tribuna
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La foto de Feijóo y el secreto de la Coca-Cola

El líder del PP está dispuesto a jugar con la verdad, la espontaneidad y con todo lo que es (o parece) auténtico cuando la espontaneidad de Tik Tok barre al postureo calculado (y viejuno) de Instagram

Feijóo e Isabel Díaz Ayuso, la presidenta madrileña, el lunes en la clausura de la convención del PP sobre juventud.
Feijóo e Isabel Díaz Ayuso, la presidenta madrileña, el lunes en la clausura de la convención del PP sobre juventud.JUAN CARLOS HIDALGO (EFE)

A mí no me gusta la Coca-Cola. Sin embargo, algunas veces, cuando tengo mucha sed, no hay nada que desee más en el mundo que beberme una. Tengo sed y empiezo a imaginar el deseado refresco en un vaso de vidrio (saben cuál digo, el mítico con deslizamiento de gotitas heladas) con todos esos hielos danzarines. Tengo sed y quiero no solo saciarla, sino tener en mis manos ese vaso o esa lata con forma de trofeo. Y esto se lo debo claro está a todas las fotografías hiperrealistas que me he tragado de esta bebida, al arte del marketing y sus promesas. Del mismo modo, a mí no me gusta el PP. Pero veo la portada de la revista Esquire con el retrato de Aberto Nuñez Feijóo y caigo en la cuenta de dos cosas. La primera es que España tiene sed. Y la segunda, que Feijóo conoce el secreto de la Coca-Cola.

El autor del portadón de Esquire es el fotógrafo Luis de las Alas, especializado en retratos realistas. Y se ha marcado la primera imagen de Feijóo para todos los públicos, es decir, la foto de quien aspira a que lo prueben hasta quienes pasan normalmente de las bebidas gaseosas. Así, mientras Pedro Sánchez no logra despegarse de su aire de influencer de Instagram —hasta le han dedicado en Twitter una cuenta que se llama @MrHandsome—, Feijóo ha elegido mostrarse como el candidato de la hiperrealidad. Podría haberse conformado con ser un hombre sin filtros, pero él quiere subrayar que es un político “de verdad”, incluso “el de la verdad”, que suena aún mejor. De modo que la imagen de Luis de las Alas muestra el vello negro en las manos, cada una de las arrugas en primer plano, los poros abiertos de las mejillas y los recién afeitados de la barba. Todo es tan auténtico que, cuando te encuentras con sus ojos grises mirando de frente (porque Feijóo va de frente), no puedes hacer otra cosa que creerte a quien tienes delante.

Así que ya ven, Feijóo está dispuesto a jugar con la verdad y con todo lo que es (o parece) auténtico cuando la espontaneidad de Tik Tok barre al postureo calculado (y viejuno) de Instagram. Entonces llega él a demostrarnos que la estética realista de un retrato noventero puede resultar increíblemente moderna. Y que un político que lleva 30 años en activo puede convertirse en sorpresa electoral. Pero la narrativa de la portada no termina aquí. Porque Feijóó, además de ser auténtico, resulta que también es hipster y por eso luce jerséis de lana más propios de un domingo de Rastro que de un café en la calle de Génova. No es de extrañar si tenemos en cuenta que su corazón aprendió a latir al ritmo de las canciones de Luis Eduardo Aute y Joaquín Sabina, según él mismo confiesa en la entrevista. Un acercamiento estético y sentimental a los votantes de izquierdas que es un ejercicio de estudiada seducción. Y pasa un poco como cuando ligas con alguien que no te gusta. Que vale, que no es tu tipo, pero parece más amable y sexi desde que sabes que se ha fijado en ti. Tiene un punto atractivo saberse deseado, y Feijóo desea más que nada cambiar el voto de los socialistas “más centrados”. Y a todos ellos parece querer cantarles al oído aquello de “Puedo ser tu estación y tu tren / tu mal y tu bien / tu pan y tu vino…”.

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Habría que ser el gallego más gallego de España para convencernos de que el bien y el mal pueden entregarse a la vez y con las mismas manos, o que se puede subir y bajar de una escalera al mismo tiempo. Pero aquí es donde el jersey de cuello alto del que emerge el candidato en la portada lo explica todo. Feijóo no necesita palabras, cuando ha conseguido una imagen que vale por mil. De modo que el cuello alto del jersey hipster le tapa casi hasta la mitad del rostro pero, lejos de mostrar indecisión u ocultamiento, aporta equidistancia, simetría y belleza a la imagen. Como si Feijóo quisiera explicarnos que lo importante del tópico no es si va a subir o va a bajar (la escalera, el jersey o la ideología), sino que la clave está en ser capaz de mantenerse en el centro, en ser ecuánime y no dejarse arrastrar por ningún extremismo salvo, en el peor de los casos, el de la verdad. Que levante la mano quien no quiera un sorbito de semejante elixir.

Lo malo es que hay escaleras en las que uno tropieza, peldaños marcados donde ciertas ideologías siempre patinan. Y Jorge Alcayde, director de Esquire y autor de la entrevista, lo sabe. Así que además de hablar de la paternidad, del rock y de Madrid conduce al entrevistado hasta tres escalones donde es imposible subir y bajar al mismo tiempo: el aborto, la ley trans y la igualdad. Del aborto dice Feijóo que “el tema económico no puede ser nunca un factor desencadenante de esa decisión”. Que es como decir que alguna ideología o institución podrían determinar qué factores son legítimos para que una mujer elija abortar. Afirmación que puede mosquear a muchas mujeres, evidentemente. A lo mejor por eso la palabra mujer no le cabe en la boca cuando sostiene: “Hemos de respetar a la gente que toma esa decisión”. Qué curiosa aquí la palabra “gente”, ¿no creen? Como si la elección no fuese única y exclusivamente de las mujeres. Demasiado áspero me parece ahora su jersey de lana.

Más tarde, en la ley trans, el escalón marcado se convierte en profundo abismo cuando asegura: “Creo que las feministas tienen razón. Esta ley no atiende a la causa histórica del feminismo. Además, es una ley impuesta por una minoría contra la mayoría”. Y aquí la lana del cordero que lo abriga empieza a parecerme la piel de un lobo. Primero, porque utiliza la palabra “feministas” para referirse en realidad a una minoría de mujeres tránsfobas. Y, segundo, porque asegura que defender los derechos de la minoría no debe hacerse si en algo incomoda a la mayoría. ¿En serio? Casi podría parecer que garantizar la igualdad de todas y de todos (empezando por las minorías más vulnerables) no fuera la primera exigencia de la democracia. Podría incluso parecer que la democracia puede convivir felizmente con la más profunda (e injusta) desigualdad. Claro que no solo lo parece, sino que Nuñez Feijóo llega a decirlo literalmente. “Para mí la libertad individual es irrenunciable. La libertad se complementa con la igualdad. Pero por ese orden”. Y aquí es cuando el lobo comienza aullar. Porque decir que la igualdad es “un complemento” es mucho decir en un país donde 10 millones de personas viven con ingresos inferiores a 794,6 euros mensuales. Casi podría parecer que en democracia uno puede nacer libre y muerto de hambre al mismo tiempo. Libres antes que iguales, que aúlla Feijóo. Pero en realidad no, la igualdad no es un complemento, sino un derecho irrenunciable. Sin igualdad no hay justicia y sin justicia no hay libertad.

Qué bonito es el jersey. Y qué entrañable la mirada. Por un momento, casi me olvido de lo que todo el mundo sabe: por muy refrescante que sea la Coca-Cola, nunca ha quitado la sed.

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Sobre la firma

Nuria Labari

Es periodista y escritora. Ha trabajado en 'El Mundo', 'Marie Clarie' y el grupo Mediaset. Ha publicado 'Cosas que brillan cuando están rotas' (Círculo de Tiza), 'La mejor madre del mundo' y 'El último hombre blanco' (Literatura Random House). Con 'Los borrachos de mi vida' ganó el Premio de Narrativa de Caja Madrid en 2007.

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