Columna
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Cazar al político ‘líquido’

La formación del nuevo Govern de la Generalitat ofrece un útil manual operativo para la caza, a lazo, del ahora independiente (pero de cintura juncal), ayer dirigente (ajeno) y bastante cercano (pero no compa de verdad)

Toma de posesión del nuevo Govern.
Toma de posesión del nuevo Govern.Gianluca Battista

¿Cómo se caza a un político líquido? Aquel que no está lejos de tus postulados pero te augura ampliar tu base electoral. Pues ha militado en otros grupos, lo que quizá te permita picotear entre sus antiguos fieles. Aunque su fidelidad a sus anteriores compromisos sea eso, líquida; ni del todo gaseosa, ni tampoco sólida.

La formación del nuevo Govern de la Generalitat ofrece un útil manual operativo para la caza, a lazo, del ahora independiente (pero de cintura juncal), ayer dirigente (ajeno) y bastante cercano (pero no compa de verdad).

El requisito es que la ideología no choque de frente con la tuya: conviene alguien con pátina socialdemócrata o al menos social (en este caso; en las derechas es distinto); y mejor un soberanista aunque no sea del todo indepe. El perfil es el de quien estuvo en lo suyo, pero ya no está, porque se distanció o le distanciaron (Joaquim Nadal, del PSC: Carles Campuzano, de CiU, el PDeCAT y el PNC; Gemma Ubasart, de Podemos) y se labró un prestigio. Coquetearon con el referendismo, incluso con el “episodio” del 1-O (así lo calificó Ubasart). Y al César lo que es del césar, ninguno mucho con la unilateralidad.

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La liquidez proviene de primar la aspiración al puesto de mando sobre reparos de linealidad (o coherencia histórica) en la trayectoria: Nadal fue apoyado por su partido para ser alcalde de Girona durante 23 años, y candidato a la presidencia de la Generalitat —también le dio bastante a los suyos—; y hace poco reconocía en la tele que era excéntrico aspirar a sus 74 años a un cargo, con esa carga histórica. Ubasart pasó un rato por Podemos sin molestar a nadie. Campuzano, el solitario socialdemócrata de Convergència, habitaba una frontera líquida propia con la socialdemocracia suave y bamboleante de Esquerra. Esa que no impidió a Oriol Junqueras apoyar los recortes sociales del binomio Artur Mas-Mariano Rajoy.

El método de la caza está ensayado. Es el que usó Mas para buscar a Carles Puigdemont como sustituto. Te conecta un (muy) amigo común y te alerta de que “te llamarán”, se sobrentiende para qué. Si respondes que no conviene, te dejan tranqui. Si dices “vale”, es que estás a punto de caramelo.

El president Aragonés se apunta un tanto para ampliar las fronteras de su partido y sustituir a CiU como partido “atrápalo-todo”. Veremos con qué programa; si es nuevo o valida el de la coalición con Junts, que sería raro; con el presupuesto de esa derecha, o no. Y si busca ser sólido, y no cabalgar sobre su escuálida minoría de 33 escaños sobre 135: ¡la cuarta parte!


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