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El nanosegundo de Yolanda Díaz y Antonio Garamendi

“Fue el idilio político más inesperado: la sindicalista que venía del PCE y el patrón de los patrones; y en el momento más sorprendente: la covid”

Yolanda Díaz y Antonio Garamendi, en una entrega de premios en Madrid en abril.
Yolanda Díaz y Antonio Garamendi, en una entrega de premios en Madrid en abril.Carlos Luján (Europa Press)

La ruptura más triste de este otoño no es la de Tamara Falcó e Íñigo Onieva, una relación platónica e ideal, sino la de Yolanda Díaz y Antonio Garamendi, una amistad aristotélica y pragmática. Fue el idilio político más inesperado: la sindicalista que venía del PCE y el patrón de los patrones; y en el momento más sorprendente: la covid. Mantuvieron el entendimiento en la enfermedad y también en la salud, durante la recuperación pospandemia. Y de él nacieron 14 acuerdos sociales, en asuntos tan espinosos como la reforma laboral. El impulso personal de ambos fue decisivo.

Ni los más románticos podían creer en esta historia más que en la de la católica marquesa de Griñón y el noctámbulo empresario madrileño. Como mínimo, Tamara e Íñigo pertenecen al mismo entorno social. Por el contrario, estaba claro que los capuletos de izquierdas y los montescos de derechas acabarían dificultando los encuentros entre Díaz y Garamendi más que los de los amantes de Verona. Se dice que les ha distanciado la cercanía de las elecciones. Garamendi ya no tendría mucho que ganar con un Gobierno “cojo”, y Díaz intentaría pisar fuerte entre sus potenciales votantes.

Pero en España siempre es temporada electoral. Lo que ha cambiado ahora es el escenario político: los partidos buscan diferenciarse en política económica. Tras meses, o años, de bandazos continuos, en los que no sabíamos si bajar impuestos era de izquierdas o derechas, están erigiéndose en todo el mundo las alternativas económicas del futuro.

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De momento, son vintage. Entre los progresistas gana espacio la agenda que el economista Branko Milanovic llama paleoizquierda: un compromiso inequívoco contra la desigualdad, utilizando todo el arsenal disponible de políticas públicas: enfocar más los impuestos indirectos a tasar los bienes consumidos preferentemente por los ricos, recuperar los gravámenes a las sucesiones y aumentar las inversiones públicas para la emancipación de los jóvenes que, hoy en día representan lo que los pensionistas eran hace 50 años, el grupo generacional más vulnerable. Mientras, en la derecha se difumina el posibilismo (a lo Angela Merkel) y se recompone el neoliberalismo, con más fortuna en unos casos (Isabel Díaz Ayuso) que en otros (Liz Truss). Por todo el metaverso y en apenas un nanosegundo, avanza la política y retrocede el amor.

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