Columna
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Tamara, Íñigo, Risto... el amor es una tómbola

Hay un impulso poético de expresar el desamor que contrasta con la ausencia de un comunicado en el que se anuncie la buena nueva: que dos empiezan

Tamara Falco e Íñigo Onieva, en noviembre de 2021 en Madrid
Tamara Falco e Íñigo Onieva, en noviembre de 2021 en MadridANTONIO QUILEZ (Cordon Press)

Este domingo, mientras seguía en directo (¿por qué no hubo un “en vivo” en los diarios?) el carrusel sentimental de rupturas en España, pensé melodramáticamente en la necesidad que tienen muchas parejas de anunciar públicamente sus rupturas, pero no así sus noviazgos. Hay un impulso poético de expresar el desamor, una mala noticia, que contrasta con la ausencia de un comunicado en el que se anuncie la buena nueva: que dos empiezan. Un post en Instagram que empiece, redactado a medias por una agencia de publicidad y la estrella: “Ha llegado la hora. Con enorme ilusión quiero anunciar que le he pedido para salir al que durante muchos meses fue mi crush, y ha dicho que sí. Empezamos esta singladura pletóricos y os pedimos que respetéis nuestra intimidad. Hemos consumado (emoji de flamenca)”.

Los anuncios oficiales, sin embargo, se retrasan al nacimiento de un hijo, si lo hay. Los extraoficiales suelen ser hacer like a toda foto que cuelgue el otro y a toda prisa, llegar juntos a un estreno o a un concierto, o publicar una foto de cada uno en su muro que revele que están en el mismo sitio, ya sea una isla griega o el cuarto de la Pensión Amalia (cuanto más difícil mejor, siempre habrá un fan que encuentre la pista definitiva en una manchita de la pared o el punto de cruz de un bordado en la mesa camilla: eso es porque no están saliendo, están colgando pasatiempos). Esta última opción es como cuando le escribes siempre en español pero le dices “te quiero” en inglés, una confirmación pero no mucho, un pasito: salir juntos en la misma foto es como romper a hablar definitivamente en tu propia lengua. Miren a ese empresario nocturno (“¿a qué se dedica?”, “es empresario nocturno, sólo está conmigo”) diciendo “anuncio de engagement”; ya se habían prometido, ya se decían todas las palabras en español, pero de repente le salió el inglés y comprendió que tenía los dos pies fuera: le dejó antes el idioma que su novia.

Bien es cierto, al respecto de los comunicados, que es mucho más fácil datar la finalización de una relación (“extinction of contract”, dirá el empresario) que sus inicios, siempre más vagos. Pocas parejas se ponen de acuerdo con su fecha de inicio: pregúntate por qué una de las dos partes la retrasa siempre un par de meses, date cuenta. Eso o que se decida, como los embarazos, dejar asentar el amor varias semanas antes de coger el altavoz y salir a la calle. Un comunicado de ruptura tiene sentido si es pagado: es decir, tiene sentido si añades al final del escrito que todas las llamadas de ánimo las recibes con un Sony Xperia Z, que es la marca que se elige para estos trances.

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Respecto al amor y su propaganda, además de infames cuentas de Instagram abiertas por parejas, imaginen un comunicado de unos novios colgado en sus muros en el que se anuncie solemnemente que, a partir de ahora, su relación es abierta. Ahí quiero ver yo al público comentando, si comenta. “Después de 10 años increíbles de monogamia, nos gustaría anunciaros que a partir de ahora vamos a poder tener sexo con quien sea. Como siempre, pero sin remordimientos. Es un momento muy delicado. Os pedimos que dejéis de respetar nuestra intimidad”. “Amazing”, se escucha en un club nocturno.

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Sobre la firma

Manuel Jabois

Es de Sanxenxo (Pontevedra) y aprendió el oficio de escribir en el periodismo local gracias a Diario de Pontevedra. Ha trabajado en El Mundo y Onda Cero. Colabora a diario en la Cadena Ser. Sus dos últimos libros son las novelas Malaherba (2019) y Miss Marte (2021). En EL PAÍS firma reportajes, crónicas, entrevistas y columnas.

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