JAIR BOLSONARO
Columna
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Jair Bolsonaro y los “dolores del comunismo”

El mandatario de extrema derecha se escuda en los aspectos más sombríos y autoritarios de la religión para defender sus ideas

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, con seguidores durante un mitin de campaña realizado el 2 de septiembre, en Esteio.
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, con seguidores durante un mitin de campaña realizado el 2 de septiembre, en Esteio.DIEGO VARA (REUTERS)

En vísperas de la celebración del 200 aniversario de la independencia de Brasil, que este año reviste una tensión e importancia especial por celebrarse a pocas semanas de las elecciones presidenciales, el presidente Jair Bolsonaro, que aparece como perdedor en todos los sondeos frente al candidato Lula da Silva, ha convertido dicha celebración nacional en un gran acto de campaña. Todo Brasil está en vilo sobre el discurso que pronunciará, porque sabe que será el más importante de su campaña, y al que ha convocado a todos sus seguidores.

En su búsqueda desesperada de votos, Bolsonaro no sólo ha hecho guiños a los evangélicos, que en una gran mayoría ya le votan, sino que ha asistido con la mitad de su gabinete a una misa católica en Brasilia, corazón político del país. La misa, celebrada por el sacerdote Jean Marcos en la parroquia de Sao Miguel Arcanjo, ha generado un especial interés, ya que el cura permitió que hablara tanto el presidente Bolsonaro como su ministro de Defensa, Paulo Sérgio Nogueira. Bolsonaro inició su sermón de rodillas y después lo acabó de pie. En él pidió a Dios: “Aleja con la fuerza de la Santa Cruz todos los poderes enemigos que amenazan al pueblo brasileño”. Y —mientras los fieles gritaban “!mito! ¡mito!”— añadió: “Aleja de nosotros la peste del comunismo”. Bolsonaro cerró su sermón con su lema de “Dios, patria, familia y libertad”. El sacerdote añadió: “Brasil es enemigo del comunismo, de la ideología de género y del aborto”.

El ministro Nogueira no quiso quedarse atrás y, citando la primera carta de San Pablo a los Corintios, arremetió contra los pecados del sexo: “No os iludais: ni los pederastas, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los ladrones, ni los borrachos tendrán parte en el Reino de Dios”.

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Junto con el Presidente y el ministro de Defensa estuvieron presentes en la misa los ministros de Economía, Paulo Guedes; de Exteriores, Carlos Franca; el Abogado General de la Unión, Bruno Bianco; el de Sanidad, Marcelo Quiroga; y el senador Flavio Bolsonaro, hijo del presidente.

La misa en Brasilia, para cuya celebración ha sido traído el corazón del emperador Don Pedro I —trasladado por las Fuerza Aérea de Portugal en un frasco de formol— ha tenido una especial resonancia en los medios y en la opinión pública, ya que ha sido una anticipación del gran acto político de mañana. Se espera, tanto en Brasilia como en Río y Sao Paolo, una gran multitud de seguidores del “mito” de la extrema derecha, que se escuda en los aspectos más sombríos y autoritarios de la religión para defender sus ideas, mientras se temen acciones de violencia dado el clima encendido de los bolsonaristas más radicales, que ven que se esfuma la posibilidad de reelección de su jefe.

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