ELECCIONES EN BRASIL
Columna
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Brasil se juega en las elecciones su presente y su futuro

El mundo tiene los ojos puestos, con zozobra y esperanza a la vez, en las atípicas elecciones brasileñas que se juegan entre la esperanza y el miedo

Seguidores de Luiz Inácio Lula da Silva, en Sao Paulo.
Seguidores de Luiz Inácio Lula da Silva, en Sao Paulo.CAIO GUATELLI (AFP)

El domingo próximo Brasil se juega, en sus elecciones presidenciales, las más perturbadoras desde el regreso de la democracia, no sólo su presente sino también su futuro. Se va a tratar además de unas elecciones cuya importancia e influjo político atañen a todo el continente latinoamericano y más allá.

Que dichas elecciones han alcanzado una dimensión global lo revela el hecho de que, por primera vez en unas elecciones brasileñas, el Alto Comisario de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos acabe de manifestar su preocupación con los posibles actos de violencia contra quienes irán a las urnas en Brasil el domingo próximo. “Estamos preocupados que el ambiente hostil represente una amenaza a la participación política y a la democracia e instamos al Estado a proteger a los candidatos de cualquier amenaza y actos de intimidación”, afirman los relatores de la ONU.

Aunque parezca una paradoja Brasil tiene al mismo tiempo una ocasión especial de dar un nuevo rumbo al país en un momento en el que el mundo está en dolores de parto y aún no sabemos si nacerá un nuevo ciclo que de paso a los anhelos de libertad y felicidad o a un nuevo demonio que nos traiga los fantasmas de tiempos sombríos de un nuevo oscurantismo, está vez agudizado por la posibilidad tecnológica de destrucción total.

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Lo que sí está claro a pocos días de las elecciones es que para bien o para mal el próximo domingo en Brasil el desfile a las urnas no será una rutina más. Estamos ante una incógnita cuyo resultado puede está vez tener ramalazos de esperanza o de desgarro, más allá de las fronteras del país.

En dicha coyuntura de excepcionalidad política es importante que el mundo entienda lo que se juega en Brasil. Es urgente entender que el peligro del bolsonarismo y de su fundador no es el de un fanático más de la extrema derecha mundial. Estamos ante un nostálgico de dictaduras. La violencia al estado puro parece estar en su ADN.

Ante el peligro de que una victoria de Bolsonaro y de sus tres hijos, también políticos, amamantados en la misma ideología de destrucción y de filosofía del odio a todo lo que tenga el sello de la libertad, resulta esperanzador la probable victoria de un político como Lula da Silva, considerado, a pesar de las críticas que se le puedan hacer, como un fenómeno capaz de entender las entrañas de la política. Él mismo se ha definido como “una metamorfosis ambulante”, capaz de adaptarse a las situaciones más inéditas y complejas.

Quizás por ello esté desconcertando hasta a sus cercanos seguidores la forma con la que ha organizado esta vez su campaña y su candidatura. Lula puede lograr un gobierno democrático que reúna las mayores inteligencias del país, incluidas las mujeres hoy a la vanguardia.

Bolsonaro llegó al límite del abismo de la inhumanidad cuando durante la pandemia se divirtió públicamente imitando jocosamente a los que morían asfixiados por falta de oxígeno, que el gobierno les negó. Los hijos de Bolsonaro, sobre todo el diputado federal, Eduardo, amigo personal de Trump y de su familia, ya han recorrido los países donde está creciendo la nueva extrema derecha neofascista, ofreciéndoles a Brasil como centro estratégico del nuevo movimiento.

Todo ello se lo juega Brasil dentro de una semana. Y guste o no, en este momento sólo la agudeza política, su pasado de luchas democráticas y su prestigio internacional hace que sólo Lula sea capaz de frenar los sueños de una nueva y peligrosa política destructiva de los mejores valores conquistados por la democracia. El mundo lo ha intuido y por ello tiene los ojos puestos, con zozobra y esperanza a la vez, en las atípicas elecciones brasileñas que se juegan entre la esperanza y el miedo.

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