Columna
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Crimen de Estado Islámico

Nunca habrá evidencia que haga dudar a los creyentes en una teoría conspiratoria. A los que lo hacen por interés sí deberían pedírseles responsabilidades

Laura Borràs saluda a las personas que interrumpieron el minuto de silencio durante el homenaje a las víctimas del 17-A, el miércoles en Barcelona.
Laura Borràs saluda a las personas que interrumpieron el minuto de silencio durante el homenaje a las víctimas del 17-A, el miércoles en Barcelona.Kike Rincón (Europa Press)

Cuando el 25 de junio la plataforma 17A Exigim Responsabiltats creó su cuenta en Twitter, su mensaje fijaba posicionamiento y propósito: “Sabem la veritat. Exigim responsabilitats!”. Afirmaban que los servicios de inteligencia españoles organizaron la masacre yihadista de hace cinco años para impedir la independencia de Cataluña. La plataforma anunció que el día 17 convocaba una concentración ante la delegación barcelonesa de las instituciones comunitarias. Se sumó el Consell per la República, entidad presidida por Carles Puigdemont y que cuenta con más de 100.000 cotizantes, y se añadieron dos concentraciones más. La primera, a las 10 de la mañana en el Pla de l’Os de la Rambla, coincidiendo con el homenaje a las víctimas. Fueron estos concentrados a quienes saludó la expresidenta Laura Borràs, unas decenas de fanáticos que defienden de manera visceral la teoría de la conspiración.

Pero dicha teoría, con mayor o menor intensidad, ha sido legitimada por abogados, activistas, periodistas, medios de comunicación y electos de partidos independentistas. Empezó a sustanciarse hace algo más de dos años y su fundamento es la relación del imán de Ripoll con el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). “El cerebro de la masacre de Las Ramblas fue confidente del CNI hasta el día del atentado”, tituló Público. Tal afirmación y la del día después solo puede hacerse mixtificando la investigación, pero fue la primera piedra para construir una teoría que ha llegado al delirio de sostener que el imán escapó de la explosión en Alcanar. Nunca habrá evidencia que haga dudar a los creyentes en una teoría conspiratoria. A los que lo hacen por interés sí deberían pedírseles responsabilidades.

El miércoles, la diputada de Junts Aurora Madaula —secretaria segunda del Parlament, responsable de acción política interior del Consell per la República— repitió la versión banal de la teoría ante la delegación de la Comisión Europea. “La ciudadanía exige que las instituciones europeas hagan lo que las instituciones españolas no han querido hacer: investigar los atentados, saber toda la verdad, saber qué hay detrás del CNI y detrás del imán y que relaciones tienen con el Estado español”. Burda mezcla de demagogia y desconocimiento. Ya puestos, mejor repetir las únicas palabras en negrita del discurso de la portavoz de la plataforma: “El 17-A va ser un crim d’estat”. Dudo que se refiriese al Estado del que hablan Fernando Reinares y Carola García-Calvo en su segundo informe sobre los atentados. Lo dieron a conocer la semana pasada. Señalan a Estado Islámico (EI).

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En el informe se delimita la trayectoria yihadista del imán. En la primera década del siglo XX, implicación en círculos próximos a Al Qaeda; luego, encarcelamiento por tráfico de drogas y relación interesada con el CNI para evitar su deportación; en libertad desde 2014 y sin seguimiento policial; al fin, partidario de EI con estancia en Bélgica incluida. Lidera el proceso de radicalización de los jóvenes de Ripoll, organiza la célula donde la mayoría son hermanos o familiares. A través de miembros de la red de combatientes terroristas extranjeros, básicamente radicados en Bélgica, la célula enlaza con el aparato de seguridad exterior de Estado Islámico en un momento que desplegaba una nueva estrategia en Occidente. No improvisarán. Al tomar la decisión de matar cristianos y ser mártires, recaudan fondos al tiempo que adoptan estrictas medidas de seguridad.

Los investigadores del Instituto Elcano identifican los contactos que el núcleo de la célula estableció con excombatientes. Fechan sus días en Bélgica, cuando probablemente recibieron lecciones sobre fabricación de explosivos. Los usados en otros atentados estallaron en Alcanar el día 16 por accidente. Su único error los llevó a cambiar sus planes. No atentarían contra la Sagrada Familia y luego en la Torre Eiffel, de la que habían tomado fotografías días antes. Cuatro horas después del atentado en Las Ramblas cometido por un único terrorista, EI lo reivindicaba. Hablaba en plural de sus soldados. Habían ejecutado la operación atendiendo a su llamada contra los países que lo combatían. Después Cambrils. Eso y el dolor. La única verdad, trágica, es que en Cataluña sufrimos lo mismo que en otros países de Europa.


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Sobre la firma

Jordi Amat

Filólogo hispánico reconvertido en opinador y crítico literario. Los sábados publica reseñas sobre no ficción en Babelia y los domingos una columna buscando las raíces de la actualidad política. Ha estudiado la reconstrucción de la cultura democrática catalana y española, y su último libro es la novela de hechos reales 'El hijo del chofer'.

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