del CNI. Pero nadie quita a esas familias el mal rato que tuvieron que pasar en ese minuto de silencio, ni todos los minutos de atención que les robó el procès. A ver si el año que viene.

Sobre la firma

Natalia Junquera

Reportera de la sección de España desde 2006. Además de reportajes, realiza entrevistas y comenta las redes sociales en Anatomía de Twitter. Especialista en memoria histórica, ha escrito los libros 'Valientes' y 'Vidas Robadas', y la novela 'Recuérdame por qué te quiero'. También es coautora del libro 'Chapapote' sobre el hundimiento del Prestige.

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