Migrados
Coordinado por Lola Hierro

Las vacunas de la covid-19 llegan a los trabajadores migrantes de la India

La inmunización es un billete hacia el mundo laboral, pero las posibilidades para vacunarse escasean entre los extranjeros. Ahora, una campaña en Kerala está buscando a este colectivo a menudo invisibilizado

Una mujer recibe una dosis de la vacuna Covishield en un refugio nocturno para personas sin hogar en Ahmedabad, India, el 10 de agosto de 2021.
Una mujer recibe una dosis de la vacuna Covishield en un refugio nocturno para personas sin hogar en Ahmedabad, India, el 10 de agosto de 2021.AMIT DAVE (Reuters)

Mientras el sanitario le limpiaba la piel del brazo con una toallita con alcohol y preparaba la jeringa, Kartik Biswas sintió una abrumadora sensación de alivio: finalmente, estaba a punto de recibir su primera dosis de la vacuna de la covid-19. Su inmunización ha sido posible gracias a una campaña del estado de Kerala, en el sur de la India, destinada a algunas de las personas más marginadas del país: los trabajadores migrantes.

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Es raro que este colectivo, que constituye una quinta parte de los 100 millones de la fuerza laboral de un país con más de 1.300 millones de habitantes, sea el objetivo específico de la ayuda estatal. Sin embargo, en las últimas semanas, los funcionarios del Estado costero del sur han estado estableciendo campamentos de vacunación y colocando carteles de salud pública en los idiomas locales, instando a los trabajadores migrantes a protegerse contra el virus. “Me quedé en casa todo un año durante el encierro y logré recuperar mi trabajo con gran dificultad. Si mi salud se resiente ahora, ¿quién se hará cargo de mi familia? Estaba decidido a vacunarme”, afirma Biswas, de 44 años y supervisor de un edificio en construcción.

Los repetidos confinamientos cerraron industrias, lo que provocó la pérdida de millones de puestos de trabajo, mientras que una brutal segunda ola en mayo de 2021 abrumó al sistema de atención médica en India, el segundo país más afectado en el mundo después de Estados Unidos.

Un grupo de personas hace cola para vacunarse contra la covid-19 en la puerta de un centro de vacunación en Mumbai, India, el martes 17 de agosto de 2021.
Un grupo de personas hace cola para vacunarse contra la covid-19 en la puerta de un centro de vacunación en Mumbai, India, el martes 17 de agosto de 2021.Rajanish Kakade (AP)

Biswas, quien se mudó a Kerala desde Calcuta hace cuatro años, fue uno de los 500 trabajadores vacunados durante una campaña de tres días realizada en su lugar de trabajo la semana pasada por el Departamento de Empleo en medio de un aumento de casos en la ciudad. El estado ha administrado una primera dosis a unos 34.000 trabajadores y una segunda dosis a unos 1.000, de los 300.000 que figuran en los registros oficiales. “Me siento aliviado. Cinco de mis seis compañeros de piso contrajeron covid-19 en el pico de la segunda ola. Empecé a buscar la forma de vacunarme desde entonces, pero no pude”, comenta Biswas por teléfono. “La vacunación es fundamental para proteger nuestras vidas y nuestro futuro”, opina. La India tiene como objetivo inmunizar a todos los ciudadanos que deseen y que cumplan los requisitos antes de fin de año, pero la campaña se ha visto afectada por la escasez, las dudas de la población y la brecha digital.

Regresar en busca de trabajo

Los trabajadores migrantes se encuentran entre los más afectados por la pandemia. Hasta 11,4 millones regresaron a sus estados de origen durante el confinamiento, según muestran los datos del Gobierno, a medida que se agotaban los puestos de trabajo. Sin embargo, la mayoría de las actividades económicas se han reanudado a medida que disminuyeron las infecciones y las autoridades suavizaron las restricciones. Las tasas de desempleo están cayendo gradualmente, según los datos de un grupo de expertos independiente.

Estados como Kerala, un imán de extranjeros durante la última década, han visto a migrantes de toda la India regresar para buscar trabajo en la hostelería, las fábricas y las obras de construcción. “Tenemos una enorme población de empleados de fuera y todos deberían estar protegidos. Hemos recibido dosis limitadas, pero estamos dividiendo lo que obtenemos y organizando campamentos de vacunación separados para ellos”, explica S. Chithra, comisionado de trabajo de Kerala. “Estamos intentando crear conciencia de que las vacunas son inofensivas. Tenemos carteles en los idiomas asamés, bengalí, hindi y odia que publicamos en las redes sociales”.

Un trabajador migrante se va a trabajar después de que se levantaran algunas restricciones contra la covid-19 en Kochi, India.
Un trabajador migrante se va a trabajar después de que se levantaran algunas restricciones contra la covid-19 en Kochi, India.SIVARAM V (Reuters)

Aproximadamente el 12% de los 940 millones de adultos de India ha recibido la pauta completa y más del 40% cuenta con una primera dosis, según los datos del Ministerio de Salud. La vacunación se considera clave para desbloquear más empleos y facilitar el movimiento entre estados, varios de los cuales requieren que las personas muestren el certificado de vacunación o se sometan a una prueba de covid-19 que puede costar 800 rupias (unos nueve euros), un par de días de salario para muchos.

En el otro extremo de la India, en la aldea de Tarinipur, del estado nororiental de Assam, Tahir Hussain Talukdar insiste en que había buscado la vacuna en los centros de salud locales tres veces, pero que no ha tenido suerte. Talukdar, de 25 años, perdió su trabajo como limpiador en un complejo en el sureste de Andhra Pradesh, y relata que ha sobrevivido gracias a la ayuda de otras personas. “No hay trabajo en mi pueblo. El contratista laboral al que he estado llamando me dice que me vacune antes de venir. Necesito ponérmela porque esa es la única forma en que puedo conseguir trabajo”, asegura.

La India ha redoblado sus esfuerzos contra la covid-19 ante los temores de una tercera ola. Varias empresas de construcción y otras empresas importantes han hecho arreglos para que su personal, tanto en nómina como los trabajadores informales, se vacune. Los sanitarios estatales están subiendo colinas y navegando a través de ríos y lagos para llegar a los lugares más remotos del vasto país. Pero el ritmo de la inmunización sigue siendo lento y muchos siguen quedando al margen, advierten activistas y expertos en migración. Este colectivo, a menudo, permanece invisible a pesar de que sus habilidades se necesitan desesperadamente en la industria manufacturera, la construcción y la hostelería. “A las personas que buscan un trabajo asalariado diario se les pregunta si están vacunadas”, relata Benoy Peter, director del Centro para la Migración y el Desarrollo Inclusivo, que dirige una unidad móvil de vacunación para migrantes en Kerala en asociación con el Estado.

Personal médico de una facultad de Medicina recolecta hisopos de personas para realizar pruebas de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) en un quiosco de muestras sin cita en Ernakulam, Kerala, India, el 6 de abril 2020.
Personal médico de una facultad de Medicina recolecta hisopos de personas para realizar pruebas de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) en un quiosco de muestras sin cita en Ernakulam, Kerala, India, el 6 de abril 2020.STRINGER (Reuters)

Peter sostiene que la campaña de vacunación de Kerala debe ser “sensible a los desafíos de los migrantes” y sugiere ampliarla a los domingos y durante las noches para llegar a los que probablemente estén siendo ignorados, como jornaleros, recolectores de chatarra y mujeres. La mayoría de los migrantes se encuentran en el sector informal. Sin un empleador fijo, no pueden darse el lujo de tomarse un tiempo libre para recibir el pinchazo, aseguran los activistas. “Esta sección es más vulnerable a los desafíos que enfrentan para acceder a la vacuna”, lamenta Sanjay Awasthi, director de la oficina de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en la India. “Es imperativo que se tenga en cuenta su cobertura”.

Los migrantes en Kerala que ya han recibido la inyección esperan volver a sus vidas previas a la pandemia. Samir Kuanar, de 37 años, perdió su trabajo de plomero en Kuwait cuando la pandemia golpeó el año pasado. El pasado mes de julio, logró una entrevista con una agencia de empleo con sede en Qatar que proporciona mano de obra doméstica. “Me hicieron llegar una oferta, pero me encontré con un obstáculo: no estaba vacunado”, cuenta. Quiso la suerte que recibiera su primera dosis la semana pasada. “Espero volar pronto. La vacunación es mi billete a un empleo”.

Roli Srivastava pertenece a la Fundación Thomson Reuters, la rama benéfica de Thomson Reuters.


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