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Jeremías, patrón de los banqueros

Entidades financieras y empresas energéticas se quejan por los nuevos impuestos a sus beneficios, mientras sus resultados desmienten que la economía española sea un cementerio

El profeta Jeremías, pintado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.
El profeta Jeremías, pintado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.

Escuchar estos días a banqueros y empresarios energéticos alboroza. Sus resultados en los primeros nueve meses del año desmienten que la economía española sea un cementerio. Y retratan un festín de aumentos de márgenes, beneficios y dividendos.

Pero cuando pasan de los datos a los análisis, el gozo se torna sorpresa. ¿Les patrocina Jeremías, profeta de los lamentos, que maldijo el día de su nacimiento? Menudean sus quejas por los nuevos impuestos, en trámite, a sus “beneficios caídos del cielo”. Tachan su tasa de “injusta” (Gonzalo Gortázar, CaixaBank) o “confiscatoria” (Dolores Dancausa, Bankinter).

Y amenazan con acciones judiciales, como las de Ignacio Sánchez Galán (Iberdrola), por razón tan objetivable como la de que ya están “pagando muchos impuestos”. O con desviar inversiones al extranjero, apunta el habitualmente ponderado Josu Jon Imaz (Repsol), porque la nueva tasa le suscitaría un “germen de duda” en su capacidad de hacerlo en España.

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De lo que no hay germen de duda es de que los resultados de ambos sectores son extra-ordinarios. Iberdola ganó un 29% más que en igual periodo de 2021. Repsol casi triplicó el beneficio, y aumentará el dividendo a sus accionistas en un 60% (además, revalúa sus títulos por vía de comprar en el mercado y amortizarlos). El nuevo impuesto gravaría un 1,2% su facturación neta, por el viento de cola —sin esfuerzo— que supone el alza de precios energéticos. Aquí. Y en todo el mundo: el beneficio de petroleras y gasistas añadirá dos billones de euros extras al normal.

Los cinco grandes bancos han mejorado su margen de intereses —también gracias a la lluvia celestial, las alzas de tipos decretadas por el BCE— en un 17,7% (hasta 50.901 millones), y las comisiones netas en un 13,09% (hasta 17.465 millones). El nuevo gravamen se llevaría un modesto 4,8% de ambos conceptos.

Claro que el parlanchín Andrea Enria, jefe de la supervisión del BCE y antiguo impulsor de los mediocres test de estrés a la banca, critica el proyecto de impuesto por no “tener en cuenta las provisiones” que flanquearán a esos ingresos. ¿Para sanear la morosidad? ¡Pero hombre, si está estancada a un correcto 3,8% de los créditos! ¿Y qué decir de aquel político que pregonaba la huida de los afectados a Portugal? ¿Sabe ya que el país vecino acaba de decidir que extenderá el impuesto especial... a las cadenas de supermercados? Mejores doctores tienen sus iglesias.


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