POBREZA
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La supervivencia de los pobres en los confinamientos

Las restricciones a la circulación durante la covid-19 implicaron que las clases más bajas no pudieran acudir a sus redes de apoyo para solicitar asistencia financiera. Y cuando podían, los familiares y amigos con frecuencia no tenían nada que ofrecer

Una mujer sin hogar recibe alimentos de un grupo de voluntarios durante el confinamiento por la covid-19 en Bangladés en 2020.
Una mujer sin hogar recibe alimentos de un grupo de voluntarios durante el confinamiento por la covid-19 en Bangladés en 2020.Suvra Kanti Das/ABACA (GTRES)
Risto Rönkkö Stuart Rutherford Kunal Sen

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Aun cuando los países ricos comienzan a percibir un destello de luz al final del túnel de la pandemia, los que están en vías de desarrollo experimentan grandes dificultades para contener la covid-19. El año pasado nos dejó lecciones importantes que pueden ayudar a los gobiernos a desarrollar políticas y programas más eficaces para brindar apoyo a los residentes más pobres en medio de los constantes brotes y confinamientos.

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Una valiosa fuente de esas lecciones es el Proyecto de los Diarios Cotidianos de Hrishipara (Hrishipara Daily Diaries Project, HDDP), que mantiene un registro de las transacciones financieras de 60 hogares pobres en áreas rurales de Bangladés desde hace seis años. El análisis de los datos recopilados —especialmente de los cambios en los patrones de gasto verificados— revela cuatro áreas en las que los gobiernos debieran intervenir.

En primer lugar, los responsables de las políticas deben garantizar el acceso a dinero en efectivo para emergencias. Para ellos, los impactos sobre sus medios de vida no son nada nuevo: se reiteran sequías e inundaciones, al igual que enfermedades graves y pérdidas de empleos, pero habitualmente pueden acceder a algunas opciones, como recurrir a las redes familiares o pedir prestado a instituciones de microfinanzas, prestamistas y amigos.

Eso no pasó durante la pandemia de la covid-19. Las restricciones a la circulación implicaron que las clases más bajas no pudieran acudir a sus redes de apoyo para solicitar asistencia financiera. Incluso cuando pudieron hacerlo, como el sustento de todos se vio golpeado simultáneamente, los familiares y amigos con frecuencia no tenían nada que ofrecer.

Los confinamientos en muchos lugares obligaron también a los proveedores de microfinanzas y a otras instituciones financieras a cerrar, impidiendo que las familias obtuvieran créditos o incluso retirasen sus ahorros. Los 60 hogares bangladesíes del estudio HDDP pusieron prácticamente todas sus transacciones financieras en pausa durante el confinamiento impuesto por el Gobierno.

Esto resalta la urgente necesidad de transferencias incondicionales a gran escala por parte del Estado, que deberían entregarse directamente con un mínimo de papeleo. Con una crisis de esta magnitud no es momento para la rectitud fiscal.

Con una crisis de esta magnitud no es momento para la rectitud fiscal

En segundo lugar, hay que apoyar la capacidad para ejercer su agencia y espíritu emprendedor. Los hogares del estudio HDDP fueron ágiles e ingeniosos en su respuesta al impacto de la covid y mostraron habilidades admirables para gestionar su dinero.

A veces se vio en esto un perfil emprendedor. Por ejemplo, Samarth, un granjero que cultiva la tierra y cría vacas lecheras en una pequeña parcela, percibió rápidamente que las barreras al transporte por carretera estaban llevando a un alza de precios de los bienes de la capital y reduciendo los precios de los productos locales que habitualmente eran exportados. Samarth compró entonces la producción de los granjeros locales desesperados a precios muy bajos y la vendió en un mercado callejero temporal que creó en Hrishipara. Los habitantes locales, confinados a sus barrios, proporcionaron la demanda, y él aumentó de manera significativa sus ingresos diarios durante el confinamiento.

Los responsables de las políticas rara vez consideran esos instintos empresariales cuando diseñan programas para apoyar a los pobres. Hay que cambiar esta situación, con políticas que alienten y recompensen esas iniciativas, y mejoren la capacidad de los hogares para aprovecharlos. Por ejemplo, se podría considerar a las familias con bajos ingresos cuando se diseñan normativas para “agilizar los negocios”.

Los responsables de las políticas rara vez consideran esos instintos empresariales cuando diseñan programas para apoyar a los pobres

El sector privado también tiene su papel. Por supuesto, esto requiere además que los gobiernos garanticen el acceso ininterrumpido a los servicios financieros durante los confinamientos. En tercer lugar, los pobres necesitan una generosa asistencia alimentaria, especialmente durante las cuarentenas.

Aun en las circunstancias más difíciles, quienes participaron en el estudio HDDP encontraron formas de llevar comida a la mesa, pero a costa de duros recortes de otros gastos. Nuestro análisis muestra una brusca reducción de los gastos recurrentes, exceptuando los alimentos, durante el primer mes de confinamiento (abril de 2020). Además, en octubre —varios meses después de la finalización de los confinamientos— esos dispendios volvieron a sus niveles prepandemia.

Finalmente, hay que proteger las reservas de efectivo de quienes tienen bajos ingresos. La mayor parte de los encuestados en el estudio mantuvieron algo de efectivo para emergencias. La pandemia —y especialmente la falta de acceso a los ahorros— implicó que guardaron esas reservas para comprar alimentos y cubrir otras necesidades básicas.

Los diarios de Hrishipara muestran que, durante los confinamientos por la covid-19, los pobres tuvieron que arreglárselas solos la mayor parte del tiempo. Gracias a su creatividad, a sus habilidades para gestionar el dinero, a las redes personales y a la planificación en crisis anteriores, se las ingeniaron para sobrevivir. Pero también debieron hacer grandes sacrificios. Cuando los gobiernos diseñen estrategias para apoyarles, no solo durante los confinamientos por la covid-19, sino para crisis futuras, deberían reflexionar sobre lo que vivieron los hogares del estudio HDDP para que la próxima vez esos sacrificios no sean necesarios.

Risto Rönkkö es asistente de investigación en UNU-WIDER, una institución de las Naciones Unidas que realiza asesorías con el objetivo de promover un desarrollo sostenible. Stuart Rutherford es fundador de Shohoz Shonchoy. Kunal Sen es profesor en la Universidad de Manchester y director de UNU-WIDER.

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