EDITORIAL
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Cien días de Petro

La versión más pragmática del presidente de Colombia consolida al primer Gobierno de izquierdas de su historia moderna

El presidente colombiano, Gustavo Petro, el día 15 durante una conferencia de prensa en Bogotá por sus primeros 100 días de mandato.
El presidente colombiano, Gustavo Petro, el día 15 durante una conferencia de prensa en Bogotá por sus primeros 100 días de mandato.JUAN BARRETO (AFP)

Desde que asumió el cargo el 7 de agosto, hace 100 días, Gustavo Petro ha dado muestras de que el cambio no es solo de discurso. El día después de llegar a la presidencia presentó la reforma fiscal que finalmente ha sacado adelante. Entonces buscaba aumentar la recaudación en un 1,8% del PIB, especialmente gravando a las personas más ricas y a las empresas financieras y extractivas, pero el incremento que logró tras pasar por el Congreso se contrajo al 1,2%. En relación con la paz, no solo ha retomado la aplicación del acuerdo con las FARC, sino que ha presentado su ambiciosa y controvertida política de “paz total”. Supone sin duda un paso adelante haber retomado los diálogos con la guerrilla del ELN, congelados desde 2019, aunque queda mucho por clarificar en lo que respecta al combate contra las bandas criminales y los posibles beneficios que pudiesen obtener. La falta de claridad en este sentido es una de las objeciones más grandes que se le puede hacer en estos primeros 100 días. Tampoco deben caer Petro ni sus más cercanos en denostar el Acuerdo de 2016 con las FARC, sin el que quizás no hubiese sido posible su llegada al poder.

Un cambio significativo ha sido el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Venezuela, rotas durante el Gobierno de Iván Duque, quien optó por cerrar filas con el líder opositor Juan Guaidó y con Estados Unidos, pese a que la gran potencia cambió de estrategia con la llegada de Joe Biden al poder y la confirmación de que el proyecto de Guaidó había fracasado. Colombia y Venezuela necesitan retomar relaciones, toda vez que millones de venezolanos se han visto obligados a emigrar al país vecino ante la crisis humana que vivían. Paliar la situación de todas estas personas no supone la entrega de ningún cheque en blanco al régimen de Nicolás Maduro, con el que Petro ha mantenido una actitud cuando menos distante. El contraste con esta marejada de cambios es que el Gobierno mantiene la forma tradicional de relacionarse con el Congreso, a partir de la entrega de cuotas de poder, especialmente al Partido Conservador. Esto resalta que la ambición de transformación tiene una mirada pragmática que a la vez marca los límites de la acción política, y un buen ejemplo es la confianza que genera en el área económica el ministro José Antonio Ocampo.

Más allá de todo eso, quizás el cambio más importante en estos 100 días sea de carácter simbólico. Colombia ha vivido el conflicto más largo de toda la región durante más de 50 años que dejaron decenas de miles de muertos. El mayor éxito de Petro ha sido demostrar que Colombia puede tener un Gobierno de izquierdas basado en la convivencia y el respeto.

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