Enfermedades desatendidas
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Tenemos el poder de acabar con esta emergencia sanitaria

El dengue se ha extendido sin control por América desde la década de 1980 y los casos se han multiplicado por 20. Pero la ciencia nos ha dado una poderosa herramienta para cambiar el rumbo

Liberación de mosquitos macho 'wolbachia-aedes aegypti', dentro de una prueba controlada, en una urbanización de viviendas públicas en Singapur, 27 de agosto de 2020.
Liberación de mosquitos macho 'wolbachia-aedes aegypti', dentro de una prueba controlada, en una urbanización de viviendas públicas en Singapur, 27 de agosto de 2020.EDGAR SU (Reuters)

Nota a los lectores: EL PAÍS ofrece en abierto la sección Planeta Futuro por su aportación informativa diaria y global sobre la Agenda 2030. Si quieres apoyar nuestro periodismo, suscríbete aquí.

Llevamos mucho tiempo luchando contra esta enfermedad. La mayoría de las personas solo experimentan síntomas leves, pero un pequeño porcentaje puede desarrollar complicaciones mortales que requieren hospitalización y cuidados intensivos. Además de eso, cuando los casos aumentan, pueden sobrecargar rápidamente nuestro sistema de salud. Así, las salas de urgencias se ven repentinamente inundadas de pacientes que ocupan todas las camas disponibles, y los gobiernos y las familias enfocan todos sus esfuerzos en responder.

Más información
Aún hay esperanza para erradicar el dengue
Redes de barrio, la mejor herramienta contra el dengue
‘La peste’ se extiende por las villas miseria de Buenos Aires
Exprimir las vacunas y pasaporte inmunitario: nuevas y viejas recetas contra la fiebre amarilla

Pero no, no estamos hablando de covid-19. Estamos hablando de dengue, una enfermedad que ha asolado al continente americano durante generaciones, ignorando todos los esfuerzos realizados para detenerla.

El control del mosquito que transmite el dengue –el Aedes aegypti– ha sido un objetivo difícil de alcanzar, pues este depredador se ha vuelto resistente a los pesticidas y los esfuerzos para controlar los criaderos de mosquitos son costosos y requieren constantes campañas de comunicación. Tampoco hemos tenido una forma fiable de prevenir el dengue porque las preocupaciones de seguridad han limitado la introducción masiva de vacunas.

Como resultado, el dengue se ha extendido sin control por el continente americano desde la década de 1980. Los casos se han multiplicado por 20 en estos años, nuestra región registra ahora cerca de tres millones de casos anuales y los investigadores creen que la carga real de casos es mucho mayor.

Por suerte, la ciencia nos ha dado una nueva y poderosa herramienta para cambiar el rumbo de esta enfermedad. Se llama Wolbachia. Se trata de un microbio simple que se encuentra de forma natural en las células de cerca del 60% de las especies de insectos, como las moscas de la fruta, las polillas, las abejas y las mariposas. Lo que lo convierte en un milagro médico es que, cuando se transfiere al Aedes aegypti, evita eficazmente que el mosquito transmita virus a los humanos. En otras palabras, actúa como una vacuna contra toda una serie de enfermedades transmitidas por mosquitos –como el dengue, el zika, el chikungunya y la fiebre amarilla–; la diferencia es que son los mosquitos los que se inmunizan contra estos peligrosos virus, no las personas.

El dengue se ha extendido sin control por el continente americano desde la década de 1980

Aunque este enfoque se desarrolló por primera vez hace casi 15 años, no fue hasta 2012 cuando empezaron a ser liberados mosquitos portadores de Wolbachia en pruebas a pequeña escala en comunidades de Australia, Asia y América Latina. Brasil, Colombia y México fueron los primeros países de América en acoger ensayos de campo, y cada prueba se ha basado en una estrecha colaboración entre las autoridades sanitarias locales, los investigadores, y los residentes de las comunidades afectadas por el dengue.

Sin embargo, ahora nos encontramos en un punto crítico pues el New England Journal of Medicine, la revista médica más respetada del mundo, publicó los resultados del primer ensayo controlado aleatorio del método wolbachia, y estos han recibido gran acogida. La introducción de wolbachia produjo un descenso del 77% en los casos de dengue y una reducción del 86% en las hospitalizaciones relacionadas.

Estos resultados además refuerzan lo que los investigadores ya habían observado en estudios más pequeños en Brasil y Colombia. En el primero, en la ciudad de Niteroi, las tasas de dengue se han reducido en un 69%, y en el segundo, en las ciudades de Cali y Medellín, no se han producido nuevos brotes de dengue en los cuatro años transcurridos desde que se liberó el microbio. Incluso podemos esperar que la incidencia del dengue en estas comunidades disminuya hasta llegar a cero a medida que los mosquitos portadores vayan sustituyendo a sus primos salvajes transmisores de la enfermedad.

Basándose en las sólidas pruebas de seguridad, eficacia y sostenibilidad de este método de control de la enfermedad, un grupo independiente de expertos ha aconsejado a la Organización Mundial de la Salud que elabore orientaciones para los 129 países del mundo afectados por el dengue sobre cómo pueden utilizar la wolbachia para eliminar el dengue y otros virus transmitidos por mosquitos.

Una vez que se disponga de esta orientación, no habrá tiempo que perder. Las organizaciones internacionales, los gobiernos nacionales y las comunidades locales deben empezar a colaborar ahora para poner este método comprobado a disposición de los cientos de millones de personas que viven en riesgo de contraer la enfermedad en toda América Latina.

La pandemia ha puesto de manifiesto la importancia de desplegar rápidamente intervenciones que puedan reducir la transmisión de la enfermedad y proteger a los más vulnerables, y las noticias demuestran que disponemos de una nueva y poderosa herramienta que podría eliminar la amenaza del dengue y el zika para siempre. Debemos adoptarla antes de que se produzca la próxima pandemia.

Mirta Roses Periago es médica y exdirectora de la Organización Panamericana de la Salud. Alberto Moreno Mejía es diplomático y expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo.

Puedes seguir a PLANETA FUTURO en Twitter, Facebook e Instagram, y suscribirte aquí a nuestra ‘newsletter’.

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS