Zanzíbar: hola turismo, adiós negacionismo

La llegada de viajeros a la isla de Tanzania no es ni la mitad de la que había antes de la pandemia. El sector, básico para su desarrollo, lucha por recuperar el mercado perdido con los ojos puestos en la vacunación, tras las controvertidas medidas del difunto presidente que ignoraban el coronavirus

La ocupación hotelera en Zanzíbar fue de menos del 50% en julio (últimos datos disponibles), a pesar del incremento tras la temporada baja de abril a junio.
La ocupación hotelera en Zanzíbar fue de menos del 50% en julio (últimos datos disponibles), a pesar del incremento tras la temporada baja de abril a junio.Laura Llach

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En pleno agosto, el restaurante Coco Jambo, a pie de una de las mejores playas de Zanzíbar, se encuentra vacío. Tiene en su interior más caracolas que personas. El cocinero Abdullah se entretiene con el móvil y el dueño, Khanif Hassan, más conocido como Simba, sale al encuentro de una familia de alemanes que pasea por la playa.

―¡Tenemos pescado fresco! –grita Simba.

―¿Estaréis abiertos más tarde? Luego nos pasamos –le contestan sin pararse.

El propietario sonríe y acepta resignado la respuesta que muchos turistas le dan para quedar bien. Sin embargo, una hora más tarde suben las escaleras rojas que separan la playa del Coco Jambo. Simba les dice que tendrán que esperar un poco porque su producto es fresco. Sale del restaurante corriendo, enciende la moto y arranca al mercado a por el pescado. Hoy serán la única mesa para comer. “Antes esto estaba a rebosar”, se lamenta.

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Desde el inicio de la pandemia, la economía de una isla dedicada al turismo se ha resentido y son muchos los que han tenido que reconvertirse ante la falta de viajeros. Los más de 60.000 turistas que llegaron a la isla en febrero del año pasado pasaron a ser solo 197 tres meses más tarde, tras el estallido del coronavirus. Simba, que era turoperador y tenía el restaurante arrendado a un keniano, perdió tanto el alquiler como su trabajo. Sin ingresos y con una familia con cuatro hijas, se vio obligado a faenar como pescador, compitiendo con cientos de personas en la misma situación.

Sin embargo, su suerte cambió un poco. A final de verano de 2020, Simba llegó a un acuerdo para arrendar el terreno en el que se encuentra el Coco Jambo a Cosmina y Ovidiu Bernicu, una pareja rumana que llevaba una década viajando dos veces al año a Zanzíbar y a la cual la pandemia les animó a asentarse en la isla. Decidieron proponerle un trato: ellos le arrendaban el terreno diez años, construirían en él bungalows para alquiler vacacional y cuando acabase el contrato se los quedaría el propietario. “Es una concesión, al final todo será suyo y tendrá un mini resort”, asegura Ovidiu Bernicu.

La marea retrocede más de un kilómetro cada mañana en la costa este de Zanzíbar debido a la barrera de coral. Al atardecer sube y deja casi sin arena a la playa de Jambiani
La marea retrocede más de un kilómetro cada mañana en la costa este de Zanzíbar debido a la barrera de coral. Al atardecer sube y deja casi sin arena a la playa de JambianiLaura Llach

Simba ahora recibe el alquiler y se encarga de dar de comer a los que allí se alojan. Aun así, el día que más clientes tiene son tres parejas, dos franceses y una española. El sector poco a poco va resurgiendo, aunque este verano todavía han llegado menos de la mitad de turistas de los que llegaron antes de la pandemia. La vacunación contra el coronavirus en Europa ha vuelto a colocar al mercado europeo a la cabeza. De allí provienen tres de cada cuatro visitantes en 2021 y siete países europeos se encuentran entre los 10 con más llegadas. Francia lideró el mercado en julio de este año y España ocupó el noveno puesto con casi un millar de turistas.

El paraíso sin percepción de coronavirus

A pesar de estos datos, las autoridades europeas siguen desincentivando viajar a Zanzíbar por la incierta situación del coronavirus en Tanzania, país al que pertenece. Una preocupación que no tiene Simba: “Aquí no hay corona. Será porque rezamos mucho”. Sin embargo, durante el verano se han registrado 876 casos, más del doble de ellos en turistas, según fuentes conocedoras de los datos que no se publican con regularidad. Desde el inicio de la pandemia, el país apenas ha reportado 16.970 a la Unión Africana, la mayoría desde que empezó a compartir información en julio de 2021 tras un año sin enviar sus cifras a los organismos internacionales.

La langosta es el plato estrella del Coco Jambo junto a la Simba Burger. “Lleva de todo, pero la base es el pescado”, dice el dueño.
La langosta es el plato estrella del Coco Jambo junto a la Simba Burger. “Lleva de todo, pero la base es el pescado”, dice el dueño.David Soler

Aun así, la mayoría de los tanzanos comparten la visión de Simba. Por la calle no se ven mascarillas, la distancia social no existe y al preguntarles si piensan vacunarse dicen que no les hace falta. “Solo la gente que viaja al extranjero quiere ponérsela, el resto no lo ve necesario”, apunta Khatibu Suleiman, periodista del diario Habari Leo. “La gente todavía, a día de hoy, echa de menos la postura relajada de Magufuli con el coronavirus”, añade.

El expresidente de Tanzania, John Magufuli, negaba la existencia del coronavirus y aseguraba que era una guerra económica entre Occidente y China a la que arrastraban a los países pobres, que no se lo podían permitir. Tras dos meses iniciales de restricciones al comienzo de la pandemia, el mandatario levantó todas las medidas alegando que el Gobierno no podía alimentar a todo el país, y permitió la vuelta a la vida normal. “La industria del turismo le apoyaba porque mantuvo las fronteras abiertas y no impuso una cuarentena a la llegada”, comenta Issa Yussuf, corresponsal del Daily News tanzano en Zanzíbar.

En noviembre de 2020, en plena sequía de turistas, Rusia abrió una ruta hacia la isla. Moscú empezó a operar un vuelo por semana y, por primera vez desde el inicio de la pandemia, el sector turístico volvió a respirar. “Llegaron muchos rusos, fue como una invasión”, asegura Simba. Este alivio no duró mucho: en abril la ruta desapareció. Rusia suspendió todos los vuelos a Tanzania alegando el avance del coronavirus, tan solo semanas después de la muerte de Magufuli.

El presidente negacionista falleció tras presuntamente haber contraído covid-19, aunque la versión oficial alegó complicaciones derivadas del corazón. El relevo lo tomó su vicepresidenta, Samia Suluhu Hassan, quien revirtió la postura de su predecesor y comenzó a aceptar la realidad de la pandemia. Una decisión que no ha gustado a todo el mundo: “Hay gente que celebra el cambio, pero otros no están de acuerdo. Al final, las palabras de Magufuli calaron hondo en la sociedad”, señala Yussuf.

Detrás de la iniciativa de Mama Samia, apodo popular de la presidenta en el país, se esconde el interés por calmar a la comunidad internacional y reactivar la economía. “La imagen de Tanzania ha quedado muy deteriorada. Quien no haya visitado el país creería que es horrible y el Gobierno recibía quejas de empresarios y multinacionales”, asegura el periodista y médico Syriacus Bugazi. “El motivo principal del cambio no es la salud de las personas”, añade.

Una postura que comparte Yussuf: “La presidenta está teniendo cuidado, no quiere asustar a la gente ni dar la sensación de que se ha rendido a la presión internacional”. A finales de junio, Tanzania volvió a enviar datos de coronavirus a la Organización Mundial de la Salud tras más de un año sin hacerlo, pero aún así los resultados no se publican cada día o semana.

Samia Suluhu Hassan espera que su cambio de postura tranquilice a los países extranjeros y reactive el turismo. Mientras, el sector pone sus esperanzas en la llegada de más visitantes europeos, un mercado que Simba prefiere al ruso: “Ellos solo bebían y bebían, no comían, no me gustaban. Ibas al mercado y no quedaban ni cervezas”, ríe. “A ver si en Navidad viene mucha gente, que es temporada alta. Recomendadnos a vuestros amigos”.

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