Atención a Afganistán y equidad mundial de las vacunas: los dos retos para la infancia en 2022

Unicef necesita más de 8.300 millones de euros para llegar a más de 177 millones de niños afectados por crisis humanitarias y para consolidar el Acelerador del Acceso a las Herramientas contra la covid-19 (ACT-A). Es la mayor petición de fondos de emergencia en su historia

Zakia, de un mes y medioy con desnutrición aguda grave con complicaciones, está siendo alimentada por su madre con leche terapéutica en el Centro de Alimentación Terapéutica del Hospital Regional de Herat, en Irak.
Zakia, de un mes y medioy con desnutrición aguda grave con complicaciones, está siendo alimentada por su madre con leche terapéutica en el Centro de Alimentación Terapéutica del Hospital Regional de Herat, en Irak.UNICEF/Bidel

Desde que Estados Unidos anunciase la retirada de sus tropas en Afganistán, el pasado mes de abril, las alertas saltaron en todos los organismos internacionales. La vuelta al poder de los talibanes, tras más de 20 años, suponía un claro revés para los avances en género, desigualdad, educación y, en definitiva, para el progreso de los derechos de las mujeres y de la infancia, especialmente de las niñas.

La población afgana, sumida en la pobreza, un profundo caos y el colapso sanitario, contempla cómo 13 millones de niños necesitan ayuda humanitaria urgente y un millón de ellos se enfrenta a la desnutrición aguda grave. “Será difícil cubrir las necesidades a tiempo si los donantes ponen condiciones demasiado estrictas”, advertía ya en septiembre David Hervé Ludovic de Lys, representante de Unicef en Afganistán, que alertaba de la situación crítica que viviría el país en los próximos seis meses, acompañada de la llegada del invierno.

Para tratar de paliar esta crisis, Unicef ha lanzado este martes el mayor llamamiento de fondos para Afganistán que se ha hecho en toda su historia para un solo país: 1.771 millones de euros. Y lo hace el mismo día que anuncia la llamada Acción Humanitaria para la Infancia 2022, la petición anual de financiación para cubrir las necesidades que surgen en las emergencias en todo el mundo en las que este organismo de la ONU en defensa de la infancia trabaja. “Millones de niños sufren los efectos de los conflictos, los fenómenos meteorológicos extremos y la crisis climática”, ha recordado en su presentación la directora ejecutiva de Unicef, Henrietta Fore.

Unicef lanza el mayor llamamiento de fondos para Afganistán que se ha hecho en toda su historia para un solo país: 1.771 millones de euros

Se trata esta de una recaudación que, por tercer año consecutivo, se quiere convertir en la más ambiciosa: 8.326 millones de euros para llegar a más de 327 millones de personas, incluidos 177 millones de menores de edad afectados por crisis humanitarias y por la covid-19 en el mundo. “Cuando van a cumplirse dos años desde el inicio de la pandemia, la situación de estos niños y niñas está empeorando por las economías que se tambalean, el crecimiento de la pobreza y el aumento de la desigualdad. Como siempre, aquellos que ya están inmersos en crisis son los más afectados y necesitan ayuda urgente”, ha añadido Fore.

Se destinarán 826 millones de euros al Acelerador del Acceso a las Herramienrtas contra la covid-19 (ACT-A)

El fondo de este llamamiento para afrontar 2022 es un 31% más alto que el que ya se realizó el pasado año, ya que las necesidades humanitarias siguen aumentando, según advierte Unicef en el mismo informe. El cambio climático es una de las razones que está agravando la escala y la intensidad de las emergencias, pues el número de desastres relacionados con el clima se ha triplicado en los últimos 30 años. Hoy en día, más de 400 millones de niños y niñas viven en áreas de alta o extremadamente alta vulnerabilidad de las fuentes de agua.

Además de a la profunda crisis que vive Afganistán, el mundo asiste a la falta de equidad en cuanto al reparto de vacunas entre el Norte y el Sur global, a lo que se suma la nueva amenaza con la variante ómicron dos años después del inicio de la pandemia.

Para tratar de hacer frente a esta desigualdad, 826 millones de euros irán destinados al Acelerador del Acceso a las Herramientas contra la covid-19 (ACT-A, en sus siglas en inglés), una alianza filantrópica que nació en marzo de 2020, para hacer un esfuerzo global para el desarrollo, la producción y el acceso equitativo a las pruebas, tratamientos y vacunas contra la covid-19, de la que depende también la plataforma Covax. “A medida que la pandemia sigue lastrando la educación, la salud, la nutrición y el bienestar de los niños y niñas, hace falta ayuda urgente para proporcionar herramientas que ayuden a controlarla”, resalta el informe.

Además de a estos dos grandes retos, a los refugiados de Siria, país que sigue sumido en una guerra que va a cumplir 11 años, se destinarán 805 millones de euros y para Yemen, otra de las grandes crisis olvidadas, se quiere dar una amplia respuesta con casi 429 millones de euros.

A estas tragedias cronificadas se unen algunas nuevas, como es la guerra que sufre Etiopía, donde 15,6 millones de menores de edad necesitan ayuda humanitaria y los combates han desplazado a cientos de miles de ellos en el norte. Serán necesarios casi 311 millones de euros para seguir salvando vidas en el país africano.

La migración, el otro gran reto en América Latina y el Caribe

El número de infantes afectados por la migración en América Latina y el Caribe podría alcanzar la cifra de 3,5 millones en 2022, un 47% más en comparación con el año pasado. “Nunca antes se había visto un número tan elevado”, ha alertado Jean Gough, directora regional de Unicef para la región. “Las familias llevan a sus hijos pequeños, a veces bebés, durante miles de kilómetros, cruzando casi todo el continente, en busca de una vida mejor. Durante más de un año, la covid-19 y los estrictos encierros los arrastraron aún más a la pobreza y no les dejaron otra opción que emigrar. Muchos de ellos están solos durante el viaje y corren el riesgo de estar expuestos a la trata, la explotación, el secuestro, la violencia e incluso la muerte”.

Una niña espera en el puerto de Necoclí (Antioquia, noreste de Colombia) para cruzar hacia la selva de Darién.
Una niña espera en el puerto de Necoclí (Antioquia, noreste de Colombia) para cruzar hacia la selva de Darién.Mendez | Unicef

Además de Venezuela, que se añadió como una emergencia humanitaria en la lista para Unicef en 2019, el paso de la selva del Darién, que se extiende entre Colombia y Panamá, también pasa a ser una prioridad: casi 30.000 niños, niñas y adolescentes, de los cuales tres de cada cuatro no han cumplido los cinco años, han sobrevivido al traicionero viaje a través de la jungla. El número de menores de edad que cruzó este paso fronterizo en 2021 es mayor que el de los cuatro años anteriores juntos. “Un flujo tan grande no es una cuestión transfronteriza entre dos países; es un problema continental que requiere una solución continental”, ha expresado Gough.

Para abordar las necesidades de la infancia migrante, además de para otros programas de asistencia contra la violencia, la pobreza y el impacto socioeconómico de la pandemia en la región, se buscan urgentemente 667 millones de euros que paliarían la situación de 14 millones de personas.

El coste económico y social del cierre de las escuelas

Además de fondos, uno de los últimos llamamientos que ha hecho Unicef, junto al Banco Mundial y Unesco, es la necesidad de abrir de nuevo los colegios como antes de la pandemia por el coste económico y social que producirá este cierre prolongado en las futuras generaciones.

Según el informe El estado de la crisis mundial de la educación: Un camino hacia la recuperación, publicado este lunes por las tres organizaciones, la generación de estudiantes que ha sufrido los estragos de la covid-19 se arriesga ahora a perder el 14% del PIB mundial actual –15.130 millones de euros–, como resultado del cierre de las escuelas. La nueva proyección de este estudio revela que el impacto es más grave de lo que se pensaba, y supera con creces las estimaciones de los casi 8.900 millones de euros que se preveía en 2020.

Además, estos cálculos revelan que en los países de ingresos bajos y medios, la proporción de niños que viven en situación de pobreza de aprendizaje –que ya era del 53% antes– podría llegar al 70% debido a los largos cierres de los centros educativos y a la ineficacia de la enseñanza a distancia para garantizar la plena continuidad del aprendizaje. “Ahora, 21 meses después, las escuelas permanecen cerradas para millones de niños, y es posible que otros nunca vuelvan a las aulas. La pérdida de aprendizaje que están experimentando muchos es moralmente inaceptable. Y el posible aumento de la pobreza educativa podría tener un impacto devastador en la productividad, los ingresos y el bienestar futuros de esta generación de estudiantes, de sus familias y de las economías del mundo”, lamenta Jaime Saavedra, director mundial de Educación del Banco Mundial.

Ágata Melo, de ocho años, realiza actividades escolares en su casa de Vigia, en el norteño estado brasileño de Pará, en la región amazónica.
Ágata Melo, de ocho años, realiza actividades escolares en su casa de Vigia, en el norteño estado brasileño de Pará, en la región amazónica.Luiz Marques / Unicef

El análisis muestra que en algunos países, las pérdidas de aprendizaje son aproximadamente proporcionales a la duración de los cierres. Sin embargo, existe una gran heterogeneidad entre los países y según la materia, el estatus socioeconómico de los estudiantes y el género. Por ejemplo, los datos regionales de Brasil, Pakistán, la India, Sudáfrica y México, entre otros, muestran retrocesos sustanciales en matemáticas y lectura. Además, el mismo experimento revela que afectaron de forma desproporcionada a los alumnos más jóvenes, a los de bajos ingresos y a las chicas. Todo eso, sumado a la brecha digital que sufren más de 200 millones de estudiantes que viven en países de ingresos medios y bajos que no están preparados para seguir su educación a distancia. “Debemos hacer de los niños y los jóvenes una verdadera prioridad en medio de todas las demás exigencias de la respuesta a la pandemia. Su futuro y nuestro futuro colectivo depende de ello”, ha subrayado Stefania Giannini, subdirectora general de Educación de la Unesco.

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Sobre la firma

Belén Hernández

Redactora de Estilo de Vida, ha desarrollado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS, donde escribe sobre cultura y tendencias, pero también sobre infancia, medio ambiente y pobreza en países en desarrollo. Antes trabajó en El Mundo y Granada Hoy. Es granadina, licenciada en Periodismo por la Universidad de Málaga y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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