Yemen y cómo mantener viva la esperanza educativa

En un contexto de grave crisis humanitaria y sin un apoyo urgente, el número de niños sin escolarizar podría aumentar a seis millones en el país, según Unicef. Su representante en terreno cuenta los efectos en toda una generación

Asma'a, una niña de 15 años que se libró del matrimonio infantil, lee un libro desde el patio de su casa en Dhamar, Yemen.
Asma'a, una niña de 15 años que se libró del matrimonio infantil, lee un libro desde el patio de su casa en Dhamar, Yemen.Unicef (© UNICEF/UN0456812/Fuad)

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“Espero que algún día pueda volver a mi clase. Quiero terminar mi educación lo antes posible para poder convertirme en médica cuando sea mayor y ayudar a las personas”. Esta fue la respuesta de Najwa [nombre ficticio para proteger su identidad] cuando le pregunté sobre sus sueños para el futuro. Najwa es una niña yemení de 14 años que perdió una pierna debido al actual conflicto en Yemen. La conocí durante una de mis visitas al terreno, a un centro de rehabilitación y prótesis apoyado por UNICEF. Ella es como muchos de los niños y niñas que he conocido en Yemen: a pesar de todos los desafíos a los que se enfrenta, mira hacia adelante y piensa en cómo puede contribuir a reconstruir su vida y su entorno.

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Yemen es el hogar de la peor crisis humanitaria del mundo: hay aproximadamente 21 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria, incluidos más de 11 millones de pequeños. La situación es desoladora: el conflicto se ha ido intensificando, la covid-19 ha agravado la situación de emergencia y cerca de 2,3 millones de niños y niñas menores de cinco años sufren desnutrición aguda en 2021, entre ellos unos 400.000 cuyas vidas estarán en riesgo inmediato de muerte si no reciben tratamiento urgente.

Cerca de 2,3 millones de niños y niñas menores de cinco años sufren desnutrición aguda en 2021, entre ellos unos 400.000 cuyas vidas estarán en riesgo inmediato de muerte

Sin embargo, uno de los elementos de la crisis en Yemen que más se pasa por alto y que tiene menos fondos es la educación. En la actualidad, hay más de dos millones de niños y niñas sin escolarizar en Yemen. Esto es el doble de la cifra de 2015, antes de que se intensificara el conflicto. A principios de julio, UNICEF publicó un informe titulado Educación interrumpida que advierte de que, sin un apoyo urgente, el número de menores de edad sin escolarizar podría aumentar a seis millones. Se trata de toda una generación que corre el riesgo de perder el acceso a la educación, un derecho garantizado a toda la infancia en virtud de la Convención sobre los Derechos del Niño y un elemento clave de cualquier sociedad funcional.

Hoy en día, la educación se enfrenta a múltiples desafíos. El conflicto está limitando el acceso a las escuelas y, debido a los combates, estos no pueden acudir. Los centros educativos también se utilizan como refugio para las poblaciones desplazadas, que ya superan los cuatro millones internos. Muchos colegios también han sido destruidos o dañados por el conflicto o han sido ocupados por fuerzas armadas. Debido a todo ello, más de 2.500 escuelas (aproximadamente una de cada seis) están en desuso.

Debido al conflicto, más de 2.500 escuelas (aproximadamente una de cada seis) están en desuso

Otra variable importante que amenaza a todo el sistema educativo es el riesgo de perder maestros. Más de 170.000 docentes (aproximadamente dos tercios de la fuerza laboral) no han recibido su salario durante al menos cuatro años. Estos profesores recurren a fuentes alternativas de ingresos para poder cubrir las necesidades de sus familias. En consecuencia, el sistema está perdiendo maestros progresivamente. Es extremadamente urgente asegurarnos de encontrar la forma de que reciban sus salarios o al menos incentivos con regularidad. Desempeñan un papel fundamental en la sociedad y en el futuro de los niños y niñas. Sin ellos, el sistema educativo en Yemen colapsará y sacará de la escuela a otros cuatro millones de niños.

Las consecuencias de quienes no van a la escuela son enormes, ya que están más expuestos a múltiples formas de abuso y explotación. Las niñas se ven obligadas a contraer matrimonios precoces, a través de los cuales quedan atrapadas en un círculo de pobreza y potencial desaprovechado. Los niños que no van al colegio también son más vulnerables al trabajo infantil o a ser reclutados en grupos armados. Desde que el conflicto se intensificó en 2015, la ONU ha verificado más de 3.600 casos de ellos reclutados por grupos armados en el país.

El riesgo de tener una nueva generación sin la educación adecuada es significativo. Ellos serán los adultos que dirijan y reconstruyan el país mañana cuando, con suerte, prevalezca la paz. Una escuela no solo educa y equipa con habilidades importantes, sino que también proporciona una sensación de normalidad en la vida.

Necesitamos movilizar la voluntad política y los recursos financieros necesarios para que los profesores puedan ganarse el sustento con su profesión. Para eso, necesitan recibir salarios regulares o al menos incentivos económicos. Esto es lo que organizaciones como UNICEF, la Alianza Global para la Educación (GPE, por sus siglas en inglés), el Banco Mundial, la iniciativa La Educación no puede Esperar y tantas otras están tratando de lograr en estos momentos.

Al final de mi conversación con Najwa, le pregunté cómo imagina su futuro. Me dijo con una gran sonrisa: “Necesitamos tener esperanza”. Como siempre dice mi padre, la esperanza es como una vela que ilumina nuestro camino hacia un futuro mejor. De hecho, es la que necesitamos mantener viva en los niños de Yemen hoy. Garantizar su derecho fundamental a la educación es una forma de lograrlo.

Philippe Duamelle, Representante de UNICEF en Yemen.

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