Crece la obesidad infantil y juvenil en Latinoamérica

Unicef advierte que uno de cada tres niños y adolescentes latinoamericanos tienen sobrepeso y pide a sus países prevenir esta tendencia al alza desde los primeros años de vida. Argentina tiene las peores cifras, pero ninguno baja del 20% de prevalencia

Erick Samuel, de 18 meses, come albaricoques, en Guatemala.
Erick Samuel, de 18 meses, come albaricoques, en Guatemala.Unicef (© UNICEF/UN0373501/Billy/AFP-Se)

La obesidad y el sobrepeso en niños y adolescentes eran una epidemia antes de la covid-19. Pero lo que apenas preocupaba, ahora ya es una alarma para la salud pública en América Latina y el Caribe. Esta forma de malnutrición se ha propagado en toda la región durante las últimas tres décadas. Si en el año 1990, el 6,2% de los menores de cinco años tenían sobrepeso, tras el primer año de la pandemia esta condición llegó al 7,5%, superando la media en el mundo que ronda en 5,7%. La subida no es poca. Son 400.000 menores latinoamericanos más.

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“Este porcentaje llega hasta el 30% para quienes tienen entre 5 y 19 años, es decir, uno de cada tres a esa edad padecen sobrepeso”, advirtió Maaike Arts, asesora en Unicef sobre asuntos de salud y nutrición para la región, en el acto virtual de lanzamiento de la publicación El sobrepeso en la niñez: Un llamado para la prevención en América Latina y el Caribe. Las cifras más inquietantes se registran en niños y adolescentes del Cono Sur, encabezados por Argentina con una prevalencia del 36,4%. Le siguen Bahamas con 36%, Chile y México con 35,5% y Venezuela con 34%, según la data recogida en la plataforma científica NCD-RisC. “Pero lo realmente preocupante es que no haya ningún país de la región con una prevalencia de sobrepeso menor del 20% para este grupo etario”, alertó la experta.

La covid-19 ha empeorado el panorama. Con el cierre de escuelas más largo e ininterrumpido del mundo, en América Latina y el Caribe muchos menores de edad han dejado de acceder a programas de alimentación escolar y de tener espacios para actividad física. Lejos de prosperar, hasta ahora dos de cada tres niños aquí siguen sin pisar las aulas, según las últimas estimaciones de Unicef. Entre tanto, sus cuidadores han perdido sus empleos debido a la crisis, haciendo que comer sano sea más difícil.

Esa es una realidad para los niños del asentamiento humano Villa Victoria, en el distrito de Villa El Salvador al sur de Lima. A pesar de que aquí lo que más se ve es la desnutrición, también está el riesgo de sobrepeso infantil. “Nosotras tratamos de darles un almuerzo balanceado, si no hay carne, ni pollo, le echamos papa o huevo, pero hoy hasta eso cuesta caro”, comenta por teléfono Aida Gamarra, una de las fundadoras de la olla común Mujeres Unidas, que gracias a colectas y donaciones, alimenta a 130 personas desde hace un año. “Acá comer bien se ha vuelto un lujo. El pollo es casi una comida de ricos y la carne, peor. En lo que va de año hemos servido carne unas tres veces. Y eso nos duele, porque los niños tampoco comen en sus casas; a sus familias ya no les alcanza”.

En lo que va de año hemos servido carne unas tres veces. Los niños tampoco comen en sus casas; a sus familias ya no les alcanza
Aida Gamarra, una de las fundadoras de la olla común Mujeres Unidas

Entre las historias que pasan por la olla común, las fundadoras recuerdan la de un adolescente de 17 años que, por falta de recursos, solo merendaba galletas o patatas fritas. “Le explicamos que eso no le nutría, pero él nos decía: solo tengo 50 céntimos (0,10 euros). Él pasaba mucha hambre y tenía que llenar su barriga como sea”, recuerda Teresa Vega, otra de las fundadoras al otro lado de la línea. “Por eso aquí creamos una suerte de escuelita donde a niños como él les damos una lonchera (fiambrera) con una mazamorra de frutas, y si no tienen internet usan nuestros móviles para hacer las tareas”.

La obesidad no es solo cosa de uno

Para bajar el alza de la obesidad infantil en América Latina y el Caribe, Unicef se enfoca en la prevención desde los primeros años de vida, lo cual supone también la lactancia materna exclusiva. “El riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles, como la diabetes y el cáncer, aumenta con la edad. Pero cuando prevenimos en los primeros años de vida, este riesgo se reduce mucho”, sostuvo Arts en la videoconferencia, quien además recalcó que el sobrepeso implica un mayor riesgo de que los niños sufran secuelas graves en caso de contraer la covid-19.

Por otra parte, para hacer asequible una dieta saludable en todo el mundo, Unicef y la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya han solicitado en la Precumbre de Sistemas Alimentarios que se reduzca el precio de los alimentos nutritivos tales como huevos, lácteos, frutas, verduras y cereales integrales, y en cambio se suba el impuesto a los que no son saludables como las bebidas azucaradas y los ultraprocesados.

Esta es una de las medidas que entran en el “enfoque de sistemas” que defiende Unicef para acabar con la malnutrición infantil. “Debemos dejar la narrativa de que la obesidad es el resultado de acciones individuales, y cambiarla por una de sistemas”, explicó Arts. Se refiere a que más que culpar a una familia o a un niño por el sobrepeso, se deben considerar también aquellos factores de los sistemas alimentarios, como la producción y la comercialización, que afectan la dieta infantil. De ahí que las acciones del organismo incluyen la restricción de la publicidad nociva de alimentos dirigida a niños, el etiquetado frontal de productos con exceso de azúcar, grasas y sal, la promoción de la lactancia materna, hasta la regulación de los entornos escolares.

En las escuelas se asegura la alimentación de unos 85 millones niños de América Latina y el Caribe. La pandemia también los puso en riesgo

Por ejemplo, en Uruguay se abogó para que sea uno de los primeros países de América Latina con una ley de etiquetado frontal en alimentos envasados. Lo mismo está haciendo Argentina, el país con las peores cifras. Por otro lado, México aportó a un nuevo etiquetado que ya es considerado el mejor del mundo, en consulta con expertos de Chile, Perú y Uruguay. Para su éxito, ha incluido lineamientos a fin de que las escuelas públicas del país se adapten al nuevo rotulado y, por ende, restrinjan la distribución de dichos productos.

En particular, en las escuelas se asegura la alimentación de unos 85 millones niños de América Latina y el Caribe, de acuerdo con un comunicado de la Organización para la Agricultura y Alimentación (FAO). Por esta razón, Unicef ha instado a recuperar los programas de alimentación escolar y a la reapertura “cuanto antes” de las escuelas, algo que viene apoyando con directrices de prevención del contagio para gobiernos, material educativo y de higiene, y apoyo psicosocial a estudiantes y profesores.

Para Fabio Da Silva, asesor de nutrición y actividad física de la Organización Panamericana de Salud (OPS/OMS), los colegios también son espacios elementales donde incentivar el consumo de alimentos más sanos. “Es importante que haya actividades como clases de cocina o huertos escolares que hagan que se enamoren de la comida de verdad”, indicó el experto en la presentación del estudio. “Pero si promovemos esta demanda, también debemos frenar el sabotaje de algunas industrias al derecho de la alimentación adecuada. Si no estamos cumpliendo con proteger este derecho, tampoco estaremos garantizando el derecho a la niñez y a la salud. Todos estos derechos son indivisibles e interdependientes”.

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