Jóvenes ‘influencers’ climáticas que venden conciencia en lugar de productos

Una modelo indígena que pisó la alfombra roja de Venecia, una afrobrasileña de Fridays for Future y una activista que lucha contra los haters de Bolsonaro tratan de alterar la agenda política desde las redes

La influencer y activista brasileña, Sônia Guajajara en un acto de denuncia de los asesinatos de indígenas en Brasil, en la Avenida Paulista de São Paulo, en Brasil.
La influencer y activista brasileña, Sônia Guajajara en un acto de denuncia de los asesinatos de indígenas en Brasil, en la Avenida Paulista de São Paulo, en Brasil.Nicola Zolin
Texto: Paloma Dupont de Dinechin Fotografía: Nicola Zolin

“Somos la última generación que puede salvar el planeta”, publica Zaya, de 21 años, a los 31.700 seguidores de su cuenta de Instagram. Activista y modelo, utiliza su imagen para defender a los que ella llama “los guardianes de la naturaleza”. A diferencia de las influencers tradicionales, Zaya no utiliza su red social para vender productos. Sus publicaciones, en cambio, las dedica a apoyar el medio ambiente. Ella lo tiene claro: “Las redes sociales, mi fama, mi belleza, todo lo que tengo, tengo que utilizarlo para dar visibilidad a mi pueblo que está cada vez más en peligro y a la Amazonía”. Y continúa: “Nuestros territorios no están a la venta. El planeta no tiene suficientes recursos para que sigamos viviendo como si no hubiera un mañana”. Aunque sigue una carrera internacional y en 2020 fundó el primer colectivo latinoamericano que incluye a la comunidad indígena en el mundo de la moda, Zaya no deja de enfrentarse a esta industria, “la segunda más contaminante del planeta”.

Una modelo en Venecia

Símbolo de esta juventud que conquista espacios antes inaccesibles, Zaya fue la primera modelo indígena que pisó la alfombra roja del Festival de Cine de Venecia en septiembre, su objetivo era acompañar durante la proyección de la película The Territory, distribuida por National Geographic. “Es muy importante para mí participar en eventos como este, porque otras niñas indígenas se identificarán conmigo y pensarán que todo es posible, que pueden creer en sus sueños”, dice en Venecia.

La activista indígena y primera modelo regular de la Amazonía, Zaya, en las calles de Venecia tras su participación en el Festival de Cine de Venecia para la proyección de la película "El Territorio".
La activista indígena y primera modelo regular de la Amazonía, Zaya, en las calles de Venecia tras su participación en el Festival de Cine de Venecia para la proyección de la película "El Territorio".Nicola Zolin

Su madre y su abuela huyeron de la tala forestal controlada por los fazendeiros, los grandes terratenientes. Su abuela se refugió en un pequeño pueblo aislado del estado de Rondônia. La joven se marchó a los 16 años a la conquista de las ciudades: “Tengo una cultura diferente, una lengua diferente, pero creo que mi papel es estar en la ciudad. Hacer contactos, difundir lo que vive mi comunidad y ayudarla de esta manera”.

En las redes, Zaya habla de sus raíces y documenta los ataques a los pueblos indígenas. Comparte regularmente las publicaciones de las que llama “sus hermanas” que, desde todo Brasil, denuncian las expropiaciones forzosas que sufren sus comunidades. Como la mayoría de los activistas indígenas, Zaya apoya al presidente electo Lula da Silva como una opción pragmática. “Era el único que podía vencer a Bolsonaro, y le da esperanza a nuestros pueblos y líderes indígenas”.

Jahzara, de la favela a la COP27

Jahzara, una afrobrasileña de 18 años, forma parte también de los jóvenes que se sienten invisibilizados. Creció en la favela Pantanal de São Paulo y su padre trabaja en una fábrica textil, mientras su madre trabaja en la limpieza. Su compromiso con el medio ambiente proviene de su infancia. Jahzara recuerda los sofás perdidos durante las fuertes lluvias, su nevera inundada varias veces, irrecuperable. Ella lo llama “racismo ambiental”.

“Cuanto más vulnerables somos, más nos afecta. Cuando hay inundaciones, no son los ricos los que sufren, somos nosotros los que estamos en primera línea. No es el futuro lo que nos asusta, sino el presente”. Jahzara publica post sobre la crisis climática desde cuenta de Instagram jahzara_ona y sigue a un amplio abanico de influencers inspiradoras. “Necesito ver a mujeres que comparten mi lucha”. Con un vestido verde claro con los colores de su compromiso, acudió a la COP27, a la que fue invitada a participar en Egipto por la delegación brasileña de Fridays For Future, el movimiento de Greta Thunberg, del cual es miembro activo.

Jazhara, quien a duras penas consiguió financiar su viaje para la COP27 desde el comité brasileño, está muy esperanzada: “Estoy extremadamente feliz de estar presente en la COP27 para representar la juventud negra, pero a la vez solo una persona de diez representando al comité brasileño es negra o indígena y eso es muy poco porque son las personas más vulnerables al cambio climático en Brasil”. Aun así, la joven tiene fe que “medidas efectivas que sean tomadas y no promesas vacías”. Y anuncia: “Vamos a presionar para eso en nuestras redes y estando aquí para proteger la Amazonia y las personas más vulnerables al cambio climático en Brasil.”

Expuestas a los haters

Raquel Yarikazu es una activista indígena de 22 años con 31.000 seguidores en su cuenta de Instagram, publica noticias relacionadas con los pueblos indígenas porque considera que son invisibles en los medios de comunicación brasileños. Cree que la violencia que sufren está normalizada. Pero su activismo no ha sido fácil. En su cuenta, tiene que lidiar con los haters, esos individuos que, protegidos por el anonimato, vierten su odio en las redes sociales. “Como mujer, y además indígena, estamos especialmente expuestas a esto. Durante el mandato de Bolsonaro, algunas personas se sintieron libres de difundir su violencia”, dice la influencer. En Belém, Yarikazu sigue siendo cautelosa y no lleva sus accesorios a diario. “Me gusta pasear con mi cara pintada, pero no me siento segura porque sé que en la calle puedo ser objetivo de racistas y de violencia. Es difícil sentirse extranjera en tu propio país [...] En la universidad, en cambio, no me escondo, voy con la cabeza alta”, comenta. Este clima de tensión no le impide publicar incansablemente fotografías y videos, con el rostro enmarcado por un cocar, un tocado de plumas.

“Es como si todos fuéramos una familia, luchando por nuestros territorios y la supervivencia de las generaciones futuras”, dice Xipaya. Cuando era niña, su padre la llevaba a las protestas contra el proyecto de la presa hidroeléctrica de Belo Monte en el río Xingú, junto a su pueblo, en el estado de Pará. “La presa cambió la vida de mi familia. Los peces empezaron a escasear en el río; la gente tuvo que trasladarse a otro lugar”. Desde entonces, el pueblo se ha inundado.

Un usuario visita la cuenta de Instagram de Raquel Yarikazu, influencer y activista popular Xipaya, en noviembre de 2022.
Un usuario visita la cuenta de Instagram de Raquel Yarikazu, influencer y activista popular Xipaya, en noviembre de 2022.Nicola Zolin

La valoración de Yarikazu sobre Lula es más reservada: “Lula tiene una deuda histórica con el pueblo de xingú; es por él que se aprobó el proyecto de presa de Belo Monte. Nunca podrá pagar su deuda con nuestro pueblo”, insiste la influencer. Sin embargo, sigue convencida de que es el mal menor para Brasil. Para ella, lo principal era “sacar a Bolsonaro del poder”. Durante el mandato de Jair Bolsonaro, la explotación de la Amazonía se disparó, con un 75,6% más de deforestación, ayudada por los recortes en los presupuestos de los organismos de control y las agencias medioambientales, según Greenpeace.

De niña, la madre de Yarikazu fue expulsada de su pueblo. “Algunas personas vinieron con títulos de propiedad y le dijeron a mi familia que los iban a desalojar”, dice por teléfono. “Entonces comprendí lo importante que es conocer las leyes”, añade. Para ayudar a su pueblo, Yarikazu, además de su compromiso social, eligió estudiar Derecho en Belém, a 500 kilómetros de su ciudad natal, Altamira, donde no hay universidad.

Esperanza

Los tres jóvenes también apoyan a sus mayores, las mujeres indígenas y afrobrasileñas, que decidieron hacerse un hueco en la política en torno al grupo A bancada do cocar. Sônia Guajajara, líder indígena considerada una de las 100 personas más influentes del mundo por la revista Time en 2022, fue elegida diputada federal en São Paulo. El 30 de octubre tomó su Instagram para decir: “Llegó la esperanza, hemos vencido el odio, la rabia, el miedo”. Un vídeo que los influencers volvieron a publicar inmediatamente.

Guajajara, de 48 años, fue la segunda mujer indígena de la historia en ingresar a la Cámara de Diputados. “Sônia es un ejemplo para las mujeres indígenas. Ahora está metida de lleno en la política y creo que es una oportunidad para que tengamos más representatividad”, afirma Zaya con entusiasmo desde París. Sônia siente una gran admiración por estos jóvenes y busca crear instituciones que los unan, como la red Anmiga. “Mi objetivo es crear el camino para que otras mujeres de la diversidad lleguen a puestos claves”. Yazhara, Yarikazu y Zaya tienen ahora la esperanza de que mujeres indígenas y afrobrasileñas integren el gabinete de Lula.

Sônia Guajajara en un acto de denuncia de los asesinatos de indígenas en Brasil, en la Avenida Paulista de São Paulo, ciudad donde se postula para diputada federal.
Sônia Guajajara en un acto de denuncia de los asesinatos de indígenas en Brasil, en la Avenida Paulista de São Paulo, ciudad donde se postula para diputada federal.Nicola Zolin

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